Un barrio intercultural sustentable como solución a la falta de viviendas; el rol del Estado en materia de ecología; un reclamo histórico de las comunidades mapuches por la restitución de sus tierras y los estigmas que aún recaen sobre ellas; una lucha surgida desde el más profundo dolor por el acceso público a la costa de los arroyos, lagos y ríos; la convivencia entre mapuches y “huincas” –no mapuches-; la fuerza de una ciudad por la preservación de sus invaluables y fascinantes recursos naturales contra los intereses del mercado y el poder económico. Realidades más o menos alentadoras que en el día a día se alternan, intercalan y que al vivirlas se las conoce de cerca, se agudiza la mirada.

Hacia el espacio donde estas problemáticas se despliegan -San Martín de los Andes, provincia de Neuquén-, viajó un grupo de estudiantes y profesores de la licenciatura en Ecología de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Allí trabajaron sobre dos temáticas puntuales: un proyecto de carácter elitista y con impacto ambiental para la construcción de una marina en la costa del lago Lacar y una solución habitacional inédita y sustentable en el Parque Nacional Lanín, que integra a mapuches con miembros de una organización local.

El grupo de nueve estudiantes llevo adelante la travesía junto a los investigadores docentes Francisco Suárez, a cargo de la materia Sociedad, Cultura y Ambiente, y Carlos Ruggerio, quien dicta el Taller de Evaluación de Impacto Ambiental. En una ciudad deslumbrante por su belleza natural, convivieron con los pobladores, recabaron información de difícil acceso, realizaron entrevistas y observaciones, conocieron historias –algunas de ellas profundamente movilizantes-, intercambiaron conocimientos e incluso llevaron adelante un taller. Volvieron colmados de datos y experiencias y con un desafío planteado desde el barrio intercultural: que les elaboren un programa de gestión de residuos. “Fue una experiencia muy linda, ya el hecho de salir de Buenos Aires es como todo diferente, pero no fui con ninguna expectativa porque quería sorprenderme con lo que iba a descubrir”, cuenta a Noticias UNGS Erica Godoy, una de las estudiantes que formó parte del equipo.

Uno de esos descubrimientos fue el barrio intercultural “Comunidad de cambio”. La historia de este lugar está vinculada a la restitución de tierras de las comunidades mapuches y también a la emergencia habitacional que hay en la zona. A través de la Ley Nacional 26.725, la comunidad Curruhuinca consiguió la restitución de 400 hectáreas en el Parque Nacional Lanín, a 10 kilómetros de la ciudad, que estaban en manos del Ejército. De esas 400, 77 hectáreas fueron destinadas a la construcción del barrio intercultural, que comenzaron a poner en pie junto a “Vecinos sin Techo”, asociación civil que lucha por el acceso a una vivienda digna para sectores sociales bajos y medios de San Martín de los Andes. Hoy hay 50 viviendas construidas y habitadas, pero proyectan alcanzar las 250. Los mapuches son uno de los pueblos originarios más activos y que más se movilizaron para la restitución de tierras, muchas veces con saldos terribles. Un ejemplo reciente: a principios de 2017, la comunidad Cushamen en Chubut fue reprimida en forma violenta por el Gobierno provincial y nacional en el marco de un reclamo por tierras ancestrales en manos de la empresa trasnacional Benetton. Suárez recalca además la cuestión de la estigmatización sobre el pueblo mapuche, que en la actualidad persiste: “Algunos les dicen que son chilenos y se indignan porque piden tierras en Argentina, pero cuando se habla de los pueblos originarios se tiene que hablar de la preexistencia al Estado Nacional”.

