Cuando recordar también es una forma de cuidar
El martes pasado 25 de agosto, en la sala de ADIUNGS, del Campus de la UNGS, se llevó a cabo un conversatorio organizado y presentado en el ciclo Letra Viva del Área de Investigación La lengua y la literatura: problemas del campo disciplinar y de su enseñanza, en el marco del 50º aniversario del golpe de Estado y del Seminario Historia de la infancia en Argentina y América Latina. Modelos, identidades y experiencias en tensión.
El conversatorio comenzó con una presentación de los docentes Carolina Zapiola, coordinadora del Proyecto Mundos de Infancia y docente a cargo del seminario, y Juan Rearte, coordinador del Área de investigación en Lengua y Literatura, sobre la escritora y artista plástica invitada Ángela Urondo Raboy, una de las autoras de Infancias sobrevivientes (Editorial La Minga, 2026). A partir de allí, el encuentro fue tomando una dimensión que iba más allá de la presentación de una obra: permitió acercarnos a una historia atravesada por la memoria, la identidad, las infancias y las marcas que deja aquello que, aunque parezca pertenecer al pasado, continúa formando parte del presente.
Infancias sobrevivientes invita a detenerse en las experiencias de quienes atravesaron su infancia durante la última dictadura y en las diferentes formas en que esas historias pueden ser reconstruidas. Reconstruir no significa simplemente recuperar aquello que ocurrió. Implica enfrentarse con recuerdos fragmentados, silencios, ausencias y preguntas que quizás durante mucho tiempo no tuvieron respuesta.
Uno de los aspectos que más sorprendieron de la charla fue la relación entre memoria y palabra. Hablar, escribir y nombrar no son acciones inocentes. Como expresó la autora: “medir el alcance de las palabras y lo que expresan es un trabajo que requiere un compromiso de cuidado, de amor y de ética”. Esta frase nos invita a reflexionar en la responsabilidad que existe detrás de cada palabra cuando se intenta contar una historia atravesada por el dolor, la ausencia y la memoria. No se trata solamente de decir, sino también de saber cómo hacerlo y de comprender que aquello que se nombra puede tocar las heridas de quienes lo vivieron.
En este sentido, la escritura aparece como una forma de búsqueda. Escribir puede implicar juntar pequeños fragmentos, hacer preguntas, volver sobre recuerdos y tratar de comprender aquello que durante mucho tiempo no pudo ser comprendido. La memoria no aparece como algo terminado, aparece como algo que continúa construyéndose. Y quizás ahí se encuentre una de las dimensiones más profundas de la propuesta de Ángela Urondo: entender que recordar también puede ser una manera de reconstruir una identidad y de recuperar aquello que el silencio intentó borrar.
La charla permitió pensar la literatura y la historia desde un lugar diferente. Como estudiantes de Lengua y Literatura, muchas veces nos acercamos a los textos desde conceptos, autores y análisis. Sin embargo, escuchar a Ángela Urondo hablar de su historia hizo que todo apareciera de una manera mucho más cercana y humana. Las palabras dejaron de ser solamente palabras sobre una página y se transformaron en una forma de recuperar voces, hacerse preguntas y mantener presente aquello que no debe ser olvidado.
La memoria no consiste únicamente en mirar hacia atrás, implica preguntarnos qué hacemos hoy con aquello que heredamos, qué voces elegimos escuchar y qué historias decidimos seguir contando. Por eso, a modo de cierre, me quedo con las palabras que escribió la autora: “seguiremos construyendo memoria, verdad y justicia. Para los sobrevivientes, y por todos los que jamás podrán ser reparados.”
Quizás escribir y recordar sea eso, cuidar las palabras para que puedan seguir nombrando lo que pasó, incluso cuando algunas ausencias ya no puedan ser reparadas.
Juana Nieva,
Estudiante del Profesorado en Lengua y Literatura
Fotos de Ezequiel Glikman








