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Estudiantes y docentes de Lengua y Literatura asistieron a una función de Un joven golondrina, de Laura Santos, en el Teatro Nacional Cervantes

El pasado 16 de julio, en una actividad coordinada por el Área de Investigación en Lengua y Literatura de la UNGS, estudiantes y graduados del Profesorado en Lengua y Literatura asistimos a una función de la obra Un joven Golondrina en el Teatro Nacional Cervantes. La obra, escrita y dirigida por la dramaturga Laura Santos, cuenta la historia de dos jóvenes que deben realizar la angustiante búsqueda de una amiga en un pequeño pueblo de la Patagonia, donde la violencia se oculta entre sus habitantes.

La historia se centra en dos amigas, Mora y Belinda, que viven en un pueblo en una zona rural de Río Negro. Un día, un camión que transportaba terneras sufre un accidente en la ruta, lo que desencadena una carneada improvisada por los vecinos. Ese mismo día también había llegado al pueblo un contingente de jóvenes migrantes, golondrinas, que se quedan estacionalmente en la zona de cultivo para trabajar la tierra en época de cosecha. En el medio de la carnicería, una de las jóvenes amigas, Mora, desaparece y culpan de su desaparición a un trabajador. A partir de ese episodio, Belinda se debe aliar con el hermano del acusado para realizar la búsqueda de su amiga y limpiar el nombre del trabajador. En su búsqueda, los jóvenes se van enfrentando al maltrato, la corrupción y la violencia que ocultan los habitantes del pueblo tras la desaparición de Mora.

La obra pone en el foco la corporalidad a través de los ojos de una adolescente que descubre los peligros de enfrentarse a un mundo en el que se siente vulnerable y desprotegida. La violencia y el poder del hombre son los elementos que Belinda enfrenta durante la búsqueda de su amiga. La autora y directora, Laura Santos, explica que se inspiró en la historia de un femicidio para realizar la obra, hecho que aparece enraizado fuertemente en la desaparición de Mora.

El pueblo también cumple un papel central, con ciertas características de la literatura del realismo mágico, ya que en él la realidad se presenta como cíclica y misteriosa. Se escenifica un pueblo chico, rodeado de naturaleza, donde todos los años llegan y se van trabajadores y turistas, pero a pesar de esta constante movilidad, el pueblo está estancado. Uno de los personajes describe a su pueblo como una manzana podrida, y señala que, al igual que con la cosecha, las mejores manzanas son exportadas al mercado y para ellos solamente quedan las manzanas de menor valor.

La naturaleza tiene un rol central en la historia y se va representando en la puesta de escena que se transforma a lo largo de la historia. La escenografía está compuesta por elementos rurales acompañados de un fondo blanco en el cual a lo largo de la obra se van proyectando diferentes espacios y escenas que, en acompañamiento con la música, van creando ambientes en los que los espectadores se van sumergiendo. Se destaca el diseño audiovisual que realizaron Ian Kornfeld y Johanna Wilhelm, porque logra la inmersión del espectador en diferentes escenarios, como la tranquilidad en una cálida ribera, la inquietud frente al matadero, la intimidad de una noche estrellada o el bullicio de un club de noche. La composición musical de Shaman Herrera se estructura en sonidos más asociados con lo rural, con una influencia ceremonial, y con un fuerte uso de instrumentos de percusión.

En el texto no busca definirse una temporalidad precisa, ya que representa sucesos que transcurren en un lapso breve de tiempo, pero que son de larga tradición: el abuso laboral, la violencia hacia las mujeres y la explotación de la naturaleza. La historia de los hombres golondrina, que todos los años migran a muchos kilómetros de sus hogares para poder vivir en trabajos donde son explotados, se construye a la par de la historia de una joven que pierde la inocencia a medida que descubre la violencia y crueldad que rigen el mundo.

La obra invita a reflexionar acerca de la realidad misma y los vínculos de poder que se esconden en la sociedad actual. Las actuaciones de Carmela Rivero (Belinda) y Balthazar Murillo (el joven golondrina) logran representar auténticamente las sensaciones y los pensamientos de dos jóvenes que deben enfrentar la violencia social hacia las personas que aman. Es central el rol de Helen, un personaje impecablemente interpretado por la actriz Eva Bianco, una prostituta del pueblo que es el apoyo emocional de Belinda.
Un joven golondrina fue escrita mientras Laura Santos realizaba una residencia para dramaturgos latinoamericanos en el Royal Court Theatre de Londres. Fue nominada a un galardón en Munich, en el teatro Kammerspiele. La autora explica que fue la primera edición en la que los premios abrieron internacionalmente la convocatoria, y según la autora, dicha nominación le posibilitó la presentación en Alemania, si bien su deseo era poder dirigirla en Argentina, ya que representa, lamentablemente, una temática muy urgente para llevar al teatro.

Reseña por Cecilia Noschese, estudiante del Profesorado en Lengua y Literatura. Registro fotográfico de Matilde Correa.

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