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Miércoles 16 de diciembre de 2020

Diálogos y reflexiones

La crisis sanitaria viene obligando al gobierno del Estado a tomar un conjunto de medidas extraordinarias en un contexto de deterioro de la ya muy mala situación económica anterior. En este marco asistimos a la reivindicación del valor de una mayor presencia del Estado, así como a la necesidad de que la misma se verifique del modo más democrático posible. Necesitamos más Estado, y también un Estado más democrático. Esto exige avanzar en estrategias que fomenten la participación popular en los asuntos públicos, como una que en la UNGS se conoce, estudia y practica hace tiempo: el presupuesto participativo.

A partir de la conceptualización de la participación ciudadana como un derecho humano básico, podemos entender a los procesos generales de ampliación de derechos, con especial desarrollo durante la primer década y media del presente siglo en toda América Latina, como el marco en el que la diversificación y consolidación del Presupuesto Participativo (PP) ha tenido lugar. En nuestro país, hasta el año 2019 se registraban poco más de 60 experiencias de PP en los municipios. Esto se ha modificado en el 2020. Sin dudas, para los gobiernos de todo tipo de nivel, la pandemia ha cambiado las prioridades en términos de despliegue de políticas públicas.

El PP, a nivel cualitativo, desde su creación a fines de la década de 1980 en el municipio brasileño de Porto Alegre, ha podido traspasar la esfera de los gobiernos locales, y en Argentina ha llegado a otro tipo de instituciones que presentan una lógica bien diferente: las Universidades Nacionales. Y si bien las experiencias no suman más de un puñado, también resultaba de interés conocer y analizar cómo se desenvolvió allí la política de PP en el contexto pandémico. Frente a la decisión gubernamental de colocar todos los recursos financieros, humanos y tecnológicos para la mitigación del COVID-19, en todos los niveles de gobierno, el PP está en una etapa dilemática, y que podríamos catalogar como de “pausa”.

Porque, por un lado, después de más de 30 años de experiencia del PP en todo el mundo no quedan dudas de que es un instrumento probado, efectivo y eficiente para dar a la ciudadanía mayor protagonismo en la toma de decisiones sobre la cosa pública. Es, en ese sentido, una política que puede “arrimar” a lograr un Estado más democrático. Pero, por otro lado, gran parte del funcionamiento del PP en el mundo y en la Argentina se apoya en un plano deliberativo: encuentros, reuniones y debates en foros o espacios públicos que implican la concentración de personas, algo que se contrapone con las medidas de cuidado sanitario.

Entonces, es necesario analizar la situación actual y la forma de pensar la vinculación y articulación entre el PP y la “virtualidad”, que se ha vuelto un medio y una forma de relacionamiento de la sociedad que replantea el vínculo con el espacio público, las instituciones e incluso la vida privada. En este marco, como lo había hecho en 2019, la UNGS decidió encarar junto a la Fundación Friedrich Ebert-Stiftung (FES) y la Asociación Argentina de Democracia Participativa (AADP) un espacio de intercambio, análisis y reflexión sobre el PP entre funcionarios de municipios y universidades que lo aplican y académicos y especialistas en estas experiencias participativas, con el objetivo de enriquecer la mirada y pensar los desafíos del futuro cercano.

Los debates, llevados a cabo en tres jornadas “virtuales”, comenzaron el 15 de octubre con las intervenciones de Svenja Blanke, representante de la FES en Argentina, Eduardo Rinesi, investigador-docente de la UNGS, e Ives Cabannes, referente internacional en la materia. Blanke destacó la importancia de las nuevas ideas y las buenas prácticas a nivel local para mejorar los espacios públicos en el sentido de una mayor justicia, participación democrática y responsabilidad política. Desde principios de los años 90, destacó, “esta combinación ha formado parte de la oferta de políticas de diversas corrientes de las izquierdas en América Latina y que han tenido éxito en varios países de la región”.

En su intervención, Rinesi subrayó el interés de la expresión “democracia participativa”, en la que el adjetivo –dijo– “parece actuar sobre el sustantivo añadiéndole un rasgo que lo volvería más considerable o apreciable que lo que la palabra ‘democracia’ nombra en nuestra lengua común en ausencia de esa calificación. Al decir ‘democracia participativa’ indicamos un tipo específico de democracia, una democracia habitada por determinados hábitos, procedimientos y valores que la volverían más justa, más deseable o, si se quiere, más cabalmente democrática, porque se trata de hábitos, procedimientos y valores que dan al pueblo (démos) más poder (kratós) que si no estuvieran allí organizando nuestra convivencia política.”

Finalmente, Cabannes señaló que en los últimos 30 años las posiciones que habían pensado el PP apuntando a una democratización radical de la democracia fueron desplazadas por “las que, como las que tienen lugar en la Argentina, se inscriben en una modalidad de buena gobernabilidad, apuntando a mejorar las relaciones entre los gobiernos y una ciudadanía que cree cada vez menos en los partidos y los políticos”. Es necesario multiplicar, radicalizar y profundizar esas experiencias, dijo, e hizo votos por que se produjera un movimiento tipo “bola de nieve”: “que cada una de las sesenta experiencias hoy en día activas, promueva y apoyea 60 más, y luego estas 120 pasar a 240, y así sucesivamente”.

En el segundo encuentro, realizado el 22 de octubre, participaron referentes del PP de los municipios bonaerenses de Escobar, Necochea, Saavedra, San Miguel, Vicente López y Zárate, sus pares entrerrianos de Concepción del Uruguay, Concordia, Gualeguaychú, Victoria y Urdinarrain, el misionero de Posadas, el cordobés de Villa Carlos Paz y el pampeano de General Pico y se buscó dar respuesta a dos disparadores: ¿cuál es el estado en que se encuentra el Presupuesto Participativo durante este año en un contexto de pandemia? y ¿qué opciones están analizando para la implementación del año 2021? Sin ser exhaustivos en el rico debate de la reunión, podemos destacar tres intervenciones.

Una fue la de Cristian Viola, Jefe de Departamento de PP de General Pico, que explicó que ese municipio es el único que ejecuta un PP en su provincia. “Este año es la cuarta edición. Iniciamos en el 2017 y año a año hemos ido modificando nuestra metodología. En 2020, la decisión de la nueva gestión era continuar con el PP. Pero sobrevino la pandemia, con todas las cuestiones que impulsó, tales como aislamiento y la prohibición de encuentros sociales. Igualmente, la decisión de la Intendenta fue continuarlo y es así que lo rediseñamos, planificamos e innovamos en un desarrollo con tres instancias participativas desde la virtualidad. Encontramos esta manera de poder desarrollarlo a través de encuentros virtuales en Zoom, por formularios digitales y por la vinculación con las redes sociales”.

Otra fue la del subsecretario de Participación Ciudadana de Vicente López, Luis Parodi, quien comentó: “Debido a las restricciones impuestas por el ASPO, este año se decidió suspender el proceso de reuniones informativas, presentación de propuestas, talleres presenciales y elección de proyectos por el voto de los vecinos. Por lo tanto, el año que viene no tendremos ejecución de proyectos 2021. En cuanto a la ejecución de proyectos 2020 (elegidos en 2019), se ha visto retrasada por falta de disponibilidad de los fondos durante varios meses. Es por ello que de los 66 proyectos a ejecutar este año 2020, 32 pudieron realizarse y 34 se finalizarán durante el primer semestre de 2021”.

Por último, Daniel Vaena, del municipio de Gualeguaychú, explicó que este año solo se implementó el “PP Ciudad”, un programa, dijo, “que se lanzó en 2019 como complemento del resto de los PP y que busca pensar “la ciudad en su conjunto, rompiendo con la fragmentación de los recursos en pequeños proyectos o ideas que involucran a determinados sectores o zonas de la ciudad. El monto máximo es de $ 1,3 millones. La votación de las 10 propuestas presentadas y aceptadas cierra el 4 de diciembre y se realiza a través de la APP Guale Activa. Por otra parte, en 2020, se está completando la ejecución de los proyectos de las 9 zonas del PP 2019, de los proyectos de PP Joven, Adulto Mayor y Turismo”.

La última actividad, con las Universidades, tuvo lugar el 3 de diciembre, participaron diez casas de altos estudios de diversas regiones del país y dieron la bienvenida el Rector de la UNR Franco Bartolacci y el Vicerrector a cargo del Rectorado de la UNGS Pablo Bonaldi. En la reunión se destacó el importante cambio en el rol que han venido cumpliendo estas instituciones con relación a dicha herramienta participativa: del estudio y la investigación sobre ella, el asesoramiento a otras dependencias gubernamentales y la colaboración en su implementación, a su puesta en marcha en el propio ámbito universitario.

Diversas instituciones académicas nacionales han llevado adelante el proceso de PP, según el siguiente detalle: la Universidad Nacional del Litoral entre 2020 y 2019, la Universidad Nacional de Rosario desde 2011 en su Facultad de Ciencia Política, y desde 2020 a escala general, la UNGS desde 2013, la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba durante 2014, la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, para el personal no docente del Rectorado, entre 2017 y 2019, la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Entre Ríos desde 2017 hasta la actualidad, y la Universidad Nacional del Sur desde 2019.

Se registra una primer “ola” de experiencias en 2010-2014, que abarca a cuatro instituciones: UNL, FCPyRRII-UNR, UNGS y FFyH-UNC. La UNL es la institución pionera en la materia, con la particularidad de que, en sus dos primeros años de funcionamiento, en que era la única casa de altos estudios con PP del país, el mismo se circunscribía al claustro estudiantil, ampliándose al resto de los claustros recién en la edición 2012-2013, que, a su vez, se caracterizó por ser bianual. Este proceso se desarrolló durante una década, siendo su última edición, hasta ahora, la de 2019.

Así, entre las universidades nacionales con PP activo en 2020, la UNR es la que presenta más experiencia en su aplicación. Entre 2011 y 2019 el PP se circunscribió a la FCPyRRII, operando, en su primera edición, en rigor, como tres PP separados: uno para el claustro docente, otro para el no docente y otro para el estudiantil. A partir de 2013 se plantea el carácter interclaustro del proceso y se incorpora al mismo al claustro de graduados. En 2020, pre COVID-19, se preveía ampliar el PP a toda la Universidad, y no solamente a una de sus facultades. Pese al contexto desfavorable producido por la pandemia, ello fue posible, a partir de un importante desarrollo tecnológico propio por medio del cual se desplegó un proceso enteramente no presencial.

