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Miércoles 16 de diciembre de 2020

Un año fuera de programa

Sociólogo, investigador docente regular del área de Sociología del Instituto de Ciencias y vicerrector de la Universidad desde 2014, Pablo Bonaldi se hizo cargo de las tareas del rectorado cuando en diciembre del año pasado Gabriela Diker solicitó licencia en ese cargo para asumir una importante responsabilidad en el área educativa del gobierno nacional. En esta conversación, Bonaldi pasa revista al camino recorrido por la UNGS en este año tan excepcionalmente desafiante.

– Este ha sido un año muy particular. ¿Cuál ha sido la orientación que se buscó dar a las distintas acciones que se llevaron adelante en la Universidad?

– Efectivamente, este ha sido un año muy difícil. La pandemia alteró radicalmente el funcionamiento de la vida social en su conjunto. Y a quienes tenemos la responsabilidad de gobernar instituciones nos obligó a tomar decisiones repentinas, en un contexto de muchísima incertidumbre. La primera decisión importante que tomamos, casi en simultáneo con la suspensión de todas las actividades presenciales, fue la de sostener la continuidad pedagógica y el vínculo con los estudiantes. A pesar de las enormes dificultades que hubo que sortear, desde el primer momento la Universidad toda se puso a trabajar para implementar formas de enseñar, de manera remota o a distancia, usando aulas virtuales, plataformas de encuentro, tipo zoom o meet, grabando videítos, mandando largos audios, haciendo transmisiones en vivo por instagram o facebook, ofreciendo guías de lectura o trabajos prácticos por mail. Todo ello se hizo al comienzo de manera muy precaria e improvisada, sin contar con los recursos necesarios, pero sirvió para poner de manifiesto el compromiso y el empeño de los y las docentes por sostener el vínculo con sus estudiantes. Una de nuestras preocupaciones más importantes en todos estos meses fue la de ir mejorando las condiciones en las que se llevan adelante las actividades formativas. Para ello se trabajó intensamente en reforzar los soportes informáticos, optimizar el uso de las aulas virtuales, facilitar el acceso a los materiales de estudio, ya sea de manera digital o impresos, ofrecer conectividad sin consumo de datos móviles, capacitar a los equipos docentes y brindarles mayores recursos para desplegar sus clases. El contexto es extremadamente difícil, pero es mucho lo que se ha hecho en ese sentido. Como lo expresé en más de una oportunidad en mis informes de gestión ante el Consejo Superior, la primera responsabilidad que tenemos como Universidad es garantizarles a los y las jóvenes de la región el derecho a formarse, a continuar con sus estudios.

La otra preocupación que estuvo muy presente desde el primer momento fue la de movilizar todos los recursos con los que cuenta la UNGS para hacer frente a una situación social y sanitaria extremadamente delicada. Para ser justo, debo decir que no solo la UNGS, sino todo el conjunto del sistema universitario, se puso a trabajar intensamente para atender a las múltiples demandas que generó la pandemia. En cada caso según las potencialidades de cada universidad o las necesidades de la región. En la UNGS, lo primero que querría destacar es el compromiso de los equipos de investigación que rápidamente movilizaron sus saberes, experiencias, redes de contactos y recursos para comenzar a interrogarse y a producir conocimientos sobre la pandemia. Desde modelados matemáticos para interpretar la evolución de la pandemia hasta relevamientos detallados de las condiciones del aislamiento en los barrios del conurbano bonaerense. O bien, utilizar los saberes de la educación popular y la experiencia de las organizaciones sociales en el territorio para diseñar mejores herramientas de prevención y de cuidado. Dos aspectos querría mencionar, porque me parecen relevantes. El primero es la rápida reacción del gobierno nacional, que decidió financiar distintas convocatorias a trabajos de investigación que produjeran conocimientos sobre la pandemia y cómo enfrentarla. El segundo es la muy activa y exitosa participación de los equipos de la UNGS en todas esas convocatorias. Ello se debe en parte a que la UNGS es una universidad de investigación, pero también a la sensibilidad de nuestros investigadores y nuestras investigadoras, que no vacilaron en reorientar sus trabajos de investigación o de intervención para enfocarlos en los temas surgidos de la pandemia. De allí surgirán, sin duda, los aportes más propios que la Universidad puede hacer, porque son los que movilizan sus saberes específicos.

