No hay palabra que contenga su humanidad, no hay palabra que contenga el dolor de su ausencia. Así de luminosa, así de necesaria…imprescindible.

Quienes tuvimos el privilegio de compartir su historia, quienes tuvimos el privilegio de estar cerca de ella, desde lo diáfano de su vida, que nos enseñara el valor de su inclaudicable militancia, hasta su último suspiro, intentamos reponernos del dolor y recuperar la inmensidad de su figura, en momentos en los que, homenajes, fotos, los intentos de despedida y anécdotas, se multiplican en palabras que llegan en distintos idiomas, desde distintos lugares del mundo y desde todos los rincones de un país que Stella caminara palmo a palmo.

Deja una brecha imposible de llenar, en todas las dimensiones; en lo personal, en lo sindical, en lo político y en lo pedagógico, en lo intelectual y en lo afectivo. Stella Maldonado fue una espada en los debates intelectuales, pedagógicos y políticos que se daban en nuestra Ctera, en la CTA y en la Internacional de la Educación de la cual formaba parte como miembro de su Comité Ejecutivo. Fue una de esas militantes integrales en las que se conjuga la rara virtud de la acción y las ideas. Stella fue clave en la gestación de la Ley Nacional de Educación que le permitió al gremio de los docentes saldar las cuentas con el neoliberalismo al derogar la Ley Federal de Educación.

Vivió austera, despojada de lo material, su tesoro eran los libros, la música, sus banderas y sus amores. Su militancia abarcó los derechos humanos –era miembro del CELS–, la acción sindical educativa y los temas relacionados con la justicia social. Se caracterizó por la firmeza y coherencia de sus posiciones sin dejar nunca la ternura que la pintaba como una mujer con una condición humana incomparable.

Fue fundamental en la constitución del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de la Provincia de Buenos Aires (Suteba) en los años ’80. En los ’90 participó activamente en la resistencia al modelo neoliberal, siendo ayunante en la Carpa Blanca que Ctera instaló frente al Congreso de la Nación por 1003 días.

No hay militante que no llore su ausencia, por eso no fue extraño ver a muchos jóvenes en su despedida: Stella le daba una importancia fundamental a la juventud, a su participación, al debate. Era una joven entre los jóvenes que la respetaban y la querían como una referente.

Stella Maldonado estará siempre en la memoria de las trabajadoras y trabajadores de la educación, en los organismos de derechos humanos, en los jóvenes, en aquellos que día a día construyen un mundo mejor.

Nosotros, sus amigos, sus compañeros de ruta en SUTEBA, la Ctera y de la CTA vamos a extrañar su palabra clara y profunda, su muestra de afecto, su abrazo oportuno. Pero al mismo tiempo, va a seguir presente en nosotros, porque sus aportes –como sucedió con otros grandes militantes del movimiento obrero– continuarán iluminando el devenir de nuestras luchas. Por eso repetiremos una y otra vez ¡Stella Maldonado, presente!

SUTEBA – Agrupación Celeste. Gral Sarmiento

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