La UNGS, a partir de un proceso de aprendizaje y sensibilización de la comunidad universitaria, apoyado en las dos universidades santafecinas que ya venían implementando el PP, empieza a aplicarlo en 2013. Entre sus antecedentes en la materia se destacan el haber promovido, junto con diversas organizaciones territoriales, la aplicación del PP en San Miguel (uno de los municipios en que la universidad tiene sede) y haber brindado apoyo técnico para la implementación del PP en ese y otros territorios (rasgo en común con la UNR, que también desempeño un rol de apoyo a la implementación del PP municipal de Rosario, el de más larga y rica trayectoria del país).

La otra característica distintiva de la experiencia de la UNGS, es que, a partir de lo aprendido de sus predecesoras en la materia, el PP se aplica, desde un principio, para todos los Institutos y claustros de la Universidad y con una lógica interclaustros tanto en la formulación (deben intervenir en cualquier proyecto presentado integrantes de al menos tres de ellos) como en la elección de los proyectos. El PP tomó rango estatutario en la reforma de la norma base de la UNGS que tuvo lugar en 2017, lo que permitió su continuidad, pese a un marco tan complejo como el ASPO de 2020, a través de medios digitales, que abarcaron, incluso, actividades de capacitación para talleristas.

La fugaz experiencia de la FFyH-UNC, en 2014, constituye el último hito de esta etapa inicial de aplicación del PP en el ámbito universitario argentino. Su importancia viene dada por el hecho de que se trata de una unidad académica de una de las “tres grandes” universidades del país (junto con la de Buenos Aires y la de La Plata) y de la más antigua de Argentina. A su vez, es la primera experiencia en ser evaluada como no satisfactoria por quienes la impulsaron, y, por ende, en ser discontinuada, en este caso tras su primera edición.

Tras dos años (2015 y 2016) en que no se registraron nuevas experiencias de PP universitario en el territorio argentino, el trienio 2017-2019 es testigo de una suerte de segunda ola o reimpulso de este tipo de política, encarnada por las experiencias de la UNPA, FCE-UNER y UNS. Así, en 2017 la UNPA decide aplicar el PP, con la particularidad de que el mismo, desde entonces, se circunscribe, únicamente, al claustro No Docente que desempeña tareas en actividades centrales (Rectorado). Vale destacar que, por las características del territorio que cubre esta institución universitaria, tales actividades centrales se llevan adelante en una pléyade de sedes, distantes cientos de kilómetros entre sí. En 2020, dada la pandemia, el PP no se ha desarrollado en la UNPA.

En la UNER, la aplicación del PP se lleva adelante en la FCE desde 2017, siendo la característica más relevante de esta experiencia el hecho de que se trata de la única, entre las de más reciente implementación, que ha logrado sostenerse ante las duras restricciones a la participación dadas por la pandemia de COVID-19. A su vez, es la primera que ha concluido, con la reciente elección de proyectos, su ciclo, completamente telemático, correspondiente a la edición 2020. Por su parte, en la UNS el PP se desplegó por primera vez en 2019, abarcando a la totalidad de los claustros y de las unidades académicas. En 2020, dada la complejidad de la situación producida por la pandemia de COVID-19, no se ha desarrollado una segunda edición del PP.

Sobre las perspectivas del PP en 2020 y 2021, son de destacar los casos de las Facultades de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNM (Misiones) y de Ciencias Sociales de la UNC. La primera, cuya sede central se encuentra en Posadas (municipio que cuenta con PP desde hace un lustro), ha avanzado en 2020 en reuniones de asesoramiento con los equipos de la UNR y de la UNGS para ser la primera casa de altos estudios del norte del país en implementar el PP, lo que se estima ocurrirá a partir de 2021. La FSOC-UNC, por su parte, también tuvo el apoyo de la UNGS para emprender esta política, y a fin de 2019 comunicó su compromiso de aplicar el PP en 2020. Dada la situación producida por la pandemia, ello no fue posible, por lo que se espera que tal implementación tenga lugar en 2021.

Es claro que, entre las cuentas pendientes que presenta la expansión del PP Universitario en Argentina, se destaca su escaso avance en la RMBA y en el interior de la Provincia de Buenos Aires y la ausencia de experiencias e iniciativas en importantes regiones del país, como el Noroeste y Cuyo.

Para terminar, un objetivo de los encuentros fue pensar colectivamente opciones de implementación para el año 2021, aprovechando lo realizado por algunos municipios y universidades en 2020, dimensionando el uso de las tecnologías de la información y comunicación (TICs), las ventajas y desventajas, junto con los límites que las restricciones sanitarias implican para la participación ciudadana. Salir de la situación de “pausa” del PP e incluso alentar a nuevas instituciones (sean gobiernos locales o facultades/universidades) a implementarlo es una apuesta de todos y todas por más democracia y más participación. Como lo creímos siempre, pero hoy haciendo el mayor esfuerzo para lograrlo.

Carlos Martínez, Ricardo Paparás y Martín Mangas

* La nota fue publicada en la edición del 14 de diciembre de Noticias UNGS

Miércoles 16 de diciembre de 2020

Universidad, pandemia, futuro

A fines de 2018 se llevó adelante en la UNGS la Iª Jornada Político-Académica “Intemperie del presente: invención o barbarie”, organizada por las áreas de Política, Cultura y Filosofía del Instituto del Desarrollo Humano. Dos años más tarde, una nueva convocatoria de los mismos organizadores reunió (de manera, ni falta hace decirlo, virtual) a investigadorxs, docentes, estudiantes, graduadxs y nodocentxs de distintos institutos y sectores de la Universidad en las IIas Jornadas “Intemperie”, esta vez bajo el título de “Aislamiento y reinvención de la Universidad”, para pensar –tal como rezaba la convocatoria y como se hizo a lo largo de tres mañanas y tres tardes– “la educación en tiempos de pandemia”.

Extendida a lo largo de tres intensos días de trabajo, la conversación promovida por las IIas Jornadas “Intemperie” co-organizadas por distintas áreas del Instituto del Desarrollo Humano (IDH) de la UNGS, y en particular por los y las investigadorxs docentes Rocco Carbone, Alicia Merodo, Gustavo Ruggiero, Julia Smola y Gisela Suazo, estuvo estructurada en seis mesas temáticas. En la primera, “Educación, territorio y política”, se discutió la novedad que representó para nuestras estrategias pedagógicas y para nuestro pensamiento sobre la Universidad y sobre la Educación en general la conmoción acarreada por la crisis sanitaria y el aislamiento obligatorio. En la segunda, “Educación, movimientos sociales y justicia”, diversas intervenciones coincidieron en señalar la importancia de una educación sostenida sobre el conocimiento y la reivindicación de los derechos no solo propios, sino también, y acaso sobre todo, de los otros. En la tercera, “Derechos, soberanía alimentaria y democratización”, se discutió el papel de la ciencia, el Estado y la Universidad en la forja de un humanismo popular, “encarnado” y crítico. En la cuarta, “Educación, juventudes y derechos”, la mirada se dirigió a atender ese otro tipo de “riesgo”, distinto del sanitario, que es el que sufren los sectores más postergados de nuestras poblaciones jóvenes. En la quinta, “Participación política, cuestiones intelectuales y Universidad”, actores de distintos sectores y claustros de la UNGS examinaron los modos de intervención de la Universidad en la vida de las organizaciones sociales de su territorio más inmediato y en los debates públicos del país. En la última, “Emancipación, educación y Universidad”, el énfasis estuvo puesto en la mayor o menor capacidad de la Universidad para reconocer otras lenguas y otras culturas.

La discusión fue, en todas las mesas, de excelente nivel y amplios alcances. Ya desde la mañana del primer día se hizo evidente para todos los y todas las participantes que se trataba de atreverse a revisar muy radicalmente una cantidad de conceptos y de pre-conceptos que las crisis siempre sacuden y obligan a pensar, y que esta crisis que atravesamos este año fue particularmente eficaz para sacar a luz. La “intemperie” de la pandemia, sumada a (y articulada con) lo que varias exposiciones coincidieron en llamar “la intemperie del neo-liberalismo”, nos obligan –señalaron los organizadores en el arranque– a repensarnos, a re-inventarnos y a repensar y reinventar la propia Universidad. “Tal vez los conceptos nos empiezan a quedar cortos”, subrayó Gustavo Ruggiero, profesor de Filosofía de la Universidad. Pero no se trató solo, durante estos meses, de inventar nuevos conceptos para pensar, sino también, y al mismo tiempo, de tomar decisiones didácticas novedosas, de revisar lo que se enseñaba y el modo en que se lo hacía, y de hacer de todo eso motivos para la reflexión sistemática, como indicó Pablo Imen, del Instituto Universitario de la Cooperación, y para la propia enseñanza, como sugirió Karina Benchimol, investigadora docente del área de Educación del IDH. También de repensar las maneras de vincular los esfuerzos docentes, investigativos y de articulación de la Universidad y sus equipos con las organizaciones sociales del territorio, varias de las cuales estuvieron representadas en las jornadas por dirigentes de amplia experiencia que explicaron el tipo de militancia que venían desarrollando (en algunos casos desde hace muchos años), destacaron la importancia de la articulación con la Universidad y sus equipos y expresaron su expectativa de profundizarla y expandirla.