Hubo otro conjunto de iniciativas que estuvieron orientadas a atender algunas necesidades o demandas puntuales del territorio, como por ejemplo la creación de un Centro de telemedicina para el seguimiento y acompañamiento de personas contagiadas o en contacto estrecho. Se trata de un trabajo articulado con el Ministerio de Salud de la provincia y los municipios locales. Con estos últimos estamos colaborando además en otras actividades de salud, como por ejemplo la campaña para promover la donación de plasma. Si estas acciones apuntan a la situación sanitaria, hubo otras que buscan atender a la situación social. En particular, querría mencionar la creación del Fondo Solidario de la UNGS. Esta es una iniciativa que surgió desde los propios trabajadores de la Universidad, que, sabiendo de las enormes necesidades alimentarias que hay en el territorio, propusieron la creación de un fondo que, con aportes voluntarios del personal y otras donaciones, pudiera acercar algunos alimentos y otros recursos a las organizaciones que estaban en una situación más precaria. Digo, con mucho orgullo y satisfacción, que no solo la idea surgió colectivamente sino que toda la organización y ejecución del Fondo es colectiva. Fue aprobada por el Consejo Superior y participan activamente el Consejo Social, trabajadores no docentes y docentes, estudiantes y los sindicatos. Allí radica una de las fortalezas de la iniciativa. En estos meses se ha podido acercar a las organizaciones, además de alimentos, elementos de higiene y protección personal, libros, material educativo para niños en edad escolar, preservativos y otros elementos de prevención sexual, y folletos sobre cuidados por el COVID, elaborados por un equipo de investigadores e investigadoras del Instituto del Conurbano. Más allá del aporte de recursos materiales, que son absolutamente necesarios, vemos a la implementación del Fondo como una oportunidad de colaborar en la construcción de un tejido asociativo que es fundamental para fortalecer el vínculo de la Universidad con el territorio. Esta también es una de las formas en las que la universidad debe estar presente.

-¿Cómo nos fue en el terreno de la formación, de las clases? ¿Cómo estamos terminando el año? ¿Cuántos estudiantes lograron terminar exitosamente sus cursos? ¿Cómo funcionaron las mesas de examen?

-No es fácil hacer un balance del año porque hay una muy amplia heterogeneidad de situaciones. El impacto de la suspensión de las clases presenciales no fue igual en el grado que en el posgrado o en la Escuela secundaria. También fueron distintos el primer y el segundo semestre. En el primero fue necesario sostener la continuidad pedagógica a como diera lugar, y para ello se adoptaron múltiples formas de comunicación entre docentes y estudiantes, que permitieron continuar enseñando de manera remota. Fue una situación de emergencia en la que se recurrió a lo que había a mano, con pocas posibilidades de planificación o de organización institucional. Es más, nos embarcamos en esa virtualidad forzada con la expectativa de poder volver a la presencialidad antes de la finalización del semestre. Expectativa que se fue desvaneciendo completamente con el correr de las semanas. En el segundo semestre ya se pudo planificar mejor, contar con más recursos y encontrar estrategias de enseñanza en modalidad virtual más adecuadas. Hubo un aceleradísimo proceso de aprendizaje del uso de las tecnologías y una alta capacidad de adaptación de los equipos docentes que merece destacarse con el mayor énfasis. Ello permitió que pudieran dictarse virtualmente casi la totalidad de las asignaturas de las carreras de grado y pregrado. Solo no se pudieron dictar un puñado de materias, aproximadamente una decena, que tienen una fuerte carga experimental en sus contenidos, que requieren de clases presenciales en talleres y laboratorios, y que no hallaron formas alternativas de reemplazar esa experiencia. Otras asignaturas lograron dictarse en la virtualidad pero no pudieron acreditarse y están pendientes de regularización. Algo similar ocurrió con los turnos de exámenes que tuvieron que reprogramarse y adecuarse a las nuevas circunstancias. Si bien una amplia mayoría de las asignaturas encontró formas posibles de evaluar, hay aproximadamente una cuarta parte de las asignaturas que aún no pudieron tomar exámenes finales. Sobre todas estas cuestiones se trabajó muy intensamente durante el año. Porque fue necesario explorar alternativas, adecuar nuestras normas, consensuar esquemas de trabajo, elaborar procedimientos específicos. Una de las características llamativas de esta situación tan particular que nos toca atravesar es que, de a poco, fuimos encontrando unos modos de hacer aquellas cosas que uno o dos meses antes nos parecían imposibles. Fuimos aprendiendo y encontrando soluciones sobre la marcha. En términos de lo que usualmente se entiende como rendimiento estudiantil, aún es prematuro y no tenemos datos definitivos como para saber cuál ha sido el impacto de estos semestres en la virtualidad. Es probable que en 2020 se registre un menor avance en sus trayectorias individuales. Dato que será preciso poner en perspectiva, porque mucho más que otras veces ese desempeño académico estará asociado a unas condiciones generales de vida, laborales, familiares, emocionales y de estudio que se vieron muy afectadas por la pandemia. Un dato ciertamente alentador es que no ha habido en estos meses un número mayor de estudiantes que haya decidido dejar de cursar y abandonar los estudios. A pesar de las dificultades, o para decirlo mejor, aún con las enormes dificultades que imponen la situación social y sanitaria y la virtualización de las clases, los y las estudiantes continuaron apostando por sostener el vínculo con la universidad.

