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Jueves 22 de agosto de 2019

El estudio de los pasados traumáticos

“Lo que más me interesa de la historia es lo que no se ve”, afirma la historiadora Florencia Levín, investigadora docente del Instituto del Desarrollo Humano de la UNGS y del Conicet. Levín se especializa en el estudio de la historia reciente, una historia bien cercana en el tiempo, que no está cerrada, que cuenta con protagonistas vivos y que además tiene otra particularidad: que el objeto de estudio y el historiador son contemporáneos.

Lo que no se ve es lo que constituye y sostiene la estructura de lo visible. Hay algo que opera por fuera de las palabras, algo que las palabras muestran y silencian al mismo tiempo. Se trata del tipo de vínculos (invisibles) que sostienen todo diálogo, que siempre es, entre otras cosas, una situación donde se juegan relaciones de poder y donde operan mecanismos automáticos, inconscientes, que se ponen en juego en la construcción y sostenimiento de cualquier ‘escena’ de la historia”, afirma la investigadora docente Florencia Levín.

En la Argentina la historia reciente nació como campo disciplinar a principios de los años 2000 y se dedica a estudiar lo sucedido en las últimas décadas: el terrorismo de estado, incluso el anterior al golpe militar de 1976, sus orígenes y sus efectos, y contempla el lugar destacado de la memoria en la constitución de lo social. “Surgió para hacerse cargo de trabajar este pasado reciente o cercano vinculado con la traumático, con algo que nos cuesta resolver y que trae un grado de complejidad ética política actual mucho mayor que otros pasados que se consideran terminamos o acabados”, dice Levín, y agrega que tiene la particularidad de ser un campo académico impulsado por una generación en particular: la de las hijas y los hijos de los que vivieron esa época.

¿Qué es lo que no se ve en la historia reciente argentina? “En primer lugar, sin dudas, esa incómoda verdad acerca de cómo operó lo no dicho, lo sabido y lo no sabido como marco ‘consensual’ del terrorismo de estado. Otro elemento es el lugar de ‘doble agente’ de los historiadores, que ‘científicamente’ trabajan sobre un pasado que los perfora. Pero más ampliamente, creo que es la sociedad misma la que no puede terminar de visibilizar esta implicancia social en la historia argentina. Una de las manifestaciones de ‘lo traumático’ es precisamente su invisibilidad”.

Levín se volvió experta en detectar aquello que se dice sin decir mientras trabajaba en su tesis de doctorado sobre las representaciones sociales a través del humor gráfico en la dictadura, para la que analizó más de 15 mil chistes publicados en el diario Clarín entre 1973 y 1983. “El humor gráfico se revela como una puerta privilegiada para estudiar los procesos sociales de construcción de sentido acerca de lo que ocurre, ya que su enunciación tiene implícita la asunción de sentidos invisibles”, explica la historiadora.

Actualmente y teniendo en cuenta perspectivas filosóficas, psicoanalíticas y lingüísticas, Levín estudia dos nociones “nucleares” –dice– de la historia reciente: la violencia y el trauma. “En un esfuerzo por construir o desarrollar teoría epistemológica que oriente el desarrollo metodológico y la investigación disciplinar, he indagado acerca de cómo ambos términos dan cuenta de, y al mismo tiempo conceptualizan, diversos aspectos de la experiencia social, colectiva y cultural del tiempo histórico y de la historia misma”.

Algunos resultados de este trabajo se ven reflejados en “Lingüística e historia reciente de la Argentina: un análisis interdisciplinario sobre la categoría de ‘violencia’”, texto que Levín desarrolló junto a las investigadoras docentes Andreína Adelstein y Marina Berri, del área de lingüística del IDH, y también en el libro La violencia política y sus sentidos. Aportes monográficos para el estudio de los procesos de semantización de la historia reciente argentina, que será editado próximamente por la UNGS.

Además de dedicarse a la investigación, Levín lleva más de una década al frente del Seminario de Investigación en Historia del Profesorado Universitario de Educación Superior en Historia de la UNGS, y cuenta cómo se puede repensar la enseñanza de la historia a través de la historia reciente. “Después de muchos años pude empezar a escuchar y fui notando que cada uno de nuestros estudiantes, por el lugar en el que está emplazada la UNGS, por sus historias y sus lugares de procedencia, tiene una pregunta por hacerse, alguna deuda que saldar, algún silencio, alguna incomodidad. Entonces empecé a transformar eso en el núcleo de la propuesta de enseñanza y aprendizaje, que en realidad es una construcción conjunta, una participación en hacer y escribir la historia”.

Marcela Bello

La nota fue publicada en la edición de agosto de 2019 de la revista Noticias UNGS.

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