Miércoles 5 de noviembre de 2025
Asociación Civil Madre Tierra: niñas, niños y adolescentes, protagonistas en la construcción de comunidad
Durante 2025, la rectora Flavia Terigi, junto a integrantes del equipo de trabajo de la Secretaría de Desarrollo Tecnológico y Social (SDTyS) de la UNGS, visitaron cada una de las organizaciones que forman parte del Consejo Social de la Universidad, recorrieron sus espacios, conversaron con las personas que las mantienen en pie y conocieron fortalezas y necesidades.
A continuación, un artículo sobre la Asociación Civil Madre Tierra, en Morón:
La visita a la Asociación Civil Madre Tierra comenzó en el Centro Pachamama, donde nos recibieron las consejeras Rosana y Sandra, junto a Ana, presidenta de la Asociación, y María, referente barrial. Con calidez y claridad nos compartieron un repaso por los más de 40 años de trabajo sostenido, orientado al acceso justo al hábitat para una vida digna para las comunidades del conurbano. A lo largo del diálogo fuimos descubriendo una experiencia de gran participación comunitaria y resistencia, con acciones que trascienden lo local e impactan en una región amplia que abarca Merlo, Morón, Moreno, Hurlingham, Ituzaingó y José C. Paz.
En sus inicios, el eje principal estuvo puesto en la promoción del derecho a un hábitat adecuado, desde una perspectiva de participación comunitaria. Con el paso del tiempo y la incorporación de nuevas demandas, esa mirada se fue ampliando con un enfoque de géneros y diversidad, incluyendo también la participación activa de niños, niñas y adolescentes en espacios de toma de decisiones.
La falta de escuelas en la zona, y con ello la falta de vacantes y la sobrepoblación en aulas, fue una de las principales preocupaciones señaladas. Frente a esa ausencia estatal, emerge con fuerza la organización vecinal, que resguarda tierras destinadas a espacios comunes. Ante esta necesidad se profundizó la promoción de la lectura y la reactivación de las bibliotecas, como estrategias de resistencia cultural; y se formaron grupos de alfabetización.
Más tarde, nos dirigimos al Centro Sueños Cumplidos, en el barrio 23 de Diciembre. Allí nos recibió Amelia junto a dos compañeras. Mientras recorríamos las instalaciones, en la canchita se jugaba un partido entre adolescentes y varias madres compartían mates, acompañadas por niñas y niños que jugaban a su alrededor. Un centro con vida, movimiento y presencia cotidiana.
Nos contaron sobre las actividades recreativas y educativas que sostienen con gran esfuerzo, tanto para infancias y juventudes como para mujeres adultas del barrio, destacando la relevancia del programa FINES como herramienta de inclusión y los cursos de formación laboral. También compartieron el proceso de adaptación de las políticas públicas orientadas a facilitar la realización de ampliaciones y mejoras en las viviendas, con el objetivo de que puedan ser efectivamente aprovechadas por los vecinos y vecinas. Este proceso implicó un trabajo articulado entre la Organización, el Estado y la comunidad, en el cual se debatió cómo transformar las “políticas públicas enlatadas” para que pudieran flexibilizarse y responder mejor a las necesidades concretas del barrio. Los resultados fueron muy positivos e implicó el compromiso de toda la comunidad.
Luego visitamos dos huertas comunitarias que abastecen el comedor, espacio que acompaña a más de 100 familias con alimentos saludables y verduras orgánicas. Conocimos el Centro Soñar Despierto, lugar de origen de esta experiencia que hoy se expande y fortalece. Allí existe el espacio Punto Violeta, que asiste a aquellas mujeres que se encuentran atravesando situaciones de violencias machistas, y como un lugar de encuentro y sororidad.
Entre las muchas ideas que nos llevamos, una de las que resuena con más fuerza es la utopía –cada vez más concreta– de lograr que las rondas organizativas estén habitadas también por niñeces y adolescencias. Su inclusión en los procesos de decisión no sólo reconoce su voz y sus derechos, sino que afirma su lugar como protagonistas en la construcción de comunidad.
Por último recorrimos El Milenio, un barrio construido de manera autogestiva y comunitaria hace 25 años. Un lugar donde actualmente habitan más de 400 familias que han sabido organizarse para resolver las diversas situaciones que surgieron.
Al finalizar la visita, comprendimos que aquí las metáforas se vuelven literales: la construcción del barrio es producto de la organización comunitaria, y Madre Tierra cumple un rol fundamental en ese proceso. Estas experiencias reflejan el compromiso sostenido del equipo, su enorme capacidad para recrear sueños y hacer efectivos los derechos.
Un aporte significativo que nos invita a seguir repensando el rol de la universidad es que, en estos 20 años de vínculo, reconocen haber establecido un diálogo permeable con la UNGS. Un diálogo que permitió acercar herramientas para el hacer, donde las conceptualizaciones académicas lograron partir de la experiencia concreta y, a su vez, contribuir a ella.
Por Jimena Geron, integrante de la Secretaría de Desarrollo Tecnológico y Social de la UNGS
Visita realizada el 21 de julio de 2025