“Comunidad de cambio” es un proyecto único en el país que tiene una perspectiva de construcción sustentable: cuentan con estufas -un prototipo que hizo el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI)- que hacen más eficiente el uso de la leña, energía solar, baño seco (sin utilizar agua) y una huerta colectiva. “A todos nos sorprendió porque una cosa es verlo en los papeles y otra es ver cómo eso está funcionando, las expectativas de los que están viviendo ahí, eso es como para vivirlo”, se entusiasma Francisco. El grupo de la UNGS fue recibido por los impulsores del barrio y se hospedó ahí durante el tiempo que duró el viaje. Fue en ese día a día que notaron la complejidad de la convivencia. “Si bien es un proyecto original por esta asociación entre mapuches y miembros de una organización social –explica Francisco-, adentro del barrio observamos una clara división de manzanas entre las casas pertenecientes a pueblos originarios y las que no, como que no pudieron hacer una integración más fina”.

A lo largo de los cuatro días de estadía, estudiantes y profesores brindaron un taller sobre gestión de residuos para los miembros del barrio. “Les interesaba ver cómo podían gestionar los residuos ahí dentro del barrio y hubo un intercambio muy de cerca, nos contaron lo que ellos sabían y pensaban y nosotros les hicimos algunas recomendaciones, fue interesante”, relata Alejandra González, otra de las estudiantes que viajó. Los habitantes del barrio solicitaron alos integrantes de la UNGS un proyecto de gestión de residuos, por lo que el equipo decidió investigar sobre el programa de recolección y reciclado impulsado por la municipalidad de San Martín de los Andes, denominado “SIRVe”, para así poder articular ambos. Erica fue una de las que recabó información sobre la iniciativa y quedó sorprendida: “Antes de lanzar el proyecto ‘SIRVe’, se hizo mucho hincapié en cómo comunicarlo a la gente y funciona bastante bien. Hay una cosa que acá todavía no pasa, que puede tener que ver con la cantidad de habitantes, que es mucho menor, y es que les hacen multas cuando no sacan o sacan mal la basura y a su vez, a los que recolectan, los concientizan para que cumplan responsablemente con su trabajo”.

Otro tema que ocupó al grupo fue un proyecto para construir una marina -un lugar de amarre de barcos- en la costa del lago Lacar. Si bien existe la necesidad de contar con un amarre fijo en la zona, la propuesta implica la construcción de un centro comercial, un restaurant, un spa, entre otros espacios, por lo que se vislumbra que otros intereses están puestos en juego. “Es un proyecto que va a generar usos más bien elitistas de quién puede tener una embarcación o pagar esos servicios y aunque sea de acceso público, está dirigido a sectores con mucho dinero”, explica Francisco. Sobre esta iniciativa, investigaron cómo la sociedad lo percibía, cuáles eran los planes específicos, el andamiaje legal y los impactos ambientales. Si bien llegaron con alguna información previa, el “estar ahí” favoreció el acceso, según detalla el investigador: “Uno puede encontrar alguna información acá (Buenos Aires) pero obtener más documentación estando en el lugar. Por ejemplo, no conseguíamos el proyecto de la marina y en San Martín de los Andes, alguien que trabajaba en el club náutico nos lo facilitó. Lo mismo con cosas del barrio. Siempre tiene esa virtud viajar. Además en la relación cara a cara se generan confianzas, en especial si se viene de una universidad nacional”.

Según las entrevistas que hicieron y los datos que recabaron, la construcción de la marina es repudiada por un gran número de pobladores, que consideran que el proyecto “está destinado a un sector reducido de la sociedad”, como remarca Erica. En San Martín de los Andes es frecuente la “iniciativa privada”, es decir, un privado que le ofrece al Estado un proyecto y que necesita para llevarlo adelante, no el dinero, sino la autorización estatal. “Son proyectos que obviamente tienen algún impacto en un espacio público y el privado, como lo tiene que financiar, tiene que sacar alguna renta”, explica Francisco. Hubo importantes movilizaciones de los pobladores en contra de la iniciativa y todo indica que no prosperará. Francisco reflexiona: “El tema pasa por pensar una ciudad para turismo de elite o una ciudad para que la comunidad en su conjunto pueda disfrutarla”.