-¿Hubo algunas actividades presenciales en la Universidad en estos nueve meses?

-No, no. Hubo muy poca presencia física, solo la que resultaba absolutamente imprescindible y que estaba permitida por la propia normativa nacional al ser considerada como parte de las actividades esenciales.

-¿Qué adecuaciones fueron necesarias para que la Universidad continuara funcionando sin la concurrencia física de trabajadores a las sedes?

-La primera preocupación, como ya dije, fue sostener las actividades formativas en los distintos niveles. Una segunda preocupación fue mantener activo el sistema de gestión administrativa para continuar acreditando salarios, pagar becas, realizar designaciones y contrataciones, gestionar licencias, efectuar compras y pagos a proveedores, entre tantas otras tareas administrativas que no podían ser suspendidas. En este punto fue de mucha ayuda todo el trabajo previo que la Universidad había hecho desarrollando el Sistema Único Documental (SUDOCU), porque ante la emergencia se decidió comenzar a implementar este sistema de expediente digital, que permitió continuar con las distintas tramitaciones a través de una plataforma confiable, eficiente y capaz de ser gestionada de manera remota. La necesidad nos forzó a adoptar repentinamente una herramienta que, en condiciones normales, pensábamos ir incorporando de manera más gradual. De todos modos, la respuesta del sistema ha sido muy satisfactoria. Otra preocupación importante fue garantizar la continuidad de funcionamiento de los órganos colegiados de gobierno. En un principio la suspensión de toda actividad presencial implicó la imposibilidad de reunir al Consejo Superior y a los Consejos de Instituto. Por la lógica de funcionamiento de estos órganos de gobierno, por los procedimientos altamente formalizados que rigen sus prácticas y por la necesidad de garantizar su carácter fuertemente deliberativo, no resultaba fácil imaginar su funcionamiento de otra manera que no fuera presencial. Este problema, lo vimos, se dio con el propio Congreso de la Nación y casi con cualquier órgano colegiado de gobierno. Pero a la vez que teníamos presente esas dificultades, estábamos convencidos de que en este contexto de excepcionalidad, más que en cualquier otro momento, era necesario reforzar un modo colectivo, participativo y deliberativo de abordar los problemas y de tomar decisiones. Así que, allá por el mes de abril, iniciamos varias rondas de conversaciones con consejeros y consejeras de todos los claustros y de todos los espacios políticos para acordar unas reglas de funcionamiento en la virtualidad que respetasen todas las garantías que corresponden a un órgano político de gobierno. Y en mayo ya tuvimos una sesión plenaria del Consejo Superior, lo cual también sirvió para habilitar el funcionamiento de los Consejos de Instituto. En mi opinión esto fue clave, porque en los meses siguientes nos vimos obligados a tomar muchas decisiones de suma importancia que se vieron fortalecidas por el hecho de contar con el respaldo de haber sido discutidas y aprobadas por los respectivos Consejos.

