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El arte que hace comunidad. Mauricio Kartun en el Encuentro de Teatro de la UNGS

Con el auditorio “José Pablo Martín” como marco, el reconocido dramaturgo y director Mauricio Kartun inauguró el 14º Encuentro de Teatro de la UNGS haciendo un recorrido cualidades y valores del arte escénico. “El teatro es un ritual de sintonía, desde hace siglos los seres humanos nos reunimos en rueda alrededor de un relato, que algunos estudiosos llaman el fenómeno de la inteligencia narrativa. Cuando vemos una obra de teatro nos sintonizamos en su relato”, expresó a modo de presentación.

Con su característica elocuencia, Kartun profundizó esta idea planteando que “el arte es un lugar que permite respirar fuera del campo agobiante de la red conceptual en la que el pueblo vive. Una película, una obra de teatro, un cuento… el arte es la respiración de los pueblos. El teatro es un medio esencial en esa oxigenación, que viene compartiendo con el cine”.

No obstante, en relación a cómo se vivencia hoy el cine, el director resaltó que está dejando de constituir un ritual de convivencia: “Cuando te reís junto a otros hay algo de sintonía compartida. Sin embargo, cuando te reís solo, perdés de vista la experiencia en común, hay algo de rareza en donde no existe esa comunidad. Esto sucede en tiempo en que el cine empieza a abandonar las salas…”.

Por otra parte, el dramaturgo destacó la importancia de seguir apostando al teatro en la actualidad, dado que en su seno se construyen fuertes lazos comunitarios. “El teatro constituye un espacio condensador del ritual, es contracultural, es una lugar de reacción frente a lo posorgánico porque es definitivamente orgánico. El teatro en su ritualidad y en su unión nos organiza. Es un arte que tiene un futuro extraordinario”, aseguró.

En ese sentido, Kartun subrayó: “El teatro se sostiene en algunas cosas muy básicas, en principio en la curiosidad del espectador que quiere saber cómo termina la obra. La curiosidad mata al espectador. Un espectador no es otra cosa que alguien que intenta quedarse hasta el final para saber cómo concluye la pieza”.

Por otro lado, dijo Kartun, el teatro “se sostiene por la identificación del público con los actores. El identificarte con un personaje y vivir la emoción de lo que le pasa a ese personaje identificado con él”. Por último, destacó, al teatro lo sostiene “el placer de asombrarse frente a la habilidad del actor, eso que perdemos de vista y que en realidad en el cine también se pierde de vista, porque la habilidad del actor de cine es extraordinariamente minimizada en relación a la habilidad del actor de teatro”.

El dramaturgo se refirió también a la importancia del oficio del actor en el teatro y remarcó: “El actor de teatro lo que hace es un homenaje a la memoria. El teatro es una demostración de una solvencia muy curiosa en el acto de la memoria por eso el actor es tan panicoso porque sabe que depende de esa memoria y que esa memoria es frágil. Lo que muestran es ese extraordinario atributo, la capacidad de ser otro, un fenómeno que perdemos de vista”.

“El actor pone en juego su inteligencia mimética. Lo que nosotros vemos cuando vemos teatro es esa capacidad que transforma al actor en otro frente a los ojos del espectador”, agregó. Sobre este asunto, Kartun destacó: “El teatro se hace por belleza del tiempo, es decir, para que ese actor pueda hacer eso tiene que tener diez años atrás de experiencia, de hacerlo todos los días. Cuando pensábamos que el oficio derivaba hacia otros, lo que descubrimos es que en la profundización de ese oficio está la esencia de su supervivencia”.

Finalmente, Kartun enfatizó la necesidad de hacer un teatro con futuro: “Hacer un teatro que esté muy bien, que sorprenda, del cual el espectador salga hablando de la conmoción frente a esa actuación, sólo se consigue con trabajo. Ya no queda espacio para ese otro teatro puramente vocacional, salvo que uno lo piense como semillero, es decir, como lugar de ascenso hacia lo otro, pero ese otro futuro del teatro está justamente en eso cuerpos solventes iluminados y diferentes en su experiencia y en su formación a cualquier otro. Nadie puede hacer lo que hace un buen actor de teatro”, recalcó.

Soledad Fajardo

¡Vamos las bandas!

