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YO SOY LA CUMBIA

La música que se baila, se hereda... y también se piensa

¿Qué tienen en común una plaza de San Jacinto, en la costa colombiana, un barrio popular de Monterrey, una radio de Lima, un club de Buenos Aires y una feria internacional del libro en Guadalajara?

La respuesta podría ser más simple de lo que parece: la cumbia.

No porque en todos esos lugares se escuche exactamente la misma música. Más bien por lo contrario. Porque pocas expresiones culturales latinoamericanas han demostrado una capacidad semejante para viajar, transformarse y seguir siendo reconocibles. La cumbia cambió de instrumentos, de acentos, de ritmos y de escenarios. Se mezcló con tradiciones locales, dialogó con géneros diversos y atravesó fronteras nacionales, sociales y generacionales. Y sin embargo sigue siendo cumbia.

Quizás por eso resulta difícil responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿de dónde es la cumbia?

La respuesta más evidente apunta a Colombia, donde se encuentran algunas de sus raíces más profundas. Pero alcanza con recorrer su historia para advertir que hace mucho tiempo dejó de pertenecer a un único territorio. En México encontró el universo de los sonideros y las cumbias rebajadas. En Perú dialogó con guitarras eléctricas y sonoridades amazónicas. En Argentina se convirtió en una de las bandas sonoras de la vida popular urbana. En Chile, Paraguay, Brasil y Estados Unidos siguió encontrando nuevas formas de reinventarse.

La cumbia es, probablemente, una de las pocas lenguas culturales verdaderamente latinoamericanas.

Mientras los proyectos políticos de integración regional avanzan y retroceden, mientras las fronteras nacionales delimitan mapas y burocracias, la música suele recorrer otros caminos. Viaja con las migraciones, con los discos, con las radios, con las fiestas populares y, más recientemente, con las plataformas digitales. Construye vínculos que muchas veces preceden a cualquier acuerdo institucional.

Por eso la historia de la cumbia también puede leerse como una historia de circulación cultural. Una historia hecha de intercambios, apropiaciones, influencias y resignificaciones. Una historia que ayuda a comprender cómo se construyen las identidades latinoamericanas más allá de los límites nacionales.

Pero la cumbia no solamente se baila.

También se investiga.

También se documenta.

También se escribe.

Y también se piensa.

Durante mucho tiempo, las universidades concentraron buena parte de sus esfuerzos en estudiar fenómenos considerados más legítimos o prestigiosos. Sin embargo, las culturas populares fueron ganando espacio como objetos de investigación fundamentales para comprender nuestras sociedades. Porque detrás de una canción hay historias de migración, de trabajo, de clase, de género, de tecnología, de medios de comunicación y de construcción de identidades colectivas.

Pensar la cumbia es, en buena medida, pensar América Latina.

Quizás por eso no resulta extraño que un proyecto editorial dedicado a la cumbia haya sido impulsado por una red internacional de periodistas musicales junto con editoriales universitarias de distintos países. El resultado es Yo soy la cumbia, una obra colectiva coordinada por Enrique Blanc y Humphrey Inzillo, publicada por Ediciones UNGS en coedición con la Editorial de la Universidad de Guadalajara y otras editoriales universitarias de Colombia, Chile y Perú.

El libro reúne crónicas, perfiles y testimonios que recorren algunas de las múltiples vidas que ha tenido este género a lo largo del continente. Por sus páginas aparecen figuras históricas y contemporáneas, desde Andrés Landero hasta Kumbia Queers, desde los sonideros mexicanos hasta la cumbia santafesina, pasando por Perú, Chile, Brasil, Estados Unidos y Colombia.

La propia estructura del libro revela algo fundamental: la cumbia no es una historia única, sino una constelación de historias conectadas.

En el prólogo, Yeison Landero –nieto del legendario Andrés Landero– cuenta cómo la cumbia fue tejiendo una red que conecta festivales, ciudades, ferias del libro, periodistas, músicos y públicos de distintos países. Lo que aparece allí no es solamente la trayectoria de un género musical. Es la construcción de una comunidad cultural latinoamericana en permanente movimiento.

La cumbia, escribe Landero, no solo se escucha: se baila, se hereda, se transforma y se comparte.

Tal vez haya que agregar algo más.

También se lee.

Y el próximo domingo habrá una buena oportunidad para comprobarlo.

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LA CUMBIA TAMBIÉN SE ENCUENTRA

El domingo 21 de junio, a las 18 horas, se presentará Yo soy la cumbia en Nueveonce Club Social, un espacio donde la música suele ser protagonista.

📍 Nueveonce Club Social
Julián Álvarez 1272, Palermo, Ciudad de Buenos Aires.

Participarán del encuentro:

  • Gabriel Plaza, periodista musical y autor del capítulo dedicado a Leo Mattioli.
  • Paz Azcárate, autora del perfil de Kumbia Queers.
  • Sebastián Espósito, autor del capítulo sobre Ángela Leiva.
  • Juan Albornoz, integrante de Tercos.
  • Black Rodríguez Méndez, integrante de La Delio Valdez.
  • Integrantes de Kumbia Queers.

La actividad incluirá además DJ sets y un show en vivo de Tercos.

El libro es una iniciativa impulsada por la Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica (REDPEM), una organización que reúne periodistas, investigadores y comunicadores especializados en música popular de distintos países de la región y que viene desarrollando diversos proyectos editoriales dedicados a pensar la música latinoamericana desde múltiples perspectivas.

Más información

📖 Libro:
https://www.ungs.edu.ar/libro/yo-soy-la-cumbia

🎟 Entradas:
https://ticketuno.com.ar/la_cumbia_se_piensa_y_se_baila_0621

📍 Nueveonce Club Social:
https://www.instagram.com/clubsocial911?igsh=ZmpkZjU2dTFzamtj

🎵 Tercos:
https://www.instagram.com/tercoscumbia/

🎺 La Delio Valdez:
https://www.ladeliovaldez.com.ar

🌎 Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica (REDPEM):
https://redpemib.com

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