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Lunes 28 de septiembre de 2020

Fortalezas y límites del abastecimiento frutihortícola en el AMBA durante la crisis sanitaria

Los hogares del Conurbano Bonaerense continuaron teniendo frutas y verduras durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. Al mismo tiempo, se conocieron tensiones y clausuras en distintos puntos del Gran Buenos Aires. ¿Qué pasó en el medio? ¿Cómo se aseguró el abastecimiento? ¿Está preparado el sistema de producción, distribución y comercialización metropolitano de alimentos para una crisis de esta magnitud?

La Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS) dió a conocer las primeras indagaciones del estudio sobre el impacto de la pandemia por COVID-19 en las actividades de los mercados frutihortícolas del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El diagnóstico corresponde al eje “producción y trabajo” de la investigación Prevención y monitoreo del COVID-19 en municipios del Conurbano Bonaerense desde una perspectiva multidimensional

Entre los meses de junio y agosto de 2020, Andrés Barsky - Instituto del Conurbano (ICO) de la UNGS- y María Eugenia Ami -Tecnicatura en Economía Social del Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N° 46 de la Provincia de Buenos Aires- realizaron un primer relevamiento de la situación de los mercados mayoristas frutihortícolas del Conurbano Bonaerense, para conocer en qué medida resultó afectada su operatoria en el nuevo escenario. Para esta aproximación, analizaron entrevistas realizadas a informantes clave, webinars especializados, notas periodísticas, boletines informativos municipales e información pública brindada por los mercados.

Considerando esenciales las actividades de producción, distribución y comercialización de alimentos, con la crisis sanitaria se instaló en la agenda pública la importancia de contar con un sistema de abastecimiento adecuadamente organizado en una región urbana como el AMBA. En el informe presentado, se caracterizan las intervenciones, interacciones y medidas de actores públicos y privados de cara al sostenimiento de la provisión de alimentos para 15 millones de personas.

Acción público-estatal

En relación a la respuesta del estado frente a la pandemia, Andrés Barsky y María Eugenia Ami rescatan la serie de 11 documentos sobre “Lineamientos de Buenas Prácticas para la Producción Agropecuaria para el COVID-19” publicados tempranamente por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación con participación de organismos como el INTA y el SENASA. Los materiales proponen recomendaciones y protocolos sanitarios para diversos ámbitos y actividades del sistema agroalimentario. 

“Los mercados mayoristas, al igual que los geriátricos, los sanatorios y las cárceles, son considerados como ámbitos estratégicos a la hora de planificar acciones de gestión, ya que presentan la particularidad de ser espacios por los que circula cotidianamente gran cantidad de población, constituyendo lugares propicios para la difusión del virus” aclaran Barsky y Ami. Los/as investigadores/as informan que en la etapa inicial de la pandemia se dieron dificultades operativas -derivadas del control de rutas y el cerramiento de caminos dispuestos por distintas administraciones provinciales y municipales- que llevaron a la creación de la “Mesa Provincial de Mercados Mayoristas Frutihortícolas”, con la participación del Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires y los mercados.

El equipo de investigación considera que el rol de los municipios para determinar el cierre y/o continuidad de los mercados resultó decisivo. Como consecuencia, en varios mercados mayoristas de la zona norte y oeste del Gran Buenos Aires se registraron clausuras con distintos plazos de duración. En el caso de tres de los mercados más importantes de la zona sur, se realizó un acuerdo en conjunto con los municipios para un cierre coordinado de 15 días.

(Des)fragmentación y más allá

El cierre temporal de mercados mayoristas del Conurbano trajo situaciones de “alta sensibilidad” para el sector por la interrupción de cadenas de abastecimiento de productos perecederos. El equipo de investigación relata que eso obligó a los actores de la producción –especialmente a los productores hortícolas del cordón periurbano del AMBA– y de la comercialización (consignatarios) a colocar sus mercaderías en otros circuitos mientras durara la clausura. “Esta situación demostró que se registra una importante capacidad adaptativa de los oferentes en situaciones de adversidad, pero también una gran fragmentación operativa y de gestión”, destacan Barsky y Ami.

Sobre la implementación de protocolos, el estudio preliminar señala que hubo una mejora general de las condiciones de higiene de los mercados. No obstante -aclaran los/as investigadores/as- continúa siendo difícil el cumplimiento de determinados estándares de formalización para una importante franja de proveedores y operadores.

Barsky y Ami concluyen que los mercados frutihortícolas han demostrado capacidad adaptativa, “generando acciones reactivas desde los distintos actores que componen las tramas productivas y comerciales”. El principal indicador que resaltan es que en ningún momento se interrumpió el abastecimiento de frutas y hortalizas a nivel metropolitano, a pesar de los cierres de centros. Señalan que, en esto, resultó decisivo el papel del Mercado Central de Buenos Aires, que cumple un rol fundamental en el abasto alimentario como referente en la formación de los precios mayoristas y minoristas.

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