A través de un convenio firmado entre la UNGS y el Instituto Nacional de la Música (INAMU), se viendo llevando a cabo en la Universidad el Circuito Universitario de Música Independiente (CUMI). La iniciativa se centra en la convocatoria a músicos y bandas del territorio que quieran realizar conciertos y recitales en el microcine del Multiespacio Cultural UNGS. El proyecto tiene como objetivo brindarles a músicos independientes y de distintos géneros una herramienta que les permita ampliar la formación de público. Es un circuito que busca promover espacios gratuitos de música en vivo en distintas universidades del país.

El CUMI permitirá que los artistas realicen conciertos en buenas condiciones, en espacios seguros, con sonido profesional, con entrada gratuita y cobrando viáticos para poder presentarse. “Trabajando en conjunto con las universidades públicas se fortalecen los espacios entendidos como polos culturales, de puertas abiertas, fundamentales para la circulación de música en vivo, entre otras manifestaciones artísticas”, destacan desde el equipo del INAMU.

Apartir del convenio firmado entre la UNGS y el INAMU se realizaron distintas acciones en la Universidad para que los músicos se presenten a la convocatoria en condiciones óptimas. El Instituto otorgó asistencia en seguridad escénica a través de una revisión técnica de las instalaciones por parte del Sindicato Argentino de Técnicos Escénicos, entregó un desfibrilador externo automático de primera marca y se brindaron cursos de primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar. Además, el INAMU aportó fondos para disponer del equipamiento de sonido necesario y la correcta puesta en escena de los conciertos, en general.

Las primeras experiencias del Circuito Universitario de Música Independiente se están desarrollando no solo en la UNGS sino también en la Universidad Nacional de Avellaneda. El Instituto tiene como objetivo ampliar el CUMI a las diversas provincias del país. El equipo de organización e implementación del Circuito en la UNGS está conformado por Carlos Alonso, coordinador de la Diplomatura de Sonido e Imagen; Lucas Rozenmacher, coordinador de la Licenciatura en Cultura y Lenguajes Artísticos, Oscar Peretto, coordinador del Área de Música, y Juan Chiesa, estudiante de la Licenciatura de Cultural y Lenguajes Artísticos y trabajador nodocente de la Secretaría de Cultura.

“El convenio brinda la posibilidad de ayudar económicamente a grupos y/o músicos que están dando sus primeros pasos. Es un apoyo para que ellos puedan presentarse en un lugar digno, con buen sonido, y que puedan solventar los gastos de traslados u otras necesidades requeridas para tocar”, explicó Oscar Peretto. Y recalcó: “El proyecto da un marco institucional a las bandas locales y las ayuda en su proyección. Tocar en un ciclo que articula el INAMU y una universidad nacional, es prestigioso y les brinda un gran apoyo en su crecimiento artístico”. La Universidad se encarga de seleccionar a los artistas que se presenten, dándole prioridad a los proyectos locales y de composiciones propias.

El CUMI en la UNGS ya tuvo sus cuatros primeras presentaciones, durante septiembre y octubre, en el microcine del Multiespacio Cultural de la Universidad, donde tocaron en vivo bandas y músicos de la región. Tuvieron su lugar en el ciclo las bandas locales de rock TUX y Los MIE2; y músicos reconocidos como José Latasa, Irene Ruth, Emiliana Piccinni, Jorge Garagotche, Bárbara Legato y Barlovento Orquesta. Las fechas de conciertos de música del CUMI continuarán en noviembre. El viernes 16, a las 21 hs., se presentarán, en el ciclo “Canciones propias”, el Trío Peretto-D’Angelo-Garnica y el grupo Alma Gama. Y el viernes 23, en el mismo horario, brindarán un recital las bandas de Rock Ardilla y Picando Moscas. Ambas presentaciones se llevarán a cabo con entrada gratuita en el microcine del Multiespacio Cultural de la Universidad (Juan M. Gutiérrez y José L. Suárez, Los Polvorines).

Los grupos y solistas que deseen postularse para ser parte de la programación del Circuito Universitario de Música Independiente en la UNGS deberán inscribirse online, previa consulta de las bases y condiciones, a bit.ly/cumiungs. La convocatoria está abierta hasta diciembre de este año.

