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Martes 19 de noviembre de 2019

La rentabilidad en cuestión

“Algunos informes muestran que Vaca Muerta no es viable financieramente”, enfatiza la socióloga Gabriela Wyczykier sobre ese megaproyecto de extracción de hidrocarburos no convencionales, y agrega: “El problema del consenso y de la viabilidad no es sólo puesta en cuestión por grupos ambientalistas, por organizaciones mapuches y por informes médicos que alertan sobre todas las enfermedades que traen aparejado el fracking y la explotación de hidrocarburos, sino también por algunas organizaciones financieras que dicen que no es rentable, por varios motivos, entre ellos, por la fuerte dependencia de los subsidios”.

Wyczykier es integrante del área de Sociología del Instituto de Ciencias de la UNGS y se dedica a estudiar las características y los alcances del megaproyecto Vaca Muerta, en el marco de un grupo de investigación de reflexión crítica sobre el sistema energético argentino. Vaca Muerta es una formación geológica de una superficie de 30.000 km2 que contiene reservas de hidrocarburos (gas y petróleo) no convencionales y que está ubicada fundamentalmente en Neuquén, pero que también se extiende en menor medida a Rio Negro, La Pampa y Mendoza. Su riqueza en recursos hidrocarburíferos situó a la Argentina en el segundo lugar mundial como reserva de gas no convencional y en el cuarto en relación con el petróleo de estas características.

“Por estas características –indica Wyczykier–, Vaca Muerta se transformó en un megaproyecto que política, económica y sociológicamente implica otras cosas, ya que supone una concatenación de procesos productivos para extraer esos recursos que están en una roca madre y a los que no se puede acceder utilizando las técnicas tradicionales”.

La técnica que permitió el acceso a estos recursos no convencionales es el fracking, o fractura hidráulica, que consiste en la fractura de las rocas que contienen hidrocarburos almacenados en sus poros. Está técnica ha despertado dudas y resistencias debido a los impactos adversos que genera sobre el ambiente y la salud de los pobladores y por la emisión de gases de efectos invernadero, entre otros. “Estudios realizados en otras latitudes dan cuenta de la vinculación de la actividad no convencional con distintas afecciones referentes a la salud de las poblaciones: cáncer, problemas respiratorios, contaminación sonora, lumínica, y aumento de accidentes de los trabajadores de la actividad petrolera son algunos de los que se describen como preocupantes”, explica la especialista.

En un artículo reciente Wyczykier escribió junto a Juan Antonio Acacio que “Vaca Muerta se inscribe en un contexto geopolítico ligado a una etapa del capitalismo en la cual se produce energía extrema”. ¿Qué es la energía y cómo se produce? La socióloga afirma: “La energía extrema es un concepto relacionado al avance en la explotación de recursos a los cuales antes no podíamos acceder para proveer a la sociedad de energía fósil y que supone una intromisión muy abrumadora sobre los territorios, los mares, y la utilización de tecnologías que avasallan la naturaleza y las poblaciones que allí habitan”.

“Vaca Muerta requiere un debate público, informado y democrático”, subraya Wyczykier. “Los subsidios son dinero público. Todos estamos contribuyendo a solventar una actividad, como la extracción de hidrocarburo no convencional, con la esperanza de que en algún momento sea autosustentable, pero actualmente lo que muestran algunos investigadores y organizaciones es que difícilmente llegue a ser plenamente autosustentable y que el Estado, de una manera o de otra, siempre tiene que estar sosteniendo la actividad. Y las empresas fundamentalmente extraen sus ganancias de los subsidios, porque les sirve para pagar los salarios y los insumos, y el dinero que obtienen como rentabilidad en el caso de las trasnacionales se lo llevan afuera”.

Wyczykier indica que la rentabilidad financiera de la actividad es un punto a debatir. “Hay que discutir con aquellos sectores que defienden la actividad, porque los actores resistentes están alertando hace tiempo sobre la insustentabilidad ambiental del proyecto. El problema de la sustentabilidad financiera también hay que ponerla en cuestión”.

Marcela Bello

* La nota fue publicada en la edición de noviembre de 2019 de la revista Noticias UNGS

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