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Viernes 20 de noviembre de 2020

Filósofas de todos los tiempos

En las últimas semanas, la Universidad recibió la noticia de que en la Cámara de Diputados de la Nación está en tratamiento un proyecto para declarar de interés cultural al programa de televisión Palabras en llamas, producido por la UNGS. Por los mismos días, el programa fue preseleccionado al 8º Premio “Nuevas Miradas en la Televisión 2020” en la categoría “Micro de Divulgación periodística-documental”. Noticias UNGS entrevistó a Jazmín Ferreiro, responsable del programa, directora del Profesorado Universitario en Filosofía y docente de “Filosofía Antigua y Medieval” de la Universidad.

“La historia del pensamiento ha sido colonizada por voces masculinas, pero existen otras voces, múltiples, disonantes, disidentes”. Con estas palabras comienza cada uno de los siete capítulos de Palabras en Llamas. Filósofas por filósofas, una serie de microprogramas de la UNGS coproducidos por el Instituto de Ciencias (ICI) y UNITV, el canal de la Universidad. La idea y conducción del programa es de la investigadora docente Jazmín Ferreiro. En cada emisión, una filósofa invitada presenta a otra referente de este campo de pensamiento, ampliando “la biblioteca de la que solemos disponer”.

-¿Cómo surge Palabras en Llamas? ¿Qué se propone como objetivo?

–Palabras en Llamas surge de querer dar a conocer un encuentro que organizamos desde el ICI en 2018. Fueron las primeras jornadas de filosofía antigua y medieval en la UNGS y las titulamos “Discursos dominantes y silencios resonantes en la historia de la filosofía antigua y medieval”. En ese evento se presentaron las figuras de algunas filósofas muy poco conocidas de la Antigüedad, la Edad Media, el Renacimiento y los tiempos modernos. El objetivo es dar a conocer distintas voces que no son conocidas, ni siquiera por aquellas y aquellos que nos dedicamos a esos períodos históricos de la filosofía. Creo que el impacto que genera es que muchas de las y los que estudiamos la historia de la filosofía empecemos a incorporar nuevas filósofas en nuestros programas. El objetivo es también llegar a un público más amplio, es decir, mostrar que la historia de la filosofía estuvo desde siempre atravesada por el pensamiento de muchísimas mujeres, que, si bien en el contexto histórico en el que vivieron tuvieron evidentes limitaciones para formarse y para intervenir en la escena intelectual, llevaron adelante propuestas muy interesantes.

-¿Cuál fue el criterio para elegir a las filósofas sobre las que hablan los programas? ¿Las eligieron las entrevistadas o fue decisión tuya?

-En esas jornadas reconocimos dos cuestiones. Por un lado, que, lejos de lo que se puede creer, las pensadoras existentes en el período antiguo medieval o premoderno eran muchas y necesitábamos oír estas voces, estudiarlas. Incluso incorporar la perspectiva de género con el fin de dar cuenta de por qué, a lo largo de tanto tiempo, esas figuras no habían sido reconocidas. El programa estuvo orientado a un público más amplio. Para ampliar la propuesta decidimos invitar a filósofas que a su vez presentaran a otras filósofas (las antiguas), intentando en lo posible –y por supuesto con muchísimas limitaciones– ampliar ese abanico temporal y temático.La elección de las filósofas sí corrió por cuenta de las entrevistadas, colegas que durante las jornadas habían presentado a las pensadoras que aparecen en los programas. El punto de partida fue invitarlas a hacer una presentación sobre lo que ya habían hablado. También participaron algunas otras colegas que fueron invitadas específicamente. Así, Claudia D’Amico presentó a la francesa Marguerite Porete, condenada a la hoguera en 1310; Danila Suárez Tomé, a Simone de Beauvoir (1908-1986); Alba Rueda, a la mexicana contemporánea Siobhan Guerrero Mc Manus; María Elena Díaz, a la italiana Christine de Pizan (1364-1430); Diana Maffia, a Hannah Arendt (1906 -1975); María Gardella, a Hipatía de Alejandría (370-415), y la mexicana Virginia Aspe Armella a Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695).