Paros generales y crisis financieras

Cuando el pasado 25 de septiembre promediaba la jornada de paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) y las dos vertientes de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), Autónoma y De los Trabajadores, la agenda política dio un giro rotundo al conocerse la renuncia de Luis Caputo a la presidencia del Banco Central. La noticia acrecentó la incertidumbre por el impacto que podría causar en la renegociación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), llevada adelante en Nueva York durante esos días por el equipo económico del gobierno. El presidente Mauricio Macri, por su parte, estaba en Washington para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas y sus declaraciones sobre esa jornada de contrastes se ajustaron a las urgencias bursátiles; sobre el paro deslizó una escueta felicitación “a los argentinos que contra viento y marea fueron a trabajar”. Importa señalar que el reclamo popular contra la política económica de su administración fue generalizado y tuvo alto acatamiento en la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense y varias de las principales ciudades del país, donde las dos CTA, el sindicalismo de base de raigambre trotskista y varios movimientos sociales habían iniciado la medida de fuerza medio día antes (el lunes 24), con concentraciones y movilizaciones. Pero el ritmo ajetreado de la crisis financiera y sus coyunturales resoluciones eclipsaron la protesta.

Estas circunstancias no son exclusivas del caso argentino ni se remontan al último lustro. Por el contrario, marcan una tendencia entre crisis financieras y mundo del trabajo en las economías capitalistas desde hace ya unas tres décadas. Dicho brevemente, ante cada nuevo episodio de crisis global resurgen fortalecidos las instituciones y los actores ligados al capital financiero en detrimento de aquellos ligados a la economía productiva, básicamente empresas y sindicatos. No se trata de distinguir en forma maniquea entre buenos y malos sino de señalar que tal tendencia abre el telón de un escenario en el que la dinámica del capitalismo financiero no resulta desacreditado ni es condicionado por cambios fundamentales que alteren su funcionamiento; antes bien, las instituciones que coordinan y controlan sus zigzagueos redefinen reglas para reencausar el derrotero anterior al episodio de crisis. En tales coyunturas, el mundo del trabajo reacciona cada vez con más dificultades para impedir, detener o por lo menos obstaculizar la etapa actual del capitalismo.

Es lo que pasó hace exactamente una década cuando en septiembre de 2008 quebró Lehman Brothers, uno de los principales bancos de inversión de los Estados Unidos, y provocó una crisis internacional con efectos dispares para el mundo financiero y el del trabajo. Luego de unos meses de incertidumbre, el mundo financiero recuperó su vigor y restableció la confianza global mientras que el mundo del trabajo soportó un nuevo repliegue con despidos masivos en las industrias de manufacturas con importantes niveles de sindicalización aún e, incluso, entre el personal de los bancos y oficinas bursátiles de todo el mundo. Subrayémoslo: no se trata de bancos contra fábricas… En Europa, por ejemplo, los sindicatos reaccionaron casi de inmediato a la coyuntura y sus respuestas cubrieron dos frentes: de un lado, buscaron visibilizar el conflicto a través de la ocupación de lugares públicos muy destacados de determinadas ciudades (por ejemplo, el frente del Coliseo en Roma), el secuestro de los directivos de las empresas donde iban a cerrar plantas (el llamado “bossnapping”), e incluso algunas muy peligrosas, como la amenaza de suicidio de quienes se manifestaban (en Francia, en octubre de 2009, lo hicieron trabajadores de la empresa Telecom). Del otro lado, buscaron reformular los acuerdos de cooperación tripartita con empresas y gobiernos, pactando reducciones de la jornada laboral o congelamientos salariales con la expectativa de conservar los puestos de trabajo y de que los gobiernos absorbieran –tal su promesa– el impacto social de los despedidos y desempleados1. El contraste entre las medidas a favor de uno y otro de estos universos dejó al descubierto la asimétrica fuerza de sus principales actores para influir a favor de sus intereses: mientras que los resultados de las negociaciones tripartitas reflejaron el combate en retaguardia librado por los sindicatos en las principales economías industrializadas, el auxilio institucional y gubernamental al capital financiero mostró el peso de sus principales agentes y su rápido retorno a los mercados.

Frente a este tipo de crisis y sus soluciones, el golpe asestado al mundo del trabajo afecta distinto a las heterogéneas capas que actualmente lo conforman. Tengamos en cuenta que luego de cada evento de crisis las negociaciones laborales explicitan a menudo el retroceso sindical por conservar niveles de salario y condiciones de empleo para los sectores más calificados; en consecuencia, también para preservar niveles de sindicalización. Consecuentemente, mucho más dura es en tales contextos la situación para quienes constituyen el universo del trabajo precario e informal y que, en muchos países, lo pueblan además inmigrantes que soportan condiciones de trabajo y de vida muy difíciles, que los sindicatos no siempre contemplan como reivindicaciones de su tipo.