En todas las discusiones sobrevoló la importancia de recuperar la idea (establecida en sendas importantes declaraciones finales de las Conferencias Regionales de Educación Superior del IESALC-UNESCO de los años 2008 y 2018, en la legislación positiva argentina y en el Estatuto de la UNGS) de la educación superior como un derecho humano universal, al mismo tiempo que se buscó por diversas vías enriquecerla y amplificarla. Volvió en este punto la discusión sobre el neoliberalismo, esta vez en relación con la necesidad de romper con los prejuicios que acarrea el sentido común neo-liberal si se quiere democratizar una sociedad. El neoliberalismo, señaló Graciana Peñafort, “se basa en la mansa aceptación de que el otro no tiene derechos”, y una educación en los derechos que todo el mundo tiene que tener y tiene que saber que tiene debe ser por lo tanto una educación capaz de pensar a ese “otro” de otro modo. Una educación “para el otro”, sugirió Peñafort: para el reconocimiento de su existencia y de su dignidad. Y se hizo presente también otra discusión, del más alto interés, traída a la conversación por las representantes gremiales de lxs docentes (Nuria Yabkowsky) y lxs nodocentes (Sabrina Volguein) de la UNGS: la discusión sobre la necesaria complementariedad entre ese derecho universal a la Universidad, que lo es tanto de los ciudadanos (de los individuos, de los y las jóvenes que aspiran a cursar y a terminar en ella sus estudios) como del pueblo entendido como un sujeto colectivo, y los derechos laborales de los trabajadores de las universidades, cuya realización es necesario que todo el mundo entienda – coincidieron ambas expositoras – que no viene a perturbar sino a enriquecer la vida de nuestras instituciones. Es con los sindicatos – indicaron ambas – que es necesario pensar nuestras universidades del futuro.

El investigador docente Walter Pengue, del Instituto del Conurbano de la Universidad, presentó los problemas que acarrean los agravios que la humanidad viene infringiendo a la naturaleza y destacó las luchas de los campesinos del mundo, más que la de los Estados y la de una academia demasiado entrampada –señaló– en sus propios sistemas internos de reconocimiento, en pos de la soberanía alimentaria de los pueblos. Y los economistas Germán Pinazo, del Instituto de Industria, y Ricardo Aronskind, del IDH, consideraron la situación actual del país y de la Universidad. Pinazo mostró con preocupación todo lo que la actual gestión del gobierno nacional no revisó de las políticas de orientación antipopular del gobierno anterior, y destacó el fuerte ajuste sufrido por el presupuesto universitario y por los salarios de los trabajadores de las universidades. Aronskind ponderó la acción de la UNGS en la emergencia sanitaria y dirigió sus críticas a los sectores dominantes del empresariado nacional, cuya cultura y cuyas prácticas los vuelven el sector más pobre del triángulo que conforman o que deberían conformar con el Estado y las universidades. Mirando al interior de estas últimas en general, y de la UNGS en particular, varios de los participantes del encuentro señalaron la importancia de alentar el debate público de ideas y proyectos, de generar una agenda política que no dependa de las orientaciones de la política pública y de contar para ello con las capacidades y la experiencia de todos los sectores y de todos los claustros de la vida institucional. Hubo una general coincidencia en celebrar la realización de la reunión y en promover la multiplicación de espacios de discusión informada, lúcida y crítica sobre la marcha de los asuntos públicos en general y de la vida de la Universidad en particular.

* La nota fue publicada en la edición del 14 de diciembre de Noticias UNGS

Miércoles 16 de diciembre de 2020

Ciencia y Tecnología para el desarrollo

La declarada vocación de los gobiernos nacional y provincial asumidos en diciembre del año pasado por convocar a científicos y a científicas a integrar o asesorar a sus equipos (“Somos un gobierno de científicos y científicas”, dijo en su momento el presidente Fernández) tuvo la consecuencia de que una gran cantidad de investigadores e investigadoras de la UNGS fueran llamados y llamadas a sumar sus esfuerzos a la tarea que se abre ahora para estos equipos de gobierno. Es el caso de la Doctora Diana Suárez, investigadora docente del área de Economía del Conocimiento del Instituto de Industria de la Universidad (del que fue también Secretaria de Investigación), directora de un proyecto PICT sobre “Determinantes e impacto de la ciencia, la tecnología e innovación en el desarrollo” y profesora de grado y de posgrado en temas de su especialidad, y que desde hace pocos meses es miembro del directorio y vicepresidenta de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la Provincia de Buenos Aires.

-¿Cuándo y cómo fuiste convocada a formar parte de la CIC?

-Fui convocada en septiembre de 2020, a través del Ministerio de Producción, Ciencia y Tecnología de la Provincia de Buenos Aires. Desde el cambio de autoridades se abrió un canal de diálogo con personal del Ministerio y, en particular, con la Subsecretaría de Ciencia y Tecnología, a quienes conocía de la Maestría en Gestión de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación que se dicta en el Instituto de Industria (IdeI) de nuestra Universidad. Ese diálogo se vinculaba con mi actividad académica, ya que desde hace varios años, con el equipo de investigación, nos dedicamos a pensar la Ciencia, la Tecnología y la Innovación al servicio de los problemas del desarrollo, y eso estaba en línea con el espíritu con que la Subsecretaría veía esas actividades dentro de la provincia.

-¿Qué trabajo desarrollás? ¿Cuáles son tus responsabilidades?

-Soy miembro del Directorio de la CIC, que es la instancia máxima ejecutiva del organismo. Integrado por cuatro miembros y el presidente, el directorio de la CIC decide respecto de la política científica de la Comisión y la coordinación con el Ministerio de Producción, Ciencia y Tecnología de la provincia, a través de la Subsecretaría de Ciencia y Técnica. Luego de mi nombramiento, fui electa por mis compañeros y compañeras en ese órgano como Vicepresidenta de la CIC, lo que implica, además, asumir responsabilidades de acompañamiento de la presidencia en diversas actividades.

-En estos primeros meses de trabajo en la CIC, ¿qué líneas de acción se llevaron adelante específicamente en relación con la pandemia?

-Al igual que todo el sistema científico en nuestro país, la CIC se ha visto impactada por la política de desfinanciamiento del gobierno anterior, por el abandono –me atrevería a decir– por parte del Estado, en este caso provincial. Además del impacto presupuestario, esa realidad impactó en la gestión de la actividad diaria del organismo, por ejemplo, a partir de retrasos de varios años en los ingresos a carrera, en las obras de infraestructura y, especialmente, en la búsqueda de soluciones científicas y tecnológicas para los y las bonaerenses. Por ello, en estos primeros meses, las actividades estuvieron concentradas en dos frentes. Por un lado, el establecimiento de criterios fundamentales para la promoción de la ciencia y la tecnología, en articulación con los lineamientos estratégicos del Gobierno Provincial. En pocas palabras, estos lineamientos, transversales a todas las actividades que le competen a la CIC, tienen que ver con pensar la institución en términos de equidad, territorialización e impacto. Equidad en relación con el cierre de la brecha de género en Ciencia y Técnica, pero también con cuestiones etarias y sociodemográficas. La territorialización tiene que ver con el alcance provincial del organismo y la necesidad de articulación con todo el sistema provincial de innovación, y principalmente con la presencia del organismo en el conurbano y el interior de la provincia. El impacto implica reconocer la heterogeneidad de situaciones que atraviesa la provincia y cómo es preciso avanzar de manera integral y sistemática en procesos de vinculación entre la Ciencia y la Técnica y el entorno socio-productivo. El establecimiento de estos criterios marca nuestro curso de acción para los próximos tres años, así como también los objetivos que esperamos alcanzar en el corto, mediano y largo plazo. El segundo frente tuvo que ver con la reorganización interna de la CIC. Para ello, hemos trabajado mancomunadamente con la Subsecretaría de Ciencia y Técnica en la resolución de cuestiones pendientes heredadas de la gestión anterior, tales como los ingresos atrasados, los planes de infraestructura necesarios para los próximos años, la identificación de prácticas y procedimientos que permitieran agilizar la gestión y, desde luego, el inicio de las tareas de revisión de las leyes y reglamentos que guían el accionar del organismo.

-¿Y en materia de capacitación?

-Durante el período de aislamiento, los esfuerzos más importantes de la CIC estuvieron concentrados en la implementación de la Ley Micaela para altos funcionarios del poder ejecutivo en articulación con el Ministerio de las Mujeres, Políticas de género y Diversidad sexual de la provincia. Asimismo, desde el directorio, estamos avanzando en un plan de capacitación en proyectos de desarrollo tecnológico y social, para el año que viene, que involucre a todo el personal de la CIC, tanto de la gestión central como de la actividad científica y tecnológica. El paso siguiente para la articulación estratégica con el sector productivo es avanzar en procesos de investigación que contemplen la vinculación y la transferencia como una parte intrínseca del proceso mismo. Los proyectos de desarrollo tecnológico y social son uno de los caminos para ello. También se requiere desplegar acciones en todo el territorio, de manera de mejorar la producción científica y tecnológica pensada desde y para los y las bonaerenses. Para ello, nos proponemos contribuir a la construcción de puentes entre el sistema provincial de Ciencia y Técnica y la heterogeneidad de demandas que se observan en el territorio bonaerense, en articulación con las diferentes instancias del gobierno provincial y el sistema universitario.

-¿Creés que la pandemia modificó la mirada de la sociedad sobre la actividad científica?

-Creo que la pandemia puso de manifiesto la importancia de contar con un sistema científico y tecnológico soberano y autónomo, capaz de responder a las necesidades de la sociedad. En este sentido, las instituciones de ciencia y de tecnología, pero también el sistema productivo, las universidades y cada una de las instituciones que componen el sistema nacional de innovación fueron capaces de dar respuesta a las necesidades urgentes de la pandemia porque existían con anterioridad. Aunque algunas áreas del saber fueron más demandadas que otras, la pandemia demandó de la intervención de múltiples disciplinas, porque la crisis sanitaria es una de las caras de esta pandemia. También hubo que dar respuesta a cuestiones sociales y productivas derivadas de ese epicentro que es el COVID. Más aún, la pandemia puso de manifiesto la imprevisibilidad del cambio tecnológico y social y la necesidad de estar preparados, como sociedad, para atender a problemas urgentes, algunos de ellos conocidos y de larga data, pero otros que aún no los tenemos en el radar.

-¿Creés que esta crisis permitirá mejorar, o profundizar, las prácticas de comunicación de la ciencia?

-Creo que esta crisis es una oportunidad para repensarnos dentro del ámbito de la ciencia y la tecnología, no solo en términos de comunicación, que se ha probado fundamental como herramienta de democratización, sino de la necesidad de pensar nuestras prácticas en relación con las demandas. Y por demandas me refiero a las necesidades y problemas de la sociedad, que son nuestros problemas. Muchas veces se piensa en la demanda como esa construcción abstracta de curvas de precios y cantidades, pero cuando los que nos dedicamos a los estudios de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación nos referimos a la demanda, pensamos en la articulación entre usuarios y productores, pensamos en las necesidades concretas de las personas, no como pacientes que reciben un medicamento, sino como partícipes necesarios del proceso de construcción del conocimiento.

