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Miércoles 7 de octubre de 2020

El golpe de la pandemia sobre el mercado de trabajo

El proyecto de investigación “Efectos de la crisis del COVID-19 sobre el mercado de trabajo y las condiciones de vida de la población en la Provincia de Buenos Aires” fue una de las 137 iniciativas seleccionadas para ser financiada en el marco del “Programa de Articulación y Fortalecimiento Federal de las Capacidades en Ciencia y Tecnología COVID-19”, del Ministerio de Ciencia de la Nación. En este artículo, las investigadoras del área de Economía del Instituto de Ciencias de la UNGS presentan los primeros resultados en base al informe de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) con información acerca de los 31 principales aglomerados urbanos del país.

La pandemia del COVID-19 obligó al mundo a implementar medidas drásticas de aislamiento que implicaron un freno repentino a la actividad económica, y Argentina no fue la excepción. La cuarentena implementada para retrasar la transmisión del virus y preparar al sistema sanitario implicó detener la economía abruptamente en un país que estaba en recesión desde 2018, atravesando un contexto inflacionario al cual se sumó el proceso de negociación de una deuda impagable. Los resultados económicos fueron contundentes: en el segundo trimestre del año, correspondiente al período en el que las medidas de aislamiento fueron más fuertes, la actividad económica cayó 19,1% respecto al mismo período de 2019.

La intensidad del golpe se puede ver en el comportamiento de algunos indicadores del mercado de trabajo: la tasa de desocupación pasó de representar al 10,6% de la Población Económicamente Activa (PEA) en el segundo trimestre de 2019 al 13,1% en el mismo período de 2020. Frente a los datos de actividad económica, este resultado no parecería tan dramático, pero este indicador, que se refiere a las personas que sin estar empleadas buscan activamente, resulta insuficiente para medir el impacto dadas las características de la crisis actual. En cambio, es más informativo observar la evolución de los ocupados: cayeron un 20,8% en un año.

¿Cómo se explica esta caída en la tasa de empleo? Pensemos quiénes pueden ser los trabajadores que por distintos motivos no trabajaron en ese período. Por un lado, las y los que quedaron desocupados y buscaron trabajo: conforman el 13,1% de la PEA, reflejados en la tasa de desempleo. El segundo grupo, numéricamente el más importante, conformado por trabajadores que, si bien no trabajaron en el período, no buscaron una ocupación porque esperaban (con más o menos certeza) retomar sus actividades una vez relajadas las medidas de aislamiento, pasando a ser parte de la Población Económicamente Inactiva (PEI), aun cuando se hubieran retirado de la búsqueda en forma temporal. Entre las posibles explicaciones está la suspensión del tipo de actividades que realizaban previo a la cuarentena, ser parte de la población de riesgo, realizar tareas de cuidado, etc. Finalmente, están quienes se retiraron definitivamente o por un plazo largo de la fuerza de trabajo (por ejemplo, porque se jubilaron). No contamos con información precisa sobre estas situaciones, pero podemos mirar algunos datos que podrían alinearse a estas argumentaciones.

Veamos cómo se modificó la composición de la tasa de empleo respecto del año pasado. Si bien todos los grupos se redujeron, la caída en el empleo se explica en 51,6% por la pérdida de puestos asalariados no registrados (ANR) y en 29% por trabajadores por cuenta propia (TCP). Los ANR no cuentan con la protección de un puesto formal yal verse interrumpida la actividad no trabajaron y no buscaron otra ocupación ya sea porque esperaban volver (por ejemplo, empleadas domésticas) o por las limitaciones propias de las medidas de aislamiento. En el caso de los TCP, podría tratarse de personas que por las medidas de aislamiento no pudieron realizar sus actividades laborales: no pudieron abrir el local o brindar los servicios a cuya prestación se dedican y esperaban retomarlas una vez relajadas las medidas, por lo cual no salieron a buscar trabajo y no están reflejados en la tasa de desempleo. Estos trabajadores que no trabajaron, pero tampoco buscaron empleo son clasificados dentro de la Población Económicamente Inactiva y no engrosan el grupo de desempleados: la situación no se refleja plenamente en la tasa de desocupación. Finalmente, lo relevante en términos de condiciones de vida de la población es que estas personas (hayan pasado a la desocupación o la inactividad) fueron la primera variable de ajuste y perdieron sus ingresos laborales.

Adicionalmente, el 21,1% de los trabajadores que conservaron sus empleos no trabajaron en la semana de referencia de la encuesta. Esto es casi diez veces más que el año pasado. Estos trabajadores probablemente hayan perdido parte de sus salarios y estén enfrentando situaciones de incertidumbre debido a la suspensión de actividades en los establecimientos en los que se desempeñan. Tenemos que agregar también a los trabajadores que, sin haber sufrido suspensiones, han enfrentado reducciones en las jornadas laborales, pérdida de cobro de horas extra, bonos y otros adicionales.