La ecuación es simple: si las economías están hoy mucho más expuestas a los vaivenes del capital financiero que a las proyecciones de la inversión productiva, el margen de maniobra de sindicatos y empresas es bastante estrecho y, según los casos, de escasa influencia ante tales vaivenes pero, paradójicamente, bastante sensible a sus efectos. En las economías periféricas, tales efectos golpean más duro aun cuando su impacto respecto de las centrales se rezague por su propia condición dependiente.

Este es el cuadro dentro del que se desenvuelve la acción sindical en el mundo hoy. Las protestas laborales y sindicales en la Argentina de estos años no escapan a este marco general. La inflexión del gobierno de Cambiemos agrega, sin embargo, otros factores. El primero es que, a diferencia de los kirchneristas, éste emitió desde un comienzo señales claras de retorno hacia los negocios del capital financiero y a los organismos internacionales que lo custodian. El segundo es que no ha forjado con los sindicatos una alianza ni económica ni política (recordemos que, hasta comienzos del segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el grueso del sindicalismo fue protagonista de la coalición social que había alentado y liderado Néstor Kirchner, garantizando paz laboral y moderación salarial, y contribuyendo a recrear la cultura obrero-sindical del peronismo tras la década peronista neoliberal de los años noventa). En ese sentido, uno de los interrogantes al inicio de la gestión macrista era si por fin un gobierno no peronista soportaría la embestida del sindicalismo peronista y no sucumbiría como los gobiernos de la Unión Cívica Radical de fines de los años ochenta y de la Alianza del cambio de mileno. El modo en que gobierno y sindicatos encararon el día después del paro general de fines de septiembre muestra claramente el recortado poder de fuego del todavía llamado sindicalismo peronista. Este sindicalismo, en sus distintas composiciones organizativas, le ha realizado ya a este gobierno cuatro paros generales; tras el último que organizaron no hubo ninguna reunión oficial con la dirigencia sindical para revisar aunque sea algunas coordenadas. Peronista o no (quedará para otra nota un análisis sobre el vínculo entre sindicatos y demás actores peronistas), este sindicalismo es el más influyente y poderoso porque representa a los sectores de la actividad productiva y de servicios más dinámicos de la economía, formalmente integrados en las instituciones reguladoras del mercado de trabajo, y también porque en el contexto de una economía inflacionaria, es este sindicalismo el que reedita en sus negociaciones neocorporativistas con las empresas y el Estado moderación salarial y paz laboral por conservación de los puestos de trabajo, concesiones corporativas y otras compensaciones organizativas. Dicho de otro modo, lo que estos sindicatos acuerdan traza el techo, o el piso, según sea el caso, para las capas del mercado de trabajo no reguladas bajo estas pautas.

Ante escenarios críticos, la respuesta habitual de este tipo de sindicatos busca reconquistar poder apelando a su gravitación en las instituciones laborales y reclamando la renovación de pactos previos o, por lo menos, de políticas compensatorias que contribuyan a contener la acción conjunta. El gobierno de Macri administró la pulseada con estos sindicatos con la devolución en etapas de una deuda millonaria del Estado a las obras sociales sindicales; esto atemperó sus expectativas y condicionó su acción contenciosa a una sostenida temporada de quietud. Sólo la presión de los sindicatos de las CTA y los movimientos sociales llevó a los sindicatos de la CGT a convocar cada una de las huelgas generales realizadas. La otra respuesta frecuente, aquí y en las economías centrales, es la de sindicatos y movimientos sociales que procuran conquistas para los más desprotegidos y cuya acción colectiva confronta generalmente al Estado. El número de los desprotegidos se viene incrementando a escala mundial y no sólo por las olas periódicas de despidos sino además porque las nuevas generaciones que ingresan al mercado de trabajo ya lo hacen en condiciones de mayor precariedad laboral. Precariedad que, además, se solapa con otros condicionamientos, como la inmigración, la etnia, el género u otros rasgos de colectivos identitarios minoritarios que entran en tensión con la inserción laboral y no siempre cuentan con el respaldo de las organizaciones populares más firmemente asentadas.

En el caso argentino, dichas tensiones están aún bastante ligadas a la división entre formales e