Señalé algunas actividades que me parecen transversales o vertebradoras, pero en verdad casi todas las áreas de la Universidad se fueron organizando y pusieron mucha cabeza, mucho esfuerzo, muchísima creatividad para explorar modos más o menos ingeniosos de llevar adelante sus funciones a través de diferentes recursos tecnológicos. Las charlas de presentaciones de carreras por Instagram, los varios conversatorios que compusieron el Encuentro de Bibliotecas, las inscripciones en línea para las becas, las propuestas del área de Bienestar para hacer actividad física desde la casa, las presentaciones de libros online, la elaboración de proyectos para la discusión de presupuesto participativo, los equipos de la radio y del canal de televisión ingeniándoselas para seguir transmitiendo a pesar de no poder usar los respectivos estudios, las muchas actividades culturales, desde los ciclos musicales, los videítos y las transmisiones del Museo Imaginario, las mesas de debate sobre la actividad teatral o las muy interesantes jornadas de la UNGS danza. Y seguro que me estoy olvidando muchísimas otras. Sería imposible listar todas las actividades que se han llevado adelante en estos meses, solo me permití recordar algunas de ellas como una muestra de la vitalidad incansable de nuestra institución. Por cierto: esta misma revista se tuvo que reinventar para adecuarse a los tiempos y las preocupaciones de la pandemia.

-Hace un rato mencionó la importancia de haber logrado que el Consejo Superior pudiera sesionar de manera remota. ¿Qué iniciativas destacaría de las que se aprobaron este año?

-¡Uh! Fueron muchas, porque a pesar de la virtualidad el Consejo estuvo muy activo. Una iniciativa que nos tiene muy entusiasmados es la creación de la Maestría en Género y Derechos. Se trata de una carrera de posgrado organizada conjuntamente con la Universidad Autónoma de Entre Ríos y en la que participan investigadoras docentes de los cuatro Institutos. Ya fue presentada para su acreditación en la CONEAU, lo que muy probablemente ocurra el año próximo. La creación de esta Maestría se inscribe en un conjunto de acciones que viene desplegando la UNGS desde hace varios años para colocar en la agenda e intervenir activamente sobre los temas de género y diversidades. Escuchar, acompañar, orientar, formar, producir conocimiento, transversalizar las discusiones y procurar desactivar los mecanismos sobre los que se montan las desigualdades y la violencia de género es un mandato institucional claro. Otra iniciativa importante fue la creación del SIED, el Sistema Institucional de Educación a Distancia, que una vez acreditado y desplegado nos va a permitir ampliar el número de cursos y asignaturas que se pueden dictar a distancia. Estamos convencidos de que es necesario trabajar en esta línea que, a la luz de lo ocurrido durante la pandemia, va a tomar muchísimo impulso y que le va a dar a la oferta formativa de la UNGS una proyección y un alcance de mayor trascendencia. Pero además se aprobó la conformación del Fondo Solidario con aportes de los trabajadores y trabajadoras, se formalizó la creación del Repositorio Institucional Digital de Acceso Abierto, en concordancia con lo que establece la normativa nacional, se creó una nueva beca de materiales de estudio, para facilitar el seguimiento de la cursada virtual, se ampliaron las oportunidades de las becas de apoyo al estudio, se prorrogaron por seis meses las becas de investigación y docencia, y se aprobaron convenios importante sin los cuales no se habría podido desplegar un conjunto de investigaciones sobre la pandemia o concretar iniciativas tales como el centro de seguimiento telefónico de personas con COVID.

-En estos días está cumpliéndose el primer año de un nuevo gobierno. ¿Qué cambió en la relación con las universidades?

-Se trató de un cambio de 180 grados, pues como ya lo hemos dicho en innumerables ocasiones, el anterior gobierno ejecutó un sostenido ataque a las universidades públicas a través del ahogo presupuestario, las persecuciones judiciales, la violación a la autonomía y una persistente campaña de desprestigio. Con el nuevo gobierno la relación es muy diferente, porque hubo desde el inicio un mayor respeto y reconocimiento al lugar de las universidades. Ello se expresa de múltiples formas, pero querría destacar una en particular. Las universidades hemos vuelto a ser un interlocutor privilegiado para el Estado en sus diferentes instancias. Ya sea que se trate de colaborar con la emergencia sanitaria, de capacitar a los propios agentes estatales, de proyectar el tendido de redes cloacales y de agua a los barrios populares, o de asistir a las PyMES para mejorar su capacidad productiva, siempre se recurre a nuestras instituciones buscando contar con el aporte específico de las Universidades. Y esa fluida interlocución es decisiva para poder cumplir adecuadamente con la función social de nuestras universidades.

