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EL CEIBO

ceibo
ICONO y SIMBOLO DE ESTAS CUARTAS JORNADAS

DE
ECONOMÍA ECOLÓGICA

Flor Nacional de Argentina y Uruguay

 
La Flor
nacional de la Argentina y el Uruguay es el ceibo, cuyo nombre científico es Erythrina crista-galli.
En la Argentina, el 23 de diciembre de 1942 mediante el decreto 13.847 del Poder Ejecutivo fue declarada como tal. Al ceibo también se lo conoce por los nombres de seibo, seíbo, gallito o bucaré. También es la flor nacional del Uruguay.

Motivos de la designación en Argentina. Para designar a la flor nacional el Ministerio de Agricultura designó una comisión especial que propuso al ceibo como flor nacional. Entre otros considerandos, el decreto 13.847 resalta como motivos de la elección:

El Ceibo
es un árbol típico del monte ribereño,  característico de las sabanas inundables del sur de América y  de la ecorregión Delta e Islas del Paraná.
Esta región inundable, alimentada por los ríos Paraná y Uruguay está definida por un clima subtropical y una región rica en flora y fauna.  Los impactos ambientales que afectan su estabilidad tiene relación con la expansion de represas hidroeléctricas, el calado del río (en particular el Paraná para la salida de buques de ultramar que se llevan granos, petróleo y minerales), la expansión agrícola y urbana, la caza y la pesca industrial y la polución y contaminación ambiental.
foto ceibo El paisaje de la región se representa en islas bajas inundables y extensas costas de tierras bajas.  La presencia permanente de cuerpos de agua cre un clima de alta humedad y mitigación de temperaturas extremas lo que facilita la presencia de comunidades y especies tipicas de los climas subtropicales y su migración por los cursos de agua hasta el Rio de la Plata.
La vegetación de la región consiste en masas forestales y arbustivas junto pastizales y comunidades hidrofílicas y acuáticas a la vera de los ríos y canales.
Los árboles típicos de la región son por ejemplo el Salix humboldtiana (sauce criollo o sauce colorado), Tessaria intergrifolia (aliso), Erythrina crista-galli (ceibo). Las comunidades acuáticas incluyen a los camalotes, de los géneros Eichhornia y Reussia, el irupé (Victoria cruziana), el pirí (Cyperus giganteus) y las totoras (Typha latifolia y Typha cruziana) y el destacado cucharero (Pontederia lanceolata) (Cabrera 1976).
La diversidad de la región ribereña es destacada por numerosos autores y foco y necesidad de protección frente a las amenazas antrópicas. En la reserva Otamendi, al norte de nuestra Universidad sobre la ruta 9, junto al río se extiende el monte ribereño con vistosos ceibos, que en primavera lucen sus flores rojas, sauces criollos y canelones. Allí viven aves como la choca corona rojiza, la pava de monte y el boyero negro, que construye un nido colgante con fibras vegetales.
En las áreas aledañas, los pajonales forman manchones de juncos, totoras, pajas bravas y espadaña, entre otras hierbas de gran tamaño. En los espejos de agua flotan innumerables repollitos de agua junto a otras plantas sumergidas, hábitat de la tararira y el sábalo; de aves acuáticas como la gallareta, patos y cisnes; y de anfibios como la rana criolla. En este ambiente, también se desarrollan el carpincho y el ciervo de los pantanos, entre otros animales. Pueden observarse el junquero, el siete colores, el federal de plumaje negro y capuchón rojo, además de varias especies de gallinetas y burritos.
Sobre el valle del río Luján se encuentran pastizales salobres de pelo de chancho con matas de hunquillos donde anidan el espartillero enano y el pampeano. Los bosques de tala crecen en la antigua barranca del Paraná y albergan a la comadreja overa y pájaros como la tacuarita azul y el chinchero chico. En dirección oeste, por encima de este despeñadero, se preserva una pequeña área de pastizal pampeano típico de la pampa ondulada. En este sector predominan los pastos como las flechillas y las colas de zorro, además de algunos arbustos bajos. Durante la primavera es común divisar al misto, llamativo por su canto y el vuelo que realiza.  



La leyenda La tradición oral cuenta con una la leyenda que en las orillas del Paraná vivía una indiecita “fea”, de rasgos toscos, llamada Anahí.

Aunque era fea, en las tardes veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños...
Pero llegaron los invasores, esos valientes, atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad.
Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.
El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien al rato, fue alcanzada por los conquistadores.
Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera.
La ataron a un árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado.
Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.
Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.

imagen ceibo