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La configuración del sindicalismo neodesarrollista empresarial. Alianzas y di...

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La configuración del sindicalismo neodesarrollista empresarial. Alianzas y disputas en el ciclo kirchnerista

Un sector de las organizaciones del trabajo que se destacó por su dinamismo socioeconómico y peso político en la última década irrumpió como la figura sindical hegemónica del periodo. El sindicalismo neodesarrollista empresarial se caracteriza por conjugar un actor corporativo de envergadura capaz de operar como factor de poder, pero que muestra graves déficits en términos de representación de los intereses del conjunto de la clase trabajadora y una presencia debilitada en el sistema político. 

¿En qué contexto y bajo qué condiciones emergió el sindicalismo neodesarrollista empresarial? ¿Cuáles son sus especificidades? ¿Qué continuidades y rupturas presenta su configuración en relación con otras figuras del sindicalismo peronista en perspectiva histórica?

El patrón de acumulación abierto a partir de 2002 se definió por la yuxtaposición de una mayor concentración y extranjerización del capital con la implementación de mecanismos redistributivos coordinados por el Estado, en el marco de cambiantes alianzas con y entre los actores del trabajo y el capital.

La disminución del desempleo y la reindustrialización sustitutiva posibilitaron la incorporación de nuevos trabajadores y un recambio generacional de la fuerza de trabajo. Sin embargo, la persistencia de niveles de empleo no registrado que oscilaron entre el 30% y el 35% de los asalariados y la consolidación de la precarización como elemento estructural de las relaciones de trabajo, reforzaron la cristalización de fracturas y desigualdades al interior del conjunto laboral asalariado heredadas de la etapa de auge de las políticas neoliberales.

A diferencia de lo registrado en la etapa previa, las políticas gubernamentales se orientaron hacia la dinamización del mercado interno y una mayor activación del Estado en la regulación de la fuerza de trabajo, visto en la convocatoria anual e ininterrumpida a instancias de diálogo social tripartito (en el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil) y de negociaciones colectivas por rama de actividad (registrando un fuerte aumento de las negociaciones salariales con expansión de la cobertura). Y como resultado de esto, una recuperación relativa del poder adquisitivo de los salarios y de la participación de los trabajadores en el producto nacional.

    En el escenario planteado, el movimiento de trabajadores organizados experimentó un proceso de recomposición, con un predominio de las fracciones que representan a los trabajadores del sector privado formal de la economía, fundamentalmente de los servicios y la industria. Al interior de este conglomerado, un destacado papel del transporte automotor de cargas, vinculado con su posición estratégica en una economía motorizada y comandada por el sector productor de bienes para la exportación.

    Con estas condiciones se gestó un tipo particular de sindicalismo identificado con la cultura política peronista y con el Partido Justicialista. Las cúpulas del poder gremial se articularon de forma orgánica al sistema político, con un liderazgo casi indiscutido de Hugo Moyano como conductor de la CGT, que se desempeñó como el principal interlocutor de los trabajadores frente al Estado y el gobierno.

Se abrieron mesas de diálogo y consulta, se recogieron y concretaron históricas demandas de todo el arco sindical (apertura de paritarias, actualización del salario mínimo, derogación de las reformas laborales flexibilizadoras). Además, se concedió a los sindicalistas algunos puestos en la gestión gubernamental y se les abrió tímidamente las puertas del juego parlamentario (otorgando algunos lugares en las listas de legisladores). Por su parte, las dirigencias gremiales se adecuaron a los lineamientos del Poder Ejecutivo Nacional y se comprometieron con la contención de la conflictividad laboral en los lugares de trabajo, que mostro una tendencia ascendente a partir de 2005.

La relación entre la CGT conducida por Hugo Moyano y los gobiernos kirchneristas se caracterizó, hasta 2012, por una sólida alianza basada en la cooperación mutua. El movimiento sindical encontró un espacio propicio para la obtención de sus reivindicaciones y el fortalecimiento de sus organizaciones en un régimen político que se distinguió por el despliegue de políticas destinadas a garantizar consenso social y la actualización de la clave nacional popular inspirada en el legado peronista.

La nueva figura sindical emergente en este contexto encarnó en el liderazgo sindical de Hugo Moyano. El dirigente de los camioneros ha sido sin duda un protagonista de la política nacional durante los últimos 15 años. Su amplio repertorio de acción incluye medidas de acción directa frente a empresarios y gobiernos o en alianza con éstos, la movilización y concentración callejera, la penetración institucional en el Estado, la actividad parlamentaria, político partidaria y electoral, la disputa por la representación en diversas ramas de actividad, el desarrollo de un tipo de sindicalismo empresarial y la participación en amplias coaliciones sociopolíticas.

Esta investigación se ha propuesto analizar los procesos de génesis, consolidación, auge y declive de esta figura emblemática del sindicalismo peronista a través de un abordaje que pone en primer plano la dimensión sociopolítica, dirigiendo la atención sobre la construcción de alianzas y coaliciones con otros actores sociales y con el Estado, la constitución de campos de tensión y disputa, como así también indagando los idearios, imaginarios y simbologías movilizados. El interés se orientó a pensar cómo las transformaciones económicas, sociales y políticas en la primera década de este siglo afectaron y atravesaron a los actores colectivos del trabajo.

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