Desde los comienzos de la historia del ser humano, éste miró hacia el cielo nocturno para ubicarse, llevar cuenta del tiempo, decidir en qué momento sembrar o cuándo cosechar. Desde hace miles y miles de años las estrellas acompañan a las distintas culturas y con esta convivencia se forjaron dibujos en los que los dioses, la mitología y los animales del cotidiano se cruzaron una y otra vez.

Una duda inicial nos lleva a preguntar: ¿cómo distinguir un punto brillante de otro?, ¿cómo unirlos para dar cuenta de una constelación? A lo largo de la historia distintos pueblos encontraron en el firmamento la explicación de su presente, la aparición de sus seres intocables, la presentación de la propia suerte acuñada en las estrellas.

Con el título “Más allá de las estrellas”, el lunes 26 de mayo se realizará una nueva edición del ciclo “mateadas científica”, que se desarrolla regularmente en el Centro Cultural de la Universidad. En esta oportunidad, la docente Julieta Matteuci, intentará mostrar esta relación entre mitología y ciencia, tradiciones y matemáticas. Será a las 16:30, en el aula 7 del CCUNGS, con entrada gratuita. Para más información: 4451-7924/5 o imaginario@ungs.edu.ar.

Puntos brillantes
Por Julieta Matteucci

(nota publicada en la Cultural – mayo2014)

La mayoría de nosotros, cuando mira al cielo, sólo ve un mundo de puntitos que, lamentablemente, cada vez son menos, y de los que normalmente sólo reconocemos tres: “las tres Marías”. Es probable que alguna vez hayan oído algo sobre “el cinturón de Orión”, y no me refiero a dónde está escondida la galaxia en la película Hombres de Negro, sino al cinturón del señor Orión. No: tampoco hablo del arquero de Boca. Orión es la más espléndida de las constelaciones y corresponde a un personaje que, según el mito, era el más alto y apuesto de los hombres. Hijo de Poseidón, el dios del mar, y Euríale, hija del rey Minos, de Creta. Orión habría nacido después de que los cazadores más fuertes y poderosos orinaran sobre el cuero de un buey que acababan de comer (de ahí el nombre de Orión, de orín). Poseidón dio a Orión el poder de caminar sobre el agua, poder que lo llevó a recorrer grandes distancias y a meterse en grandes problemas. Homero, en la Odisea, describe a Orión como un gigante cazador, armado con un mazo inquebrantable de bronce macizo. Orión se jactaba de ser el mayor de los cazadores y el hombre más apuesto. Declaró que no existía ningún animal que él no pudiera matar y ninguna mujer que no pudiera tener.
Las Pléyades eran siete hermanas, hijas del titán Atlas y de la ninfa marina Pléyone. Fueron, además, las ninfas del cortejo de Artemisa (la diosa de la caza), y, como ella, intentaban mantener su pureza. La historia cuenta que Orión se enamoró de las Pléyades y las perseguía (sí, a las siete) con intención amorosa. Zeus, enojado, le arrebató el grupo y las colocó entre las estrellas, donde Orión todavía las persigue, por el cielo, cada noche. Orión intentó violar, entonces, a la virgen Artemisa, quien hizo que la tierra se abriera, para sacar a la luz al escorpión, el único capaz que matar a Orión. Así, el presuntuoso Orión fue vencido por la picadura de un pequeño escorpión. Pero, por haber sido tan buen cazador, fue colocado en el cielo como una constelación. El escorpión también recibió su premio de inmortalidad y tuvo su lugar en el cielo, pero del lado opuesto, por lo que cada vez que Escorpio sale por el este, Orión huye por debajo del horizonte: todavía teme la venenosa picadura del escorpión. Por lo demás, los perros de los cazadores (las constelaciones del Can Mayor y el Can Menor) lo siguen de cerca, mientras él sigue cazando eternamente al lobo (la constelación de Lupus) y al toro (la de Tauro) y persiguiendo a las siete hermanas. Junto a los pies de Orión nace la constelación de Eridanus, el río, que le permite saciar su sed. Nada mal, ¿no?.

Comparte este artículo