-En una entrevista para Noticias UNGS publicada en 2018 decías “hay que poner la innovación, la ciencia y la tecnología al servicio de los problemas sociales”: ¿Desde la CIC se trabaja en esa línea? ¿Qué acciones podrías mencionar?

-Absolutamente. Sumarme al equipo de la CIC me permitirá llevar a la práctica la forma en que concibo la ciencia y la tecnología. La definición de los criterios de equidad, territorio e impacto como marco general para el trabajo de la CIC y su articulación con el resto del sector público ha sido el puntapié inicial de una serie de acciones que esperamos desplegar con más fuerza durante el año que viene, con el foco puesto en promover un sistema de Ciencia y Técnica desde los y las bonaerenses para los y las bonaerenses.

-Un ejemplo en ese sentido es el proyecto “Soluciones tecnológicas para casos de violencia de género”, realizado desde la UNGS bajo tu dirección. Se trata de una iniciativa que permite utilizar un dispositivo similar a una tobillera electrónica para casos de restricciones perimetrales. ¿Cómo se puede alentar este tipo de proyectos en los que se cruzan innovación tecnológica y demandas sociales?

-Estoy convencida de que el desarrollo de proyectos como Cuidar-Tech depende de pensar a la ciencia y la tecnología como una parte, necesaria pero no suficiente, de la producción de conocimiento, que tiene que darse en articulación con todos los actores, actrices e instituciones involucradas en el proceso al que se busca contribuir. Para ello se requiere integrar al sector público, la sociedad civil, y a las instituciones de Ciencia y Técnica en el proceso mismo de construcción de las soluciones, y desde luego, en la aplicación y uso del conocimiento y dispositivos tecnológicos creados. Cuidar-Tech nació como una instancia de articulación que, con los anteojos de la tecnología, busca contribuir a la disminución de la violencia contra las mujeres. Las soluciones tecnológicas que hemos pensado jamás podrían implementarse si no se enmarcaran en un proyecto más amplio de colaboración interinstitucional e interactoral.

-¿Cómo es la articulación de la CIC con otras áreas del gobierno provincial? ¿Hay demandas específicas de asesoramiento o desarrollos vinculados con la implementación de políticas públicas?

-Desde la CIC trabajamos en estrecha colaboración con la Subsecretaría de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Producción, Ciencia y Tecnología de la Provincia y, a través de ella, con el resto de las dependencias gubernamentales. Hemos recibido demandas desde múltiples instancias, desde veterinaria hasta nutrición infantil. En este sentido, tanto desde los centros propios y asociados de la CIC como desde las herramientas de promoción que estamos desarrollando, buscamos avanzar en procesos científicos y tecnológicos para dar respuesta a esas demandas.

-¿Se está trabajando con las universidades públicas de la provincia?

-En la Provincia de Buenos Aires se encuentran radicadas 22 universidades nacionales y 2 provinciales. Históricamente, la vinculación de la CIC con estas instituciones ha estado sesgada, y fuertemente concentrada en algunas pocas instituciones. Nuestra propuesta es avanzar en la articulación de la CIC con todo ese sistema, que da cuenta de gran parte de la actividad de ciencia y tecnología de la provincia. Desde el territorio, pensamos en una institucionalidad territorialmente enraizada que nos permita promover un sistema provincial de innovación robusto, capaz de dar respuesta a necesidades heterogéneas en un marco de producción de conocimiento en la frontera internacional. Estoy convencida de que ese es el camino para avanzar en una senda de desarrollo equitativo, sustentable y democrático.

-Tanto el gobierno nacional como el provincial han convocado a investigadoras e investigadores de las universidades públicas a conducir o integrar sus equipos. ¿Qué aporte creés que hacen las y los científicos a la gestión pública?

-Integrarnos a equipos de gestión pública es un honor y una gran responsabilidad. Después de muchos años de investigación, pasar a la acción política nos permite llevar a la práctica diagnósticos y propuestas alcanzados después de la investigación rigurosa y el conocimiento del estado del arte en el plano internacional, que son las bases del conocimiento científico. A la inversa, la práctica de la política pública nos permitirá hacer mejor ciencia. Creo que el flujo de académicos entre el sector público y la Universidad redunda en un mejor diálogo entre las partes, que nos pone de cara a la necesidad de establecer relaciones de causa y efecto y cursos de acción posibles. Es también una responsabilidad, porque tenemos la oportunidad de tender puentes entre sectores no siempre bien conectados, y, especialmente, porque ahora nuestras acciones impactan de manera concreta en la vida de las personas.

-En tu larga trayectoria en la UNGS tuviste distintos maestros, interlocutores –y funciones. ¿Qué de tu experiencia en la Universidad creés que aportás en tu actual función?

Por dónde empezar. La UNGS me enseñó a aprender, no solo en las aulas, sino de la vida académica, la participación política y el compromiso individual y colectivo en la búsqueda del desarrollo. Creo que mi aporte a la CIC pasa por mis años de formación en economía industrial y en gestión de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, y en el debate sobre el desarrollo dentro del equipo de investigación. Y ahí hubo muchos maestros y maestras que me alentaron a pensar diferente, a buscar soluciones y a creer que el desarrollo es posible. No puedo sino mencionar, en esa línea, a mi mentor Gabriel Yoguel y a mi querida colega y amiga Analía Erbes. Aprendí en las aulas, en las charlas con los y las estudiantes, muchos y muchas hoy compañeras investigadoras, como Florencia Fiorentin. También contribuyó enormemente mi actividad en la gestión académica, la posibilidad de acompañar la gestión del IdeI en el marco del decanato de Néstor Braidot durante los últimos años. El diálogo permanente con los investigadores y las investigadoras del Instituto, provenientes de múltiples disciplinas, me enseñaron sobre la integralidad de la ciencia y la necesidad de pensar desde y para los problemas de la sociedad. También la integración a los comités de investigación y desarrollo tecnológico y social, en compañía de mis colegas de los otros institutos y de Oscar Galante y Paola Miceli desde sus respectivas secretarías, me permitieron aprender sobre la gestión de la ciencia y la tecnología y la importancia del debate para la construcción de la política científica. Pero más allá de los espacios particulares, la UNGS como comunidad me permitió formarme en el pensamiento crítico pero constructivo, y aprender que el camino al desarrollo pasa por la construcción de espacios de diálogo y el despliegue de herramientas que permitan en ese doble juego de sentar las bases del sistema y dar respuesta a las necesidades del entorno.

Brenda Liener

* La nota fue publicada en la edición del 14 de diciembre de Noticias UNGS

Miércoles 16 de diciembre de 2020

Un año fuera de programa

Sociólogo, investigador docente regular del área de Sociología del Instituto de Ciencias y vicerrector de la Universidad desde 2014, Pablo Bonaldi se hizo cargo de las tareas del rectorado cuando en diciembre del año pasado Gabriela Diker solicitó licencia en ese cargo para asumir una importante responsabilidad en el área educativa del gobierno nacional. En esta conversación, Bonaldi pasa revista al camino recorrido por la UNGS en este año tan excepcionalmente desafiante.

– Este ha sido un año muy particular. ¿Cuál ha sido la orientación que se buscó dar a las distintas acciones que se llevaron adelante en la Universidad?

– Efectivamente, este ha sido un año muy difícil. La pandemia alteró radicalmente el funcionamiento de la vida social en su conjunto. Y a quienes tenemos la responsabilidad de gobernar instituciones nos obligó a tomar decisiones repentinas, en un contexto de muchísima incertidumbre. La primera decisión importante que tomamos, casi en simultáneo con la suspensión de todas las actividades presenciales, fue la de sostener la continuidad pedagógica y el vínculo con los estudiantes. A pesar de las enormes dificultades que hubo que sortear, desde el primer momento la Universidad toda se puso a trabajar para implementar formas de enseñar, de manera remota o a distancia, usando aulas virtuales, plataformas de encuentro, tipo zoom o meet, grabando videítos, mandando largos audios, haciendo transmisiones en vivo por instagram o facebook, ofreciendo guías de lectura o trabajos prácticos por mail. Todo ello se hizo al comienzo de manera muy precaria e improvisada, sin contar con los recursos necesarios, pero sirvió para poner de manifiesto el compromiso y el empeño de los y las docentes por sostener el vínculo con sus estudiantes. Una de nuestras preocupaciones más importantes en todos estos meses fue la de ir mejorando las condiciones en las que se llevan adelante las actividades formativas. Para ello se trabajó intensamente en reforzar los soportes informáticos, optimizar el uso de las aulas virtuales, facilitar el acceso a los materiales de estudio, ya sea de manera digital o impresos, ofrecer conectividad sin consumo de datos móviles, capacitar a los equipos docentes y brindarles mayores recursos para desplegar sus clases. El contexto es extremadamente difícil, pero es mucho lo que se ha hecho en ese sentido. Como lo expresé en más de una oportunidad en mis informes de gestión ante el Consejo Superior, la primera responsabilidad que tenemos como Universidad es garantizarles a los y las jóvenes de la región el derecho a formarse, a continuar con sus estudios.

La otra preocupación que estuvo muy presente desde el primer momento fue la de movilizar todos los recursos con los que cuenta la UNGS para hacer frente a una situación social y sanitaria extremadamente delicada. Para ser justo, debo decir que no solo la UNGS, sino todo el conjunto del sistema universitario, se puso a trabajar intensamente para atender a las múltiples demandas que generó la pandemia. En cada caso según las potencialidades de cada universidad o las necesidades de la región. En la UNGS, lo primero que querría destacar es el compromiso de los equipos de investigación que rápidamente movilizaron sus saberes, experiencias, redes de contactos y recursos para comenzar a interrogarse y a producir conocimientos sobre la pandemia. Desde modelados matemáticos para interpretar la evolución de la pandemia hasta relevamientos detallados de las condiciones del aislamiento en los barrios del conurbano bonaerense. O bien, utilizar los saberes de la educación popular y la experiencia de las organizaciones sociales en el territorio para diseñar mejores herramientas de prevención y de cuidado. Dos aspectos querría mencionar, porque me parecen relevantes. El primero es la rápida reacción del gobierno nacional, que decidió financiar distintas convocatorias a trabajos de investigación que produjeran conocimientos sobre la pandemia y cómo enfrentarla. El segundo es la muy activa y exitosa participación de los equipos de la UNGS en todas esas convocatorias. Ello se debe en parte a que la UNGS es una universidad de investigación, pero también a la sensibilidad de nuestros investigadores y nuestras investigadoras, que no vacilaron en reorientar sus trabajos de investigación o de intervención para enfocarlos en los temas surgidos de la pandemia. De allí surgirán, sin duda, los aportes más propios que la Universidad puede hacer, porque son los que movilizan sus saberes específicos.