-¿Cómo funcionó este año el sistema universitario? ¿Qué discusiones se están dando en el CIN?

-Yo diría que el conjunto del sistema universitario estuvo atravesado por tres preocupaciones. Una, cómo colaborar para hacer frente a tan durísima situación sanitaria y social. Otra, cómo sostener la continuidad pedagógica ante la suspensión de actividades presencial. Y la tercera, cómo seguir funcionando pese a las severas restricciones presupuestarias resultado del desfinanciamiento del gobierno anterior y de la no aprobación del presupuesto 2020. Esto último obligó a la Secretaría de Políticas Universitarias a disponer de recursos adicionales para garantizar la cobertura de los gastos mínimos de funcionamiento. Una discusión interesante que comenzó a darse en el seno del CIN es la referida a una eventual reforma de la Ley de Educación Superior. Como es sabido, el presidente Alberto Fernández lo anunció en su discurso de apertura de sesiones del Congreso de la Nación, pero la pandemia impidió avanzar con ello. De todas formas, el CIN decidió crear una comisión (para ser precisos: una sub-comisión de la Comisión de Planeamiento) para comenzar a tratar los distintos aspectos de este tema. La UNGS está participando activamente de ese espacio, llevando algunas posiciones que podríamos resumir en los siguientes puntos: sostenimiento del principio –introducido por la reforma de 2015 de la ley– de la educación superior como un derecho universal, del principio del ingreso irrestricto y del principio de la gratuidad, sostenimiento de la necesidad de democratizar el funcionamiento del gobierno de las universidades, de establecer la paridad de género en sus cuerpos colegiados y de garantizar la asignación transparente y no arbitraria de las partidas presupuestarias necesarias para que todas las universidades del sistema puedan cumplir adecuadamente su misión.

-¿Cómo se imagina la vuelta a las clases presenciales en la Universidad?

-¡Compleja! A todos nos gustaría volver a ver pronto esas postales de un campus colmado de estudiantes, llenando las aulas o conversando en grupo sobre el césped. Pero tenemos que ser cuidadosos. Hemos estado trabajando estos meses en la elaboración de un protocolo general y de protocolos específicos para garantizar el estricto cumplimiento de las condiciones de seguridad e higiene requeridas. En el protocolo general se establecen las capacidades máximas de los espacios físicos, que en el caso de las aulas y laboratorios es de aproximadamente una tercera o una cuarta parte de la que era antes de la pandemia. Será preciso establecer entonces algunos criterios de prioridad para la asignación de los espacios. Y ello requerirá de un análisis minucioso y un armado casi artesanal de la oferta. A priori, imaginamos que todas aquellas asignaturas que encontraron mayores dificultades para dictarse en la virtualidad, muchas de las cuales tienen una parte experimental, van a tener prioridad en poder concurrir al campus. Y habrá que ver qué otras prioridades son necesarias. Quizás la de algunos talleres iniciales o materias de los primeros años. Otras asignaturas se continuarán dictando completamente en forma virtual durante el primer semestre de 2021. También estamos explorando esquemas mixtos, con asignaturas que se puedan dar mayoritariamente en modalidad virtual pero con dos o tres encuentros presenciales para trabajar sobre ciertos contenidos específicos o para las instancias de evaluación. De hecho, estamos trabajando en la hipótesis de que aquellas asignaturas que no pudieron tomar exámenes durante el 2020, porque requerían hacerlo en la presencialidad, puedan concurrir en febrero al campus para esa actividad. Pero, tal como ha sido una constante en este año, tenemos que movernos con distintos escenarios pues nuestras decisiones van a estar condicionadas por la evolución de la cantidad de contagios, el avance de la campaña de vacunación y los permisos que otorguen las respectivas autoridades sanitarias o educativas.

-¿Podría adelantarnos algunos de los asuntos que formarán parte de la agenda de la UNGS en 2021?

