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Viernes 15 de mayo de 2026

Cuando el futuro de un país se defiende con los pies

No fue una jornada más en el calendario argentino. Desde temprano, las calles del centro porteño comenzaron a poblarse de estudiantes, docentes, graduados, familias y organizaciones sociales. Con carteles hechos a mano, banderas, y consignas en defensa de la educación pública, la ciudad fue tomando la forma de una marea colectiva.

La movilización, realizada el 12 de mayo, formó parte de la cuarta Marcha Federal Universitaria, y volvió a reunir a la comunidad educativa por el derecho al futuro y por el cumplimiento de una Ley de Financiamiento Universitario. En una Plaza de Mayo repleta, el reclamo se expresó de manera amplia y diversa. No se trató solo de una demanda presupuestaria, sino también de la defensa del derecho a estudiar, enseñar, investigar y construir un futuro común.

Entre la multitud, las voces de quienes habitan cotidianamente la universidad pusieron en palabras la urgencia del reclamo. Juan Lagrutta, docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento, explicó que su presencia en la movilización respondía a la necesidad de defender la educación pública frente a medidas que afectan directamente la vida universitaria. Según señaló, la falta de fondos impacta en los salarios, pero también en cuestiones básicas como la infraestructura, los insumos, las becas, los horarios de cursada y los servicios que permiten sostener la trayectoria de los estudiantes.

Esa preocupación también apareció en el testimonio de estudiantes y graduados. Ezequiel Ratto, graduado en Comunicación de la UNGS, marchó como una forma de devolver algo de lo que la universidad pública le dio. Para él, el título universitario representa mucho más que una acreditación, es una oportunidad concreta de crecimiento para quienes no podrían acceder a una institución privada. En ese sentido, advirtió que la situación actual pone en tensión la capacidad de la comunidad universitaria para seguir sosteniendo sus actividades en condiciones cada vez más difíciles.

Nahuel Tolosa, estudiante de la misma carrera, también remarcó el valor transformador de la universidad. Desde su experiencia, estudiar en la universidad pública no implica solamente formarse profesionalmente, sino también atravesar debates, acceder a nuevos conocimientos y ampliar la mirada sobre la realidad. Por eso, sostuvo que el cumplimiento de la ley no debería depender de una orientación política, sino entenderse como una obligación democrática.

Esa idea de la universidad como experiencia transformadora también apareció en la voz de Fiorella, estudiante del Profesorado Universitario de Educación Superior en Historia de la UNGS, destacó que la universidad pública transforma la vida de quienes pasan por ella, incluso más allá de la obtención de un título. Como primera generación universitaria, señaló que esa experiencia tiene para ella un valor especial y expresó su deseo de que otros jóvenes de su familia también puedan acceder al conocimiento a través de una educación pública de calidad.

El reclamo excedió las aulas. Oscar Peretto, coordinador de Cultura y Medios de la UNGS, planteó que el ataque a la universidad se inscribe en un escenario más amplio que también afecta a la ciencia, la salud pública y otros espacios fundamentales del Estado. En la misma línea, Elizabeth López, madre de una estudiante de la FADU-UBA, acompañó la movilización convencida de que defender la educación pública es también defender los hospitales, a los jubilados y la dignidad de un país.

A pesar del diagnóstico crítico, la jornada también estuvo atravesada por la esperanza. Jorge Márquez, docente de la Universidad Nacional de Quilmes, destacó que la universidad sigue siendo una herramienta central en la construcción de conocimiento y en la transformación social. Para él, sostener la educación pública es también sostener una idea de país con futuro.

Cuando la tarde comenzó a caer sobre la Ciudad de Buenos Aires, el frío se hizo sentir, pero la multitud permaneció firme. Entre banderas, cantos y testimonios, la marcha dejó una imagen clara: la universidad pública continúa siendo un espacio de pertenencia, de oportunidades y de construcción democrática.

Las calles expresaron de forma unánime que defender la educación pública significa garantizar el conocimiento, la igualdad de oportunidades y la posibilidad de imaginar un futuro colectivo.

* Informe realizado por estudiantes de la asignatura Práctica Profesional de la Licenciatura en Comunicación del IDH.

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