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Martes 30 de marzo de 2021

Conocer la pobreza en sus múltiples dimensiones

Un equipo del Instituto de Ciencias (ICI) de la UNGS trabajó con la Universidad de Bristol de Reino Unido y con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (CABA) en la puesta en marcha en este distrito de la medición de la pobreza multidimensional, método que complementa al de la línea de pobreza y que permite identificar múltiples privaciones, incluso aquellas que no se deben estrictamente a la falta de ingresos monetarios. Lo hicieron desde un enfoque consensual, implementado por primera vez en América Latina, que implica que las dimensiones de la medición son elaboradas a partir de aspectos que la población considera necesarios.

El punto de partida de la medición multidimensional es la idea de que una persona está en situación de pobreza cuando por falta de recursos no puede acceder a bienes y servicios o realizar actividades que se consideran necesarias para vivir dignamente en el lugar y el momento histórico en que vive. Como aclaran en el informe, “no es la mera falta de uso o acceso a un bien o servicio, o la no realización de una actividad, lo que define la situación de privación, sino el hecho que tal resultado es consecuencia de no contar con los recursos para hacerlo, por no tener el dinero o por tratarse de un servicio que no está proveyendo el Estado”.

La oportunidad surgió a partir de la visita a Bristol del investigador docente Luis Beccaria, y de las investigaciones que se venían realizando en la UNGS, que acercaron al equipo a las técnicas de la Dirección General de Estadística y Censos (DGEyC) de CABA, que estaba evaluando la posibilidad de desarrollar el diseño de una encuesta de hogares para obtener los datos que se requerirían para la medición de la pobreza multidimensional según el enfoque consensual. Desde este enfoque, se parte de un marco conceptual que permite definir no sólo el fenómeno sino las dimensiones relevantes para su medición. Como explica Ana Laura Fernández, investigadora docente del ICI y parte del equipo que trabajó en este proyecto, “la lista de dimensiones e indicadores que se contemplan no es planteada por quienes elaboran la medida, sino que refleja la opinión de la población”.

Fernández asegura que se trata de una metodología que, si bien se viene aplicando en la Unión Europea y en otros países en desarrollo, aún no hay experiencias de la misma en América Latina. “Argentina había tenido una experiencia pionera en la medición multidimensional que fue el método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), que se aplica con los datos de los censos de población, y también hubo algunos ejercicios no ‘oficiales' de diferentes instituciones académicas e incluso oficinas de estadística de algunas provincias, pero esta es la primera experiencia en una medición con el enfoque consensual”, destaca la investigadora.

Son varios los aportes del enfoque consensual. Beccaria detalla que, además de “identificar privaciones que no se deben estrictamente a la falta de ingresos sino, por ejemplo, a deficiencias en la provisión de determinados servicios públicos", esta metodología "permite incorporar indicadores específicos para determinados grupos poblacionales”. En el Índice en CABA, se obtuvo una medición específica para hogares que tengan a niñas y niños entre sus miembros. Se consideraron cinco dimensiones: alimentación, cuidados y salud, vivienda y servicios, equipamiento del hogar, y privación social y educación. Entre algunos de los datos a los que se llegó con la medición, en 2019, el 20,3% de la población de la Ciudad era pobre multidimensional y, entre la población de menores de 18 años, el porcentaje ascendió a 30,6%.

Asimismo, un resultado que llamó la atención fue que al menos un 30% de la población indicó que la disponibilidad de internet en el hogar no constituye una necesidad. Un dato que no se dio entre quienes viven en villas. “Esto puede deberse a las características de la población de la Ciudad (alto porcentaje de adultos mayores) o al uso extendido de internet a través del celular o en los lugares de trabajo”, reflexiona Fernández, y agrega: “Es posible que a raíz de la pandemia y el aislamiento esta percepción haya cambiado”.

La UNGS, junto al grupo de investigación de la pobreza en Bristol, dio apoyo en el desarrollo metodológico y el análisis de los resultados. “Nuestro aporte, junto con el de los colegas de Bristol, facilitó la adopción de la metodología por parte de la DGEyC”, asegura Beccaria. Tras la experiencia de 2019, la medición completa de la pobreza multidimensional es un indicador que pasó a formar parte del conjunto de mediciones que regularmente realiza la DGEyC.

Para Fernández y Beccaria, esta medición, por sus características, se puede adaptar y replicar en diferentes regiones. Sostienen que es una “herramienta valiosa y útil” en casos, como el de la Unión Europea, que está formada por países de características heterogéneas. Además, como se concluye en el informe, esta metodología que “parte de un consenso sobre qué es vivir dignamente” e "identifica necesidades y privaciones de manera directa”, podría “nutrir los debates normativos” o el diseño y monitoreo de políticas públicas.

Foto: Pablo Cittadini

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