-¿De qué modo creés que esa selección aporta a la “ampliación de la biblioteca”?

-Para darle cierta unidad a la serie, siempre que fue posible traté de hacer hincapié en alguna obra. Son tan distintas las pensadoras, sus contextos históricos, el conocimiento que tenemos de cada una de ellas, que recurrir a una obra nos permitió uniformar un poco la estructura de los micros. En la actualidad tenemos la posibilidad de acceder a muchas de estas obras. En el caso de las filósofas medievales o antiguas, se encuentran en ediciones nuevas. Si bien, como digo, se consigue mucho material sobre las pensadoras, hay otras tantas que todavía no están editadas ni siquiera. Eso, por supuesto, hace muy difícil la visibilización y la recuperación de su pensamiento. Creo que iniciativas como estas, que se proponen replantear los programas curriculares y cuestionar el canon que recorta nuestra tradición filosófica, contribuyen a que estas obras que no están editadas se editen, a que las que no están traducidas se traduzcan. No obstante, despertar cierta inquietud ya es un punto de partida interesante, porque el acceso a los textos no es imposible.

-En los programas aparece fuertemente la defensa de los derechos de las mujeres, aunque en el caso de las pensadoras antiguas no se hablaba aún de “feminismo”…

-Sí, en los programas aparecen distintas formulaciones que se pueden vincular con una defensa de los derechos de mujeres y diversidades. Por supuesto, en el caso de los testimonios de filósofas y pensadoras de la Antigüedad y la Edad Media puede ser anacrónico plantear la cuestión del feminismo. Sin embargo, en todos los casos hay una enunciación que se hace muy visible: la necesidad de hacer explícitas las dificultades y limitaciones que afrontan por su condición de mujeres. El caso de Christine de Pizan es el más claro en cuanto a la conciencia de que se enfrenta a una tradición de pensadores, poetas y filósofos que han representado a la mujer como un ser inferior al hombre en todos los aspectos, intelectual, moral e incluso biológico. Es muy elocuente: no es un hombre o dos, sino que reconoce que “no hay texto exento de misoginia”. Ella es muy clara al respecto y su objetivo es cuestionar y desmantelar los pilares teóricos y jurídicos que sostienen una diferencia ante la ley que priva de derechos a las mujeres.

-El programa dedicado a Sor Juana Inés de la Cruz cierra con una frase suya en la que ironiza: “Qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina, suelo decir ‘si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito’”. ¿Crees que el pensamiento filosófico feminista capitaliza de algún modo ese “tiempo (lugar) en la cocina”?

-Esa cita es genial. Una cosa muy llamativa es que en la mayoría de las filósofas que presentamos (llama más la atención cuando se trata de filósofas antiguas) hay un uso muy sutil de la ironía. El humor y la ironía fueron recursos muy utilizados por los filósofos antiguos y hay una apropiación de ese recurso por parte de las filósofas que por momentos permite aligerar la solemnidad que atribuimos a la reflexión filosófica y también es un astuto medio para aliviar la necesidad de decir cosas que no se pueden decir. Si bien hay mucha ironía en la cita de Sor Juana, es cierto que ella encontraba estimulante cocinar, y hay cartas en las que cuenta que la experiencia de la cocina le permite reflexionar sobre procesos naturales. Pero, por otra parte, por supuesto que también está jugando con ese “lugar natural” de la mujer, y su audacia es marcarle la falta al Filósofo (con mayúsculas) que es Aristóteles por haber ignorado ese campo. Hay una audaz reapropiación de ese lugar porque lo vuelve algo distinto: lo desvincula de lo doméstico y lo vuelve escenario de indagaciones científicas. Hay muchos lindos casos de cruces entre los feminismos y la cocina: hay una compilación de recetas en broma que vendían las sufragistas para recaudar fondos, el Women’s suffrage cookery book, donde por ejemplo publica una receta Louisa May Alcott, la autora de Mujercitas.

