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Estudiantes y docentes de Lengua y Literatura asistieron a una función de Santos Vega

En el marco de una actividad organizada por el Área de investigación en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de General Sarmiento, estudiantes, graduados y docentes del Profesorado asistimos a una función de la obra Santos Vega en la Sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes. La puesta, dirigida por Daniel Casablanca sobre una adaptación dramatúrgica realizada junto a Guadalupe Bervih y Andrés Sahade a partir del texto fundacional de Luis Bayón Herrera, recupera uno de los mitos emblemáticos del teatro y la poesía gauchesca argentina para ponerlo en diálogo con tensiones y lenguajes actuales.

La historia recupera la leyenda del invencible payador Santos Vega y su icónico duelo con el Diablo, encarnado por Juan Sin Ropa. Lo que en apariencia comienza como una pelea de destreza lírica e improvisación, tan típica de las payadas, pronto deja al descubierto una problemática que genera resistencias desde tiempos inmemoriales: la molestia y el choque entre la tradición y el progreso, entre lo conocido y la novedad que llega para cambiarlo todo.

Al poner el foco en este dilema histórico, y lejos de reducirlo a una simple disputa entre el bien y el mal, la obra pone a flor de piel la inevitabilidad de un futuro que todo lo avasalla y lo somete, cercando el espacio del gaucho. Juan Sin Ropa representa esa modernidad que avanza sin pedir permiso y, ante eso, la resistencia se vuelve imposible, por lo que a Santos Vega —y a quienes pertenecen a esta cultura gauchesca— no les queda otra opción más que adaptarse a las circunstancias. La tradición logra la supervivencia, pero a costa de mutaciones y cediendo ante las condiciones que impone el presente, manteniendo siempre esa mirada romántica hacia el pasado, cargada de la nostalgia de sentir que todo tiempo pasado fue mejor.
Esta idea de una transformación forzada se puede ver claramente en la propuesta escénica, donde lo más poderoso, crudo e incluso un poco desolador es, sin dudas, la batalla entre la improvisación criolla de la payada octosilábica y la cadencia del rap freestyle contemporáneo, llevada a cabo con notable soltura por Federico Llambí (Santos Vega) y Pedro Maurizi (Juan Sin Ropa). En este duelo, la tradición compite directamente contra el ritmo y la velocidad del lenguaje actual.

A su vez, el baile posee una relevancia central que atraviesa toda la representación. Los distintos tipos de bailes folclóricos tradicionales y el zapateo del malambo no se presentan como piezas estáticas, sino como fusiones vivas que se unen y se mezclan con estilos contemporáneos como el breakdance y las expresiones corporales actuales. En el movimiento de los bailarines y actores se evidencia cómo la tradición se ve acorralada y debe absorber lo nuevo para poder seguir existiendo y no quedar relegada al olvido.

El diseño escenográfico y la iluminación acompañan este tránsito entre lo mítico y lo urbano, mientras que la música, que integra instrumentos de raíz folclórica con matices y arreglos actuales, termina de sumergir al espectador en un ambiente vibrante y emotivo. En conjunto con las actuaciones del elenco principal, la puesta logra transmitir con autenticidad la vivencia de una comunidad atrapada en el umbral del cambio.

Santos Vega invita a reflexionar sobre la persistencia de nuestras raíces y los modos en que la cultura popular se defiende del paso del tiempo. La versión del Teatro Cervantes, a través de esta puesta poderosa, demuestra que la tradición no es algo inmutable, sino una memoria viva que sobrevive a través de la mutación, la contaminación y la aceptación de los desafíos que propone el presente, aun cuando lleva consigo el peso de la nostalgia.

Reseña y fotos de Sabrina Santi, estudiante del Profesorado de Lengua y Literatura.

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