Hubo otro conjunto de iniciativas que estuvieron orientadas a atender algunas necesidades o demandas puntuales del territorio, como por ejemplo la creación de un Centro de telemedicina para el seguimiento y acompañamiento de personas contagiadas o en contacto estrecho. Se trata de un trabajo articulado con el Ministerio de Salud de la provincia y los municipios locales. Con estos últimos estamos colaborando además en otras actividades de salud, como por ejemplo la campaña para promover la donación de plasma. Si estas acciones apuntan a la situación sanitaria, hubo otras que buscan atender a la situación social. En particular, querría mencionar la creación del Fondo Solidario de la UNGS. Esta es una iniciativa que surgió desde los propios trabajadores de la Universidad, que, sabiendo de las enormes necesidades alimentarias que hay en el territorio, propusieron la creación de un fondo que, con aportes voluntarios del personal y otras donaciones, pudiera acercar algunos alimentos y otros recursos a las organizaciones que estaban en una situación más precaria. Digo, con mucho orgullo y satisfacción, que no solo la idea surgió colectivamente sino que toda la organización y ejecución del Fondo es colectiva. Fue aprobada por el Consejo Superior y participan activamente el Consejo Social, trabajadores no docentes y docentes, estudiantes y los sindicatos. Allí radica una de las fortalezas de la iniciativa. En estos meses se ha podido acercar a las organizaciones, además de alimentos, elementos de higiene y protección personal, libros, material educativo para niños en edad escolar, preservativos y otros elementos de prevención sexual, y folletos sobre cuidados por el COVID, elaborados por un equipo de investigadores e investigadoras del Instituto del Conurbano. Más allá del aporte de recursos materiales, que son absolutamente necesarios, vemos a la implementación del Fondo como una oportunidad de colaborar en la construcción de un tejido asociativo que es fundamental para fortalecer el vínculo de la Universidad con el territorio. Esta también es una de las formas en las que la universidad debe estar presente.

-¿Cómo nos fue en el terreno de la formación, de las clases? ¿Cómo estamos terminando el año? ¿Cuántos estudiantes lograron terminar exitosamente sus cursos? ¿Cómo funcionaron las mesas de examen?

-No es fácil hacer un balance del año porque hay una muy amplia heterogeneidad de situaciones. El impacto de la suspensión de las clases presenciales no fue igual en el grado que en el posgrado o en la Escuela secundaria. También fueron distintos el primer y el segundo semestre. En el primero fue necesario sostener la continuidad pedagógica a como diera lugar, y para ello se adoptaron múltiples formas de comunicación entre docentes y estudiantes, que permitieron continuar enseñando de manera remota. Fue una situación de emergencia en la que se recurrió a lo que había a mano, con pocas posibilidades de planificación o de organización institucional. Es más, nos embarcamos en esa virtualidad forzada con la expectativa de poder volver a la presencialidad antes de la finalización del semestre. Expectativa que se fue desvaneciendo completamente con el correr de las semanas. En el segundo semestre ya se pudo planificar mejor, contar con más recursos y encontrar estrategias de enseñanza en modalidad virtual más adecuadas. Hubo un aceleradísimo proceso de aprendizaje del uso de las tecnologías y una alta capacidad de adaptación de los equipos docentes que merece destacarse con el mayor énfasis. Ello permitió que pudieran dictarse virtualmente casi la totalidad de las asignaturas de las carreras de grado y pregrado. Solo no se pudieron dictar un puñado de materias, aproximadamente una decena, que tienen una fuerte carga experimental en sus contenidos, que requieren de clases presenciales en talleres y laboratorios, y que no hallaron formas alternativas de reemplazar esa experiencia. Otras asignaturas lograron dictarse en la virtualidad pero no pudieron acreditarse y están pendientes de regularización. Algo similar ocurrió con los turnos de exámenes que tuvieron que reprogramarse y adecuarse a las nuevas circunstancias. Si bien una amplia mayoría de las asignaturas encontró formas posibles de evaluar, hay aproximadamente una cuarta parte de las asignaturas que aún no pudieron tomar exámenes finales. Sobre todas estas cuestiones se trabajó muy intensamente durante el año. Porque fue necesario explorar alternativas, adecuar nuestras normas, consensuar esquemas de trabajo, elaborar procedimientos específicos. Una de las características llamativas de esta situación tan particular que nos toca atravesar es que, de a poco, fuimos encontrando unos modos de hacer aquellas cosas que uno o dos meses antes nos parecían imposibles. Fuimos aprendiendo y encontrando soluciones sobre la marcha. En términos de lo que usualmente se entiende como rendimiento estudiantil, aún es prematuro y no tenemos datos definitivos como para saber cuál ha sido el impacto de estos semestres en la virtualidad. Es probable que en 2020 se registre un menor avance en sus trayectorias individuales. Dato que será preciso poner en perspectiva, porque mucho más que otras veces ese desempeño académico estará asociado a unas condiciones generales de vida, laborales, familiares, emocionales y de estudio que se vieron muy afectadas por la pandemia. Un dato ciertamente alentador es que no ha habido en estos meses un número mayor de estudiantes que haya decidido dejar de cursar y abandonar los estudios. A pesar de las dificultades, o para decirlo mejor, aún con las enormes dificultades que imponen la situación social y sanitaria y la virtualización de las clases, los y las estudiantes continuaron apostando por sostener el vínculo con la universidad.

-¿Hubo algunas actividades presenciales en la Universidad en estos nueve meses?

-No, no. Hubo muy poca presencia física, solo la que resultaba absolutamente imprescindible y que estaba permitida por la propia normativa nacional al ser considerada como parte de las actividades esenciales.

-¿Qué adecuaciones fueron necesarias para que la Universidad continuara funcionando sin la concurrencia física de trabajadores a las sedes?

-La primera preocupación, como ya dije, fue sostener las actividades formativas en los distintos niveles. Una segunda preocupación fue mantener activo el sistema de gestión administrativa para continuar acreditando salarios, pagar becas, realizar designaciones y contrataciones, gestionar licencias, efectuar compras y pagos a proveedores, entre tantas otras tareas administrativas que no podían ser suspendidas. En este punto fue de mucha ayuda todo el trabajo previo que la Universidad había hecho desarrollando el Sistema Único Documental (SUDOCU), porque ante la emergencia se decidió comenzar a implementar este sistema de expediente digital, que permitió continuar con las distintas tramitaciones a través de una plataforma confiable, eficiente y capaz de ser gestionada de manera remota. La necesidad nos forzó a adoptar repentinamente una herramienta que, en condiciones normales, pensábamos ir incorporando de manera más gradual. De todos modos, la respuesta del sistema ha sido muy satisfactoria. Otra preocupación importante fue garantizar la continuidad de funcionamiento de los órganos colegiados de gobierno. En un principio la suspensión de toda actividad presencial implicó la imposibilidad de reunir al Consejo Superior y a los Consejos de Instituto. Por la lógica de funcionamiento de estos órganos de gobierno, por los procedimientos altamente formalizados que rigen sus prácticas y por la necesidad de garantizar su carácter fuertemente deliberativo, no resultaba fácil imaginar su funcionamiento de otra manera que no fuera presencial. Este problema, lo vimos, se dio con el propio Congreso de la Nación y casi con cualquier órgano colegiado de gobierno. Pero a la vez que teníamos presente esas dificultades, estábamos convencidos de que en este contexto de excepcionalidad, más que en cualquier otro momento, era necesario reforzar un modo colectivo, participativo y deliberativo de abordar los problemas y de tomar decisiones. Así que, allá por el mes de abril, iniciamos varias rondas de conversaciones con consejeros y consejeras de todos los claustros y de todos los espacios políticos para acordar unas reglas de funcionamiento en la virtualidad que respetasen todas las garantías que corresponden a un órgano político de gobierno. Y en mayo ya tuvimos una sesión plenaria del Consejo Superior, lo cual también sirvió para habilitar el funcionamiento de los Consejos de Instituto. En mi opinión esto fue clave, porque en los meses siguientes nos vimos obligados a tomar muchas decisiones de suma importancia que se vieron fortalecidas por el hecho de contar con el respaldo de haber sido discutidas y aprobadas por los respectivos Consejos.

Señalé algunas actividades que me parecen transversales o vertebradoras, pero en verdad casi todas las áreas de la Universidad se fueron organizando y pusieron mucha cabeza, mucho esfuerzo, muchísima creatividad para explorar modos más o menos ingeniosos de llevar adelante sus funciones a través de diferentes recursos tecnológicos. Las charlas de presentaciones de carreras por Instagram, los varios conversatorios que compusieron el Encuentro de Bibliotecas, las inscripciones en línea para las becas, las propuestas del área de Bienestar para hacer actividad física desde la casa, las presentaciones de libros online, la elaboración de proyectos para la discusión de presupuesto participativo, los equipos de la radio y del canal de televisión ingeniándoselas para seguir transmitiendo a pesar de no poder usar los respectivos estudios, las muchas actividades culturales, desde los ciclos musicales, los videítos y las transmisiones del Museo Imaginario, las mesas de debate sobre la actividad teatral o las muy interesantes jornadas de la UNGS danza. Y seguro que me estoy olvidando muchísimas otras. Sería imposible listar todas las actividades que se han llevado adelante en estos meses, solo me permití recordar algunas de ellas como una muestra de la vitalidad incansable de nuestra institución. Por cierto: esta misma revista se tuvo que reinventar para adecuarse a los tiempos y las preocupaciones de la pandemia.

