Novedades

Novedades

Novedades

Lunes 30 de marzo de 2020

Una relación desigual

Sociólogas, investigadoras del CONICET con sede en el Instituto de Ciencias de la UNGS y autoras de ¿Cada una en su lugar? Trabajo, género y clase en los sectores populares (Biblos), Ania Tizziani y Débora Gorban reflexionan sobre imaginarios y realidades de la labor de las trabajadoras de casas particulares y de su vínculo con sus empleadores/as.

Históricamente, el trabajo doméstico remunerado ha sido un campo muy poco abordado en las ciencias sociales. Existen sin embargo algunos textos que ya se han vuelto clásicos en el estudio de esta actividad laboral, como la compilación realizada por Mary Castro y Elsa Chaney, que desde los años 90 marcan el camino para una línea de investigación que creció de manera sostenida en la última década. Desde 2008 hemos llevado adelante una serie de investigaciones que abordaron diferentes aspectos de la experiencia de trabajo de las mujeres que se desempeñan en el servicio doméstico y la particular relación que las vincula con sus empleadoras. Nuestro interés fue desde un primer momento reflexionar en torno de quiénes hacían ese trabajo, en qué consistían las tareas, cómo se desarrollaban, dónde y qué tipos de vínculos tejían las trabajadoras en su cotidianidad laboral. En Argentina, como en la mayoría de los países del mundo donde el servicio doméstico es una práctica extendida, se trata de una actividad que pone en contacto dos clases sociales muy desiguales: implica una interacción cara a cara entre dos actores que pertenecen a mundos sociales distantes que de ordinario no se cruzan. El objetivo que condujo nuestra indagación fue analizar las experiencias de las trabajadoras domésticas y los vínculos que construyen en esta práctica laboral, para dar cuenta de las trayectorias de las mujeres que se insertan en esa actividad, los condicionamientos que limitan sus horizontes de posibilidades y los criterios de jerarquización de clase que se movilizan en las interacciones cotidianas con sus empleadoras y que contribuyen a reproducir estas posiciones sociales desiguales.

Las mujeres que trabajan en el servicio doméstico pertenecen a los sectores menos favorecidos de la sociedad y son contratadas por hogares acomodados para realizar tareas domésticas y de cuidados. Se trata de un conjunto de tareas desvalorizadas, consideradas “no productivas” y no calificadas, es decir que no producen beneficios económicos ni requieren competencias o calificaciones específicas; se trata de un conjunto de tareas tradicionalmente asociadas a los saberes “innatos” femeninos y a los roles de género estereotipados. Sin embargo, al observar de cerca el trabajo cotidiano de las empleadas domésticas, se hace evidente que estas tareas requieren aprendizajes específicos, saberes técnicos y relacionales muy importantes, que van desde el manejo de herramientas y equipos de cierta complejidad, a competencias organizativas y de comunicación. Como muchas ocupaciones de servicios, que implican interacciones personalizadas y cotidianas entre trabajadoras y trabajadores y sus clientes, exige una carga importante de trabajo emocional. A su vez, se trata de una actividad en donde el cuerpo es una herramienta de trabajo y, en ese sentido, supone un desgaste físico significativo.

Trabajar en el servicio doméstico supone, para quienes lo ejercen, acercarse a los mundos privados de personas socialmente muy distantes. Este es uno de los rasgos que exploramos a lo largo de nuestra investigación: cómo se vive y de que manera se representa un trabajo que supone tanta proximidad física y a la vez una distancia social y económica tan grande. Nuestra mirada se centró particularmente en ese juego de proximidades y distancias: proximidad de trabajadoras y empleadoras en el espacio del hogar, en las experiencias de subordinación de género; distancias construidas a partir de la clase social de pertenencia y otras formas de diferenciación, como la etnicidad, la racialidad, la condición migratoria y de ciudadanía. No es casual que el titulo del libro que condensa los resultados de nuestra investigación sea una pregunta, ya que nos permite dar cuenta de la complejidad que encierra la relación laboral que analizamos. Los mecanismos que operan en el servicio doméstico construyen posiciones diferenciadas y las jerarquizan. Pero esas posiciones no son fijas o inamovibles. Las relaciones entre empleadas y empleadoras que analizamos muestran la fragilidad de estas construcciones cotidianas de la desigualdad, que no están excentas de resistencias, cuestionamientos, conflictos y negociaciones. Es por esa razón que la posición de cada una en esta relación siempre se define como una pregunta y no como una afirmación.

*La nota fue publicada en el número de marzo de la revista Noticias UNGS

Suscripción al newsletter
Seguinos en