-A propósio de Siobhan Guerrero Mc Manus, Alba Rueda plantea la necesidad de construir una memoria histórica a partir del pensamiento descolonizador…

-El interesante aporte de las filosofías decoloniales a los feminismos es que ponen en perspectiva y sitúan las reflexiones en torno al género y al sexo. Las categorías sexo-genéricas dejan de ser pensadas como categorías objetivas y universales y se expone su carácter histórico y situado. Esa memoria de la que nos habla Alba Rueda es la de otras culturas que comprendían y comprenden las categorías sexo-genéricas de formas muy diversas y en las que no hay una diferenciación tajante entre hombre y mujer. Esa diferenciación, según dicen Donna Haraway y otras, es histórica, y, además, tardía.

-¿Cuáles son hoy los principales puntos de cruce entre la agenda de los feminismos y la filosofía?

-No podría responder, ya que no soy una estudiosa de los feminismos. Me dedico a la Historia de la Filosofía y fue desde ese saber que sentí la urgencia de abordar este tema. En el armado de los programas de estudio se empezó a notar la urgencia por incorporar una perspectiva de género frente a la ausencia constante de otras voces. Mi aproximación a estas pensadoras feministas y a esta propuesta que es Palabras en Llamas tiene que ver con la necesidad de revisar el canon con el que nos formamos, del que, de un modo u otro, somos continuadores, y que debemos revisar, cuestionar, ampliar y enriquecer.

-Hicieron entrevistas en el Colegio Máximo de los Jesuitas en San Miguel, en el observatorio astronómico de Parque Centenario… ¿En qué medida los escenarios contribuyen al objetivo del programa?

-A mí me parece que los escenarios son esenciales. Por más que el programa sea acerca de pensamientos, de textos, de conceptos o ideas, siempre se piensan desde un lugar, en un lugar. En un cuerpo, rodeado de otros cuerpos, en espacios. Hay una cosa que siempre me llama la atención: la materia que dicto es Filosofía Antigua y Medieval, y en algún momento del curso, cuando conversamos con les estudiantes sobre cómo se representan al sabio o al filósofo, que son dos figuras esenciales del período, que comienzan a configurar características que van a marcar toda la historia del pensamiento, lo más usual es que se lo representen, en primer lugar, y claramente, como hombre, pero además como individuos aislados, es decir, en alguna actitud reflexiva, solitaria, en un espacio cerrado, en un interior. Muchas veces aparece la imagen de ese sabio como en la torre de marfil, en un espacio separado de lo mundano, tal vez rodeado de libros. Esto me llama mucho la atención, porque cuando uno revisa efectivamente las biografías, las historias de los filósofos, en su mayoría fueron hombres y mujeres que vivieron rodeados y en discusión permanente con otros. Primero en escuelas filosóficas y, a partir del siglo XIII, en universidades. Fueron personas que viajaron, que recorrieron el mundo, que intervinieron en política. Por eso es importante ubicarnos en distintos lugares cuando nos presentamos como filósofos. Son espacios que también rompen un poco con los espacio en que solemos ubicar a los filósofos. Grabar el programa de Hipatía de Alejandría, una astrónoma, en el Observatorio fue una gran posibilidad.

-Palabras en Llamas se estrenó en los primeros meses del aislamiento social por la pandemia. ¿Qué papel creés que juega la Universidad promoviendo contenidos culturales en tiempos de crisis?

-El contexto del aislamiento social de la pandemia aceleró cierto proceso que ya existía, relacionado con una dimensión en la que transcurre nuestra vida y nuestro tiempo, que es la de las redes sociales. Muchos de nosotros y nosotras, especialmente les estudiantes, habitan y reconocen como un espacio de intercambio muy establecido el de las redes, y en ese sentido creo que la Universidad, con su promoción de contenidos culturales, debe reconocer ese espacio como un espacio en el que es fundamental tener cierta presencia.

-¿La idea es continuar con este proyecto?

-Sí. De hecho quedaron entrevistas pautadas que no pudimos concretar por lo que ocurrió este año, pero en la medida en que vayamos recuperando la posibilidad de movernos y encontrarnos, vamos a reprogramar. Así que espero que sí, que pronto podamos continuar.

Los programas se pueden ver en el sitio de UniTV.

Brenda Liener

* La nota fue publicada en la edición del 19 de noviembre de Noticias UNGS

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