-Hace un rato mencionó la importancia de haber logrado que el Consejo Superior pudiera sesionar de manera remota. ¿Qué iniciativas destacaría de las que se aprobaron este año?

-¡Uh! Fueron muchas, porque a pesar de la virtualidad el Consejo estuvo muy activo. Una iniciativa que nos tiene muy entusiasmados es la creación de la Maestría en Género y Derechos. Se trata de una carrera de posgrado organizada conjuntamente con la Universidad Autónoma de Entre Ríos y en la que participan investigadoras docentes de los cuatro Institutos. Ya fue presentada para su acreditación en la CONEAU, lo que muy probablemente ocurra el año próximo. La creación de esta Maestría se inscribe en un conjunto de acciones que viene desplegando la UNGS desde hace varios años para colocar en la agenda e intervenir activamente sobre los temas de género y diversidades. Escuchar, acompañar, orientar, formar, producir conocimiento, transversalizar las discusiones y procurar desactivar los mecanismos sobre los que se montan las desigualdades y la violencia de género es un mandato institucional claro. Otra iniciativa importante fue la creación del SIED, el Sistema Institucional de Educación a Distancia, que una vez acreditado y desplegado nos va a permitir ampliar el número de cursos y asignaturas que se pueden dictar a distancia. Estamos convencidos de que es necesario trabajar en esta línea que, a la luz de lo ocurrido durante la pandemia, va a tomar muchísimo impulso y que le va a dar a la oferta formativa de la UNGS una proyección y un alcance de mayor trascendencia. Pero además se aprobó la conformación del Fondo Solidario con aportes de los trabajadores y trabajadoras, se formalizó la creación del Repositorio Institucional Digital de Acceso Abierto, en concordancia con lo que establece la normativa nacional, se creó una nueva beca de materiales de estudio, para facilitar el seguimiento de la cursada virtual, se ampliaron las oportunidades de las becas de apoyo al estudio, se prorrogaron por seis meses las becas de investigación y docencia, y se aprobaron convenios importante sin los cuales no se habría podido desplegar un conjunto de investigaciones sobre la pandemia o concretar iniciativas tales como el centro de seguimiento telefónico de personas con COVID.

-En estos días está cumpliéndose el primer año de un nuevo gobierno. ¿Qué cambió en la relación con las universidades?

-Se trató de un cambio de 180 grados, pues como ya lo hemos dicho en innumerables ocasiones, el anterior gobierno ejecutó un sostenido ataque a las universidades públicas a través del ahogo presupuestario, las persecuciones judiciales, la violación a la autonomía y una persistente campaña de desprestigio. Con el nuevo gobierno la relación es muy diferente, porque hubo desde el inicio un mayor respeto y reconocimiento al lugar de las universidades. Ello se expresa de múltiples formas, pero querría destacar una en particular. Las universidades hemos vuelto a ser un interlocutor privilegiado para el Estado en sus diferentes instancias. Ya sea que se trate de colaborar con la emergencia sanitaria, de capacitar a los propios agentes estatales, de proyectar el tendido de redes cloacales y de agua a los barrios populares, o de asistir a las PyMES para mejorar su capacidad productiva, siempre se recurre a nuestras instituciones buscando contar con el aporte específico de las Universidades. Y esa fluida interlocución es decisiva para poder cumplir adecuadamente con la función social de nuestras universidades.

-¿Cómo funcionó este año el sistema universitario? ¿Qué discusiones se están dando en el CIN?

-Yo diría que el conjunto del sistema universitario estuvo atravesado por tres preocupaciones. Una, cómo colaborar para hacer frente a tan durísima situación sanitaria y social. Otra, cómo sostener la continuidad pedagógica ante la suspensión de actividades presencial. Y la tercera, cómo seguir funcionando pese a las severas restricciones presupuestarias resultado del desfinanciamiento del gobierno anterior y de la no aprobación del presupuesto 2020. Esto último obligó a la Secretaría de Políticas Universitarias a disponer de recursos adicionales para garantizar la cobertura de los gastos mínimos de funcionamiento. Una discusión interesante que comenzó a darse en el seno del CIN es la referida a una eventual reforma de la Ley de Educación Superior. Como es sabido, el presidente Alberto Fernández lo anunció en su discurso de apertura de sesiones del Congreso de la Nación, pero la pandemia impidió avanzar con ello. De todas formas, el CIN decidió crear una comisión (para ser precisos: una sub-comisión de la Comisión de Planeamiento) para comenzar a tratar los distintos aspectos de este tema. La UNGS está participando activamente de ese espacio, llevando algunas posiciones que podríamos resumir en los siguientes puntos: sostenimiento del principio –introducido por la reforma de 2015 de la ley– de la educación superior como un derecho universal, del principio del ingreso irrestricto y del principio de la gratuidad, sostenimiento de la necesidad de democratizar el funcionamiento del gobierno de las universidades, de establecer la paridad de género en sus cuerpos colegiados y de garantizar la asignación transparente y no arbitraria de las partidas presupuestarias necesarias para que todas las universidades del sistema puedan cumplir adecuadamente su misión.

-¿Cómo se imagina la vuelta a las clases presenciales en la Universidad?

-¡Compleja! A todos nos gustaría volver a ver pronto esas postales de un campus colmado de estudiantes, llenando las aulas o conversando en grupo sobre el césped. Pero tenemos que ser cuidadosos. Hemos estado trabajando estos meses en la elaboración de un protocolo general y de protocolos específicos para garantizar el estricto cumplimiento de las condiciones de seguridad e higiene requeridas. En el protocolo general se establecen las capacidades máximas de los espacios físicos, que en el caso de las aulas y laboratorios es de aproximadamente una tercera o una cuarta parte de la que era antes de la pandemia. Será preciso establecer entonces algunos criterios de prioridad para la asignación de los espacios. Y ello requerirá de un análisis minucioso y un armado casi artesanal de la oferta. A priori, imaginamos que todas aquellas asignaturas que encontraron mayores dificultades para dictarse en la virtualidad, muchas de las cuales tienen una parte experimental, van a tener prioridad en poder concurrir al campus. Y habrá que ver qué otras prioridades son necesarias. Quizás la de algunos talleres iniciales o materias de los primeros años. Otras asignaturas se continuarán dictando completamente en forma virtual durante el primer semestre de 2021. También estamos explorando esquemas mixtos, con asignaturas que se puedan dar mayoritariamente en modalidad virtual pero con dos o tres encuentros presenciales para trabajar sobre ciertos contenidos específicos o para las instancias de evaluación. De hecho, estamos trabajando en la hipótesis de que aquellas asignaturas que no pudieron tomar exámenes durante el 2020, porque requerían hacerlo en la presencialidad, puedan concurrir en febrero al campus para esa actividad. Pero, tal como ha sido una constante en este año, tenemos que movernos con distintos escenarios pues nuestras decisiones van a estar condicionadas por la evolución de la cantidad de contagios, el avance de la campaña de vacunación y los permisos que otorguen las respectivas autoridades sanitarias o educativas.

-¿Podría adelantarnos algunos de los asuntos que formarán parte de la agenda de la UNGS en 2021?

-Organizar la vuelta a la presencialidad de estudiantes y de trabajadores docentes y no docentes será sin duda una de las primeras cuestiones prácticas que tendremos que abordar. A comienzos de año deberemos retomar también las conversaciones sobre la creación de nueva oferta formativa en la UNGS. En 2021 se iniciará el dictado del Doctorado en Economía, se estará tramitando la acreditación de la Maestría en Género y Derechos y se ofrecerán algunas nuevas diplomaturas acordadas con distintos ministerios, pero están además en consideración distintas propuestas de creación de carreras de grado y de pregrado que comenzarán a tener un procesamiento institucional y que deberán evaluarse en el marco de un análisis del conjunto de la oferta formativa de la UNGS. Tendremos que trabajar en el despliegue y la estructuración del Sistema Institucional de Educación a Distancia, lo cual implicará tomar una serie de decisiones sobre las características y el sentido que queremos darle a ese dispositivo. En paralelo a esas discusiones, impulsaremos un plan de acompañamiento y fortalecimiento del dictado virtual de las materias que supone capacitación de docentes, elaboración de materiales especialmente pensados y diseñados para la educación a distancia, refuerzo de servidores y ampliación de los recursos informáticos, entre otras acciones. Confiamos en poder avanzar con el Reglamento de Concursos Docentes y con el de Concursos No docentes. En particular el primero resulta de fundamental importancia, pues su aprobación permitirá concursar a una parte importante de los y las docentes de dedicación simple, permitiéndoles adquirir estabilidad plena y ciudadanía política. Ambos Reglamentos requieren de una discusión en paralelo con el Consejo Superior y los respectivos sindicatos. Abriremos la discusión sobre dos mecanismos de democracia participativa que están en nuestro Estatuto pero que aún no fueron reglamentados: la consulta no vinculante y el derecho de iniciativa. Promover estos mecanismos contribuirá sin dudas a ampliar la democratización de los procesos de toma de decisiones. En los próximos meses se retomará la discusión iniciada este año sobre el Reglamento de funcionamiento de los Consejos de Institutos. Avanzar con estas cuestiones no es más que poner en plena vigencia el nuevo Estatuto de la UNGS. En 2021 deberemos revisar y repensar el modo en que nos relacionamos con el Estado y con el territorio, con su trama socioproductiva, con sus instituciones educativas, con sus organizaciones sociales, porque de ello dependerá las reorientaciones de las agendas de investigación, de promoción del desarrollo tecnológico y social, y de promoción de la cultura. Asimismo, tendremos que profundizar una política de ampliación de derechos que permita fortalecer el programa de género y diversidad, ampliando el alcance de las actividades de formación o dando señales concretas, por ejemplo, de avanzar en una política de inclusión de personas trans. Pero también es preciso revitalizar la agenda de cuestiones referidas a la discapacidad y la accesibilidad al campus, así como la agenda de los derechos humanos en general. Con apoyo del gobierno nacional, confiamos en poder retomar la ejecución de un conjunto de obras de infraestructura que son fundamentales para el funcionamiento de la Universidad y que quedaron paralizadas durante el gobierno de Macri. En términos de mejoramiento del sistema de gestión, mucho es lo que se ha hecho, pero mucho también lo que queda por hacer. Es preciso repensar circuitos, analizar procedimientos, distribución de tareas, perfiles y estructura de puestos para poder atender del mejor modo posible a las múltiples necesidades institucionales que van surgiendo como resultado del propio crecimiento y de la diversificación de funciones en la UNGS. Como se ve, tenemos una agenda de trabajo nutrida y ambiciosa, pero estamos entusiasmados y confiamos en poder llevarla adelante. Somos optimistas. Estamos convencidos de que el año próximo será mejor y con buenas oportunidades. Esperemos tener la capacidad de saber aprovecharlas.