-Organizar la vuelta a la presencialidad de estudiantes y de trabajadores docentes y no docentes será sin duda una de las primeras cuestiones prácticas que tendremos que abordar. A comienzos de año deberemos retomar también las conversaciones sobre la creación de nueva oferta formativa en la UNGS. En 2021 se iniciará el dictado del Doctorado en Economía, se estará tramitando la acreditación de la Maestría en Género y Derechos y se ofrecerán algunas nuevas diplomaturas acordadas con distintos ministerios, pero están además en consideración distintas propuestas de creación de carreras de grado y de pregrado que comenzarán a tener un procesamiento institucional y que deberán evaluarse en el marco de un análisis del conjunto de la oferta formativa de la UNGS. Tendremos que trabajar en el despliegue y la estructuración del Sistema Institucional de Educación a Distancia, lo cual implicará tomar una serie de decisiones sobre las características y el sentido que queremos darle a ese dispositivo. En paralelo a esas discusiones, impulsaremos un plan de acompañamiento y fortalecimiento del dictado virtual de las materias que supone capacitación de docentes, elaboración de materiales especialmente pensados y diseñados para la educación a distancia, refuerzo de servidores y ampliación de los recursos informáticos, entre otras acciones. Confiamos en poder avanzar con el Reglamento de Concursos Docentes y con el de Concursos No docentes. En particular el primero resulta de fundamental importancia, pues su aprobación permitirá concursar a una parte importante de los y las docentes de dedicación simple, permitiéndoles adquirir estabilidad plena y ciudadanía política. Ambos Reglamentos requieren de una discusión en paralelo con el Consejo Superior y los respectivos sindicatos. Abriremos la discusión sobre dos mecanismos de democracia participativa que están en nuestro Estatuto pero que aún no fueron reglamentados: la consulta no vinculante y el derecho de iniciativa. Promover estos mecanismos contribuirá sin dudas a ampliar la democratización de los procesos de toma de decisiones. En los próximos meses se retomará la discusión iniciada este año sobre el Reglamento de funcionamiento de los Consejos de Institutos. Avanzar con estas cuestiones no es más que poner en plena vigencia el nuevo Estatuto de la UNGS. En 2021 deberemos revisar y repensar el modo en que nos relacionamos con el Estado y con el territorio, con su trama socioproductiva, con sus instituciones educativas, con sus organizaciones sociales, porque de ello dependerá las reorientaciones de las agendas de investigación, de promoción del desarrollo tecnológico y social, y de promoción de la cultura. Asimismo, tendremos que profundizar una política de ampliación de derechos que permita fortalecer el programa de género y diversidad, ampliando el alcance de las actividades de formación o dando señales concretas, por ejemplo, de avanzar en una política de inclusión de personas trans. Pero también es preciso revitalizar la agenda de cuestiones referidas a la discapacidad y la accesibilidad al campus, así como la agenda de los derechos humanos en general. Con apoyo del gobierno nacional, confiamos en poder retomar la ejecución de un conjunto de obras de infraestructura que son fundamentales para el funcionamiento de la Universidad y que quedaron paralizadas durante el gobierno de Macri. En términos de mejoramiento del sistema de gestión, mucho es lo que se ha hecho, pero mucho también lo que queda por hacer. Es preciso repensar circuitos, analizar procedimientos, distribución de tareas, perfiles y estructura de puestos para poder atender del mejor modo posible a las múltiples necesidades institucionales que van surgiendo como resultado del propio crecimiento y de la diversificación de funciones en la UNGS. Como se ve, tenemos una agenda de trabajo nutrida y ambiciosa, pero estamos entusiasmados y confiamos en poder llevarla adelante. Somos optimistas. Estamos convencidos de que el año próximo será mejor y con buenas oportunidades. Esperemos tener la capacidad de saber aprovecharlas.

-¿Algo que quiera decir para terminar?

-Reiterar mi más profundo agradecimiento a cada integrante de la comunidad universitaria por el esfuerzo y el compromiso de siempre, pero que este año fueron redoblados para llevar adelante las tareas en circunstancias extremadamente difíciles. Agradecerle a cada estudiante, a los trabajadores y las trabajadoras docentes y no docentes, al resto de las autoridades de la Universidad por todo lo hecho. Si algo hemos vuelto a ratificar en este año difícil es que solo el trabajo, el esfuerzo y el cuidado colectivos nos permiten hacer frente a los peores problemas.

Eduardo Rinesi

* La nota fue publicada en la edición del 14 de diciembre de Noticias UNGS

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