Este conflicto está atravesado por uno más amplio que es la privatización de las costas de los arroyos, lagos y ríos. El 30 de agosto de 2006, un guardia de seguridad de un complejo de cabañas mató de un tiro a Cristian González, un joven que pescaba con amigos a orillas de la desembocadura del río Quilquihue, a metros del Lago Lolog, con el argumento de que estaba violando la propiedad privada. El equipo de la UNGS visitó a Ángel, su padre, quien tras el hecho impulsó un movimiento por la accesibilidad a las costas. “La entrevista fue muy conmovedora realmente, la lucha de ese padre es conmovedora …”, dice Erica. Aunque la Justicia no lo acompañe –el guardia y el dueño del complejo están libres-, la lucha de Ángel se mantiene activa. En la actualidad, reclaman por el camino de sirga, la franja de dominio público que los propietarios ribereños deben dejar libre para el uso común. Con la reforma del Código Civil en 2014, se redujo esa franja de 35 a 15 metros, lo que generó una enorme cantidad de tierras –se estima 400 mil hectáreas- a disposición de privados y la imposibilidad de la comunidad y los visitantes de disfrutar un espacio que debería ser público. El proyecto, que ya fue aprobado por el Senado, debía ser tratado a fines del año pasado en la última sesión de la Cámara de Diputados pero la sesión se canceló y el proyecto corre el riesgo de perder estado parlamentario. La senadora CC-ARI por la provincia de Río Negro Magdalena Odarda, que adquirió popularidad en forma reciente tras desafiar a Macri a acceder al lago Escondido, comparte la lucha de Ángel y fue quien impulsó en el Congreso que el 30 de agosto sea el Día del Libre Acceso a Ríos y Lagos.


Aprender en el lugar del conflicto

Como investigador docente de la UNGS Francisco Suárez impulsa viajes de estudio todos los años con los estudiantes de Sociedad, Cultura y Ambiente. Por el tema de la megaminería, estuvieron en Famatina, La Rioja, y el año pasado viajaron a Jáchal, San Juan. También visitaron Gualeguaychú, Entre Ríos, por el conflicto de la instalación de la papelera sobre el río Uruguay y en Córdoba trabajaron con el tema de los pueblos fumigados. Carlos Ruggerio, cuya materia se sumó a los viajes en los últimos años, fue alumno de Francisco. “Al principio no viajábamos, no nos llevó a pasear…”, recalca y Francisco, entre risas, completa: “Los llevaba por acá cerca, después fuimos subiendo la apuesta”. El intercambio que posibilita el viajar es para los profesores una cuestión fundamental. “Es una dialéctica, porque también hay un proceso de aprendizaje para nosotros”, opina Carlos. La estudiante Katherine Conicelli también destaca el “estar ahí”: “Fue una experiencia muy enriquecedora, son cosas que no se aprenden en un libro, te lo da exclusivamente la experiencia, el poder charlar con las poblaciones nativas de ese lugar, que nos cuenten sus experiencias, cómo viven, cosas que de otra forma no podríamos conocerlas. Creo que todos están esperando llegar a estas materias para hacer los viajes”.

Tras la experiencia, la pregunta que surge es “¿y ahora qué?”. “Es un desafío”, sostiene Francisco y continúa: “El objetivo es hacer el viaje y después generar una devolución, un informe y, en este caso, el programa de gestión de residuos para el barrio. Luego se puede generar otro tipo de circuito o intercambio, hay estudiantes que se vinculan a través de una tesis”. Erica va un poco más allá: “Cuando me reciba, mi idea es irme a vivir a San Luis y aplicar las mismas técnicas que aplicaron en San Martín de los Andes para la gestión de residuos”. Ese “ir más allá” atraviesa la UNGS, como lo describe Carlos, egresado de la Universidad: “Cuando elegí la carrera, lo que me sedujo fue un discurso que dio el rector fundador Roberto Domecq, en el que dijo que quería recuperar en los profesionales de esta Universidad a aquellos profesionales del siglo XVIII, XIX que tenían conocimiento específico pero que sabían del mundo, de la vida y de la realidad”.