-¿Algo que quiera decir para terminar?

-Reiterar mi más profundo agradecimiento a cada integrante de la comunidad universitaria por el esfuerzo y el compromiso de siempre, pero que este año fueron redoblados para llevar adelante las tareas en circunstancias extremadamente difíciles. Agradecerle a cada estudiante, a los trabajadores y las trabajadoras docentes y no docentes, al resto de las autoridades de la Universidad por todo lo hecho. Si algo hemos vuelto a ratificar en este año difícil es que solo el trabajo, el esfuerzo y el cuidado colectivos nos permiten hacer frente a los peores problemas.

Eduardo Rinesi

* La nota fue publicada en la edición del 14 de diciembre de Noticias UNGS

Martes 15 de diciembre de 2020

Cómo abastecer alimentos sanos para el AMBA | Encuentro virtual organizado por el ICO en Desde el Conocimiento

En un encuentro virtual organizado por el Instituto del Conurbano de la UNGS, un conjunto de investigadoras e investigadores de la UNGS, funcionarios de gobiernos locales y actores estratégicos de la producción y la comercialización del sector frutihortícola, debatieron acerca de los desafíos del abastecimiento de alimentos sanos para el AMBA. El encuentro se realizó en el marco de la presentación de los informes 5 y 6 de la investigación “Prevención y monitoreo del COVID-19 en municipios del Conurbano Bonaerense desde una perspectiva multidimensional”, financiado por la AGENCIA +I+D+i.

Leer la nota completa
Desde el conocimiento | 10 de diciembre de 2020
Cómo abastecer alimentos sanos para el AMBA

Martes 15 de diciembre de 2020

La UNGS lanzó su Portal de revistas de acceso abierto

La UNGS lanzó su Portal de revistas bajo la plataforma Open Journal System (OJS), que contará con publicaciones de acceso abierto, contribuyendo así a la comunicación, acceso y visibilización de conocimientos producidos en la Universidad. A partir de esta iniciativa, llevada adelante por Ediciones UNGS, en el ámbito de la Secretaría de Investigación, ya se encuentra online el número de diciembre de Prácticas de oficio, revista de investigación y reflexión en Ciencias Sociales, editada por el Programa de Posgrado en Ciencias Sociales de la UNGS y el Instituto de Desarrollo Económico y Social, y Márgenes, revista de Economía Política que desarrolla el Instituto de Industria.

Paola Miceli, secretaria de Investigación, destacó que se trata de un “camino tomado con responsabilidad y profesionalismo, y sobre todo con compromiso institucional y gran entusiasmo” y aseguró que esperan sumar otras revistas durante 2021 así como perfeccionar el Portal para poder aprovechar todas las capacidades que ofrece la plataforma.

Los objetivos de esta iniciativa y otras, como la creación del Repositorio Institucional Digital de Acceso Abierto aprobado por el Consejo Superior en octubre, son contribuir a la comunicación de conocimientos de manera crítica y democrática para aportar al desarrollo local, nacional, regional e internacional; favorecer la equidad en el acceso a los resultados de la investigación y del conocimiento científico producido; y visibilizar a nivel nacional e internacional las publicaciones de la UNGS.

La OJS es un software libre de administración y publicación de revistas y documentos periódicos en internet.

Accedé al Portal de Revistas de la UNGS

Martes 15 de diciembre de 2020

Vecinos y vecinas de General Rodríguez contra los agrotóxicos

La comunidad del Municipio de General Rodríguez se manifiesta en contra de los agrotóxicos y reclama a las autoridades la aprobación de un proyecto que limite la utilización de estas sustancias.

FM La Uni dialogó con Leonardo Fueyo, vecino de Rodríguez, quien relató la problemática: "En nuestro distrito se viene tratando en estas últimas semanas el proyecto de ordenanza municipal para regular el uso de los tóxicos en los campos, el cual nos tiene bastante preocupado ya que deja de lado nuestra salud y nos expone a serios riesgos. El tema empezó a ponerse en agenda principalmente a raíz de algunas denuncias que vecinos y vecinas del distrito fueron realizando, sobre todo a partir del verano pasado. A partir de ahí se empezó a conformar un espacio amplio integrado por vecinos, vecinas, productores agroecológicos y distintas organizaciones que venimos luchando para que el municipio apruebe una ordenanza que regule y ponga límites a las fumigaciones indiscriminadas que se realizan con agrotóxicos en mucho de los campos que lindan directamente con zonas urbanas o rurales pero que están habitados".

La semana pasada, el Concejo Deliberante de General Rodríguez resolvió dejar en despacho la ordenanza que regula el uso de agrotóxicos y aprobar una que crea un Observatorio, a través del cual se buscaría generar consenso sobre cómo debería ser la legislación a implementar. Desde la organizaciones de vecinos esperan que el Observatorio convoque a todos los sectores involucrados.

Si querés escuchar la nota completa, podes hacerlo en el link a continuación:

Recordá que podes escuchar todas las notas emitidas en FM La Uni a través de Radiocut

 

Si querés saber más sobre agrotóxicos, te invitamos a escuchar la serie de podcast sobre la temática, producida por FM La Uni.

 

Lunes 14 de diciembre de 2020

Barrios por la salud presentó sus primeros resultados

Con la participación del Ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán, las máximas autoridades de la UNGS, organizaciones sociales y el equipo de trabajo, se presentaron los primeros resultados del proyecto Barrios por la Salud, en el marco de estrategias para el abordaje territorial de la pandemia del Covid-19.

Esta iniciativa que integran las Universidades Nacionales de General Sarmiento (UNGS), José C. Paz y Arturo Jauretche, cuenta con financiamiento del Ministerio de Ciencia y Técnica de la Nación para la implementación de dispositivos de prevención y comunicación en salud y relevamiento de información georeferenciada sobre la población frente a los contagios de Covid-19.

Durante el segundo semestre de 2020, Barrios por la Salud capacitó a más de 70 referentes sociales, quienes forman parte de 30 organizaciones del municipio de José C. Paz (UNGS-UNPAZ) y recientemente ha comenzado una nueva capacitación en el municipio de Florencia Varela (UNAJ). La coordinadora del proyecto e investigadora-docente del Instituto del Conurbano (ICO), Magdalena Chiara, señaló durante el encuentro que la propuesta ante la pandemia consistió en generar herramientas que acompañaran el trabajo territorial de las organizaciones desde el enfoque de la educación popular y las oportunidades que generaron las tecnologías de comunicación.

El equipo de Barrios por la Salud para el trabajo en José C. Paz estuvo compuesto por investigadores-docentes del Instituto del Conurbano (ICO) y del Instituto del Desarrollo Humano (IDH), estudiantes, graduados/as y no docentes de la UNGS, educadores populares, especialistas en comunicación y georeferenciación. Además, por investigadores-docentes del Instituto de Estudios Sociales en Contextos de Desigualdades (IESCODE) de la UNPAZ. Composición que ha permitido un abordaje integral e interdisciplinar de las propuestas desarrolladas en el proyecto.

En sus palabras de apertura el Vicerrector en ejercicio del Rectorado, Pablo Bonaldi, señaló que el proyecto “nos honra como universidad porque expresa un modo de producir conocimiento y un modo de comunicarnos con el territorio”. Posteriormente, el ministro de salud, Daniel Gollán, se sumó a la apertura resaltando la importancia que significó el proyecto en tanto la comunidad organizada es uno de los pilares del modelo de salud que buscan impulsar desde el país y la provincia: “sin la participación organizada de la comunidad es imposible sostener un proceso de cambio que nos lleve a construir un modelo sanitario mucho más justo, más accesible y equitativo”, sostuvo.

El encuentro contó con las palabras de representantes de las organizaciones quienes contaron cuáles fueron las demandas acercadas a la universidad, cómo surgió el proyecto, además de resaltar el modo en que la propuesta de Barrios por la Salud les permitió sentirse acompañados/as en el trabajo territorial y unificar acciones para la prevención y abordaje de contagios a partir de la capacitación.

Silvina Feeney (IDH/UNGS), responsable de capacitación del proyecto, tuvo a su cargo la presentación de los contenidos y modalidad de la capacitación que centró en las medidas de cuidados en el barrio, la aplicación de protocolos, el acompañamiento en temas de salud mental y que se dictó a través de plataformas virtuales y las redes sociales.

Se presentaron también las producciones audiovisuales generadas durante la capacitación, que fueron protagonizadas por los referentes barriales. Además la investigadora docente Georgina González Gartland (IDH/UNGS), responsable del eje comunicación, compartió un adelanto de la campaña comunicacional orientada a trabajar en la etapa de DISPO en los barrios.  La campaña lleva por nombre “Tenemos un plan” y fue producida por El Culebrón Timbal.

Las diversas experiencias expuestas contaron con un panel de comentaristas: Arnaldo Medina, Secretario de Calidad en Salud del Ministerio de Salud de la provincia, Erika Roffler, Secretaria de Articulación de Políticas Sociales del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación e Ignacio Bianchini, Director de la Escuela Madre Tierra y miembro del Consejo Social de la UNGS. Sus intervenciones valoraron la importancia de trabajar desde un concepto amplio de salud que incluye la territorialidad como un componente central para pensar las políticas públicas.

Se presentaron también los avances de la experiencia que actualmente se desarrolla desde el Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de Arturo Jauretche, a cargo de Teresa Poccioni y Liliana Rivas de dicha universidad. A quienes se sumaron la presencia y acompañamiento de funcionarios de la Municipalidad de Florencio Varela, contraparte para la implementación del proyecto en ese municipio. El trabajo cuenta también con el apoyo de la Asociación de Docentes, Investigadores y Extensionistas de la UNAJ (ADEIUNAJ).

Los aportes y reflexiones del encuentro fueron puestos en contexto institucional en el cierre con las palabras de las decanas de los Institutos del Conurbano (ICO/UNGS), Andrea Catenazzi, y del Desarrollo Humano (IDH/UNGS) Flavia Terigi y el secretario de Vinculación Tecnológica y Social, Oscar Galante; estuvo presente también la secretaria de Investigación, Paola Miceli. Pablo Bonaldi, instó a expandir el proyecto a otros municipios e insistió en que es importante que la Universidad y las organizaciones participen en el diseño de políticas públicas en tanto actores claves y legítimos del territorio.

Para ver la presentación completa del proyecto Barrios por la Salud, se puede ingresar aqui

Para ver las producciones audiovisuales ingresal al canal Youtube de Barrios por la Salud o al Facebook

 

 

 

Lunes 14 de diciembre de 2020

La tecnología, la solidaridad y la ciencia, protagonistas del Presupuesto Participativo 2020

Tras la votación, finalizó en la UNGS la octava edición del Presupuesto Participativo (PP) y son cuatro los proyectos que recibirán financiamiento. En un año atípico, el PP contó con una importante participación de la comunidad educativa (votaron 212 personas más en relación a 2019), quienes eligieron las iniciativas a través de la plataforma UNGS Activa. Los proyectos más votados están vinculados a necesidades que surgieron o cobraron fuerza en tiempos de pandemia y también a la difusión de la ciencia: la generación de un cluster de computación; el incremento del Fondo Solidario UNGS; la instalación de un péndulo de Foucault en el campus, el primero del conurbano; y la puesta en marcha de una iniciativa para el aprendizaje del uso de las TICs (tecnologías de la información y la comunicación). Este último proyecto a diferencia de los tres primeros será financiado solo en un porcentaje.

“La universidad decidió no quedarse quieta y desplegar un conjunto de acciones con el objeto de cumplir con su misión: ‘la creación, la construcción, la enseñanza y la comunicación de conocimientos de manera crítica y democrática a partir de sus actividades principales’”, aseguró Pablo Toledo, secretario de Administración de la UNGS, para quien además se decidió sostener otra de las “marcas constitutivas” de la Universidad, la de ser “una institución fuertemente democrática”.

El PP, que en la UNGS tiene rango estatutario y se lleva adelante desde 2013, promueve que se discutan los problemas y las necesidades de la institución, se presenten propuestas, se las defienda y se decida con el voto de todos los claustros qué proyectos se financiarán. A lo largo de estos años se presentaron 66 proyectos, de los cuales fueron financiados 28. Como reflexionó Cristian Adaro, coordinador del PP, en la edición 2020 surgió el desafío de cómo implementar el presupuesto participativo sin la presencialidad. Para ello, las distintas etapas (de identificación de problemáticas o ideas, de formulación de proyectos y de difusión) se desarrollaron en forma virtual a partir del uso de distintas técnicas y metodologías y la Dirección de Sistemas y Tecnologías de Información de la Universidad (SyTI) desarrolló un aplicativo especial para permitir el escrutinio digital y abierto.

Además, dado el contexto, en lugar del tradicional evento cultural en el Campus para la apertura que se realiza al final de la fase informativa, se realizó una charla virtual de la que participaron Adaro; Pablo Toledo, secretario de Administración de la UNGS; Eduardo Rinesi, investigador docente y exrector de la UNGS; y Nelson Dias, coordinador del Atlas Mundial de los Presupuestos Participativos y consultor del Gobierno de Portugal y de organismos internacionales para la implementación del PP. Adaro remarcó que, si bien en algunas etapas se perdió la riqueza del intercambio presencial, el balance es positivo ya que “se logró sostener la participación, involucrar a una parte de la comunidad y fortalecer vínculos”.

En cuanto a los proyectos que obtendrán financiamiento este año, por un lado, "Colosungs", el primer cluster de computación de acceso remoto para tareas, talleres, experimentos, que propone “llevar la computación al límite de lo desconocido”, obtuvo más del 20 por ciento de los votos, quedando en primer lugar y alcanzando un financiamiento de $180.000.

Por su parte, “Damos una mano”, que se ubicó en segundo lugar con poco más del 16 por ciento de los votos, permitirá incrementar el Fondo Solidario de la Universidad en $ 195.000, reforzando la ayuda alimentaria para las ollas populares a las que se ayuda a través de este fondo.

En tanto, “Miremos el mundo girar a nuestros pies”, que alcanzó el tercer lugar con casi un 15 por ciento de los votos, contará con un financiamiento de $195.000. Se trata de una propuesta para el diseño, construcción e instalación de un péndulo de Foucault en el campus de la UNGS, dentro del hall central del multiespacio, y colaborar así en la difusión de la ciencia y la cultura científica con foco en los estudiantes de ciencias, los aspirantes al ingreso y el público en general.

Y “Aprendiendo a usar las TIC”, que obtuvo el cuarto lugar con un poco más del 11% de los votos, contará con un financiamiento de $80.000. El proyecto apunta a que la comunidad de la UNGS acceda a videos, talleres y clases prácticas sobre cómo utilizar las diferentes herramientas tecnológicas.

La partida presupuestaria destinada al PP este año es de 650 mil pesos y para la designación de la misma se contabilizaron los votos y se aplicó la ponderación por claustros. De acuerdo al escrutinio, votaron 936 personas (644 estudiantes, 139 docentes, 95 graduados/as, 58 no docentes), números que indican un aumento de la participación respecto al año anterior, cuando en total votaron 724 integrantes de la comunidad universitaria (496 estudiantes, 97 docentes, 89 nodocentes y 42 graduados).

Los proyectos que quedaron afuera son: cursos "Educar para Incluir" de Juega Juampi; una iniciativa para la instalación de sanitizantes en aulas y oficinas de la Universidad; “La UNGS en la escuela”, para favorecer la articulación entre la UNGS y las escuelas secundarias de carácter estatal del distrito de San Miguel; y un proyecto para conectar el sistema eléctrico del campus con el campo de deportes universitario, entre otras cuestiones.

Lunes 14 de diciembre de 2020

Finalizó el proyecto entre la UNGS y Explora S. A. para producir biodiesel a partir de barros cloacales

Con la mirada puesta en la búsqueda de fuentes de energía renovable que permitan reemplazar a los combustibles fósiles, la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y la empresa Explora S. A. trabajaron los últimos años en un proyecto para poder producir biodiesel a partir de la materia grasa de los barros cloacales.

Al finalizar el proyecto de investigación, que se extendió por cuatro, Explora S. A. comunicó que “ya produjo 12 mil toneladas de aceite residual desacidificado que fueron exportadas principalmente a Gran Bretaña, Holanda, España, Bulgaria y Brasil”, donde serán utilizados para producir biodiesel.

La colaboración conjunta se dio en el marco de un proyecto público-privado financiado en mayor medida por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, a través del Fondo de Innovación Tecnológica Regional (FITR).

El equipo de investigadores e investigadoras del Área de Química Ambiental del Instituto de Ciencias (ICI) de la UNGS se centró exclusivamente en el problema industrial de obtención y desarrollo de tecnologías para la extracción de la materia prima. “Una vez detectada la corriente de residuos en la planta de AySA más rica en ácidos grasos, pusimos a punto un método de extracción líquido-líquido optimizando las distintas variables del proceso en diferentes escalas”, explicó el químico Javier Montserrat, investigador docente del ICI y director adjunto del proyecto.

Este proceso permitió obtener los ácidos grasos, que se encuentran en los barros cloacales, que serán utilizados como materia prima para producir un biocombustible de segunda generación, amigable con el ambiente, que no compite con los usos alimenticios de las materias primas y que es generado a partir de un residuo con un impacto negativo en el ambiente. En los barros cloacales se encuentra la materia grasa de origen biológico y los residuos domiciliarios asociados a la limpieza corporal, como los jabones, que forman una capa de ácidos grasos libres que, debido a su menor densidad, flota sobre el agua.

Durante el desarrollo del proyecto se utilizaron los barros cloacales de la planta de Berazategui de Agua y Saneamientos Argentinos S. A. (AySA). Esta planta de pretratamiento de efluentes tiene un caudal medio de tratamiento de 22.000 litros de agua por segundo y concentra los residuos cloacales provenientes de la Ciudad de Buenos Aires y de 17 partidos del conurbano bonaerense.

Biocombustibles en la Argentina
En nuestro país casi la totalidad de los biocombustibles se producen a partir de aceite de soja (biodiesel) y, en menor medida, de caña de azúcar (bioetanol). Estos productos son utilizados en el mercado interno, principalmente para el transporte, y también son comercializados en el exterior. “El problema principal de esta tecnología es que la materia prima, en este caso el grano de soja, compite con fines alimenticos”, explica Montserrat.

La Argentina es el principal exportador de biodiesel a nivel mundial. Por otro lado, el régimen de regulación y promoción para la producción y uso sustentables de biocombustibles vigente en la Argentina desde 2010 y actualizado en 2014 establece que los combustibles fósiles deben ser mezclados con un 10% de biocombustibles para su uso en el transporte: de bioetanol en el caso de la nafta y de biodiesel en el del gasoil.

Además, el biodiesel generado a partir del aceite de soja es controversial debido a los impactos ambientales y sociales que produce este cultivo y al balance total de las emisiones de gases de efecto invernadero durante su producción.

Como una alternativa surgieron los biocombustibles de segunda generación, producidos en general a partir de materiales de desecho. Para la producción de bioetanol se utilizan, por ejemplo, los restos de tallos y hojas y madera de descarte, y para la del biodiesel las estrategias se basan en la reutilización de grasas y aceites de origen industrial o alimenticio.

El proyecto la UNGS
Este proyecto de transferencia tecnológica impactó en la UNGS en la ampliación del equipamiento de los laboratorios experimentales de la Universidad y también en la formación de recursos humanos, ya que el equipo de investigación también estuvo integrado por una graduada de Tecnicatura Superior en Química de una UNGS y un graduado de Ingeniería Química de la UBA.

A la vez, el proyecto abrió una nueva línea de investigación, todavía en curso, sobre materiales que podrían funcionar como sorbentes, es decir, que podrían atrapar los ácidos grasos en las corrientes de desecho.

Por Comunicación y Prensa UNGS

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