La pandemia no afectó a todos por igual: las y los jóvenes menores de 30 años fueron más golpeados (la tasa de empleo cayó 9,4 y 15 puntos porcentuales respectivamente). También se advierten diferencias según el nivel educativo: los trabajadores con secundaria completa o menos explican un 70,7% de la reducción de la tasa de empleo, mientras que aquellos con nivel universitario completo explican sólo el 15,2% de la contracción. Estas diferencias se relacionan estrechamente con los datos que mostramos antes, dado que las y los jóvenes forman parte del grupo de menor nivel educativo y, a su vez, ambos grupos tienen mayor presencia en los empleos más afectados por la pandemia, tales como los ANR y TCP en actividades que no pudieron continuar en forma remota. En contrapartida aumentó el peso de personas con mayores niveles educativos entre los ocupados, quienes tienen preponderantemente empleos asalariados registrados, alcanzados por la legislación protectiva del trabajo y las políticas específicas que comentaremos más adelante, o pudieron realizar teletrabajo.

En términos geográficos también se observan grandes diferencias. Si bien en todas las regiones cayó el empleo, el impacto fue mayor en el Gran Buenos Aires, región que incluye la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, donde el empleo se contrajo un 24,4%, lo que significa 1,6 millones de ocupados menos. Las siguientes regiones más golpeadas fueron la Pampeana con un caída del 19,1%, el NOA con el 17,8% y la Patagonia con el 17,8%.
En las principales ciudades de la provincia de Buenos Aires vemos quela caída en la ocupación fue más marcada que en el total del país, con un 25,4%. Comentamos antes la situación del GBA, que incluye los partidos del Conurbano, entre ellos, el de Malvinas Argentinas, donde se encuentra la UNGS. Si ponemos el foco en los partidos, encontramos que la ocupación disminuyó un 25,8%. Más allá de lo preocupante de estos datos, no es esta la ciudad que más sufrió. En Mar del Plata la situación fue aún peor, el empleo cayó 32%. Por su parte, en Bahía Blanca el empleo cayó 19%, en San Nicolás 23,3%, en La Plata 19% y en Carmen de Patagones 6,3%.

La respuesta del gobierno nacional
Previendo el golpe de la pandemia, el gobierno nacional implementó una serie de políticas en el ámbito sanitario, social y económico. Entre estas últimas las principales acciones tendientes a preservar los empleos fueron la prohibición de despidos en el marco de la emergencia sanitaria y la creación del Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción para empleadores y trabajadores afectados por la emergencia sanitaria. El programa establece una serie de beneficios y tiene por objetivo principal la conservación del empleo a través del sostenimiento de la unidad productiva.

Entre las medidas se destacan la postergación o reducción de hasta el 95% del pago de las contribuciones patronales al Sistema Integrado Previsional Argentino, el salario complementario abonado por el Estado Nacional, las líneas de crédito a tasa cero para monotributistas y autónomos. No se puede dejar de mencionar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que representó un importante sostén de los ingresos de los hogares. Debido a que el IFE no es una política orientada al sostén del empleo no se comenta en detalle en este artículo, aunque no puede descartarse que esos ingresos hayan podido utilizarse para financiar la realización de actividades productivas informales por cuenta propia.

El resultado de esas políticas se ve reflejado en la estabilidad que ostenta el empleo asalariado registrado, tal como comentamos en párrafos anteriores. El resultado global que observamos es una fuerte caída de la proporción de asalariados no registrados, que pasaron de representar el 34,5% de los asalariados en 2019 a ser sólo el 23,8% en el segundo trimestre de este año. Sin embargo, este resultado no puede leerse como algo positivo debido a que el cambio en la composición no fue por un proceso de registración o creación de puestos registrados o formales, sino por una inusitada pérdida (temporaria o permanente) de empleos no registrados.

¿Qué sigue?
A pesar de que el escenario descripto sobre la situación del mercado de trabajo urbano en Argentina es negativo desde todo punto de vista, es importante señalar que el tercer trimestre vislumbra un panorama más alentador. Esta afirmación se basa en que abril fue el mes de mayor caída de la actividad económica porque corresponde al período de aislamiento estricto, pero en mayo y junio la actividad comenzó a recuperarse paulatinamente por la autorización de diferentes actividades con distinto ritmo en cada provincia y localidad. A esto se suma el acuerdo con los tenedores de bonos de deuda, que sienta las bases necesarias, aunque claramente no suficientes, para posibilitar la lenta recuperación. Sin embargo, es difícil esperar un aumento en el empleo asalariado registrado (la recuperación podrá incidir, en todo caso, en la cantidad de horas trabajadas por estos ocupados) y es probable que los TCP y los ANR vuelvan a la actividad como desocupados o insertándose en puestos informales.

Ana Laura Fernandez y Ana Paula Monsalvo*
* Las autoras agradecen los comentarios realizados por A. Beccaria, L. y S. Rottenschweiler.

Gráfico 1. Tasa de empleo total, según grupos de género y edad y según región como porcentaje de la población. 31 aglomerados urbanos. 2019 – 2020. Segundos trimestres.

*El dato correspondiente a la provincia de Buenos Aires se construyó en base a las tasas de los 6 aglomerados urbanos de la provincia ponderados por su población en el total provincial.

Fuente: EPH-INDEC

Gráfico 2. Tasa de empleo total, según aglomerado urbano como porcentaje de la población. Provincia de Buenos Aire. 2019 – 2020. Segundos trimestres.

Fuente: EPH-INDEC

* La nota fue publicada el 6 de octubre en la edición especial Tiempo Ahora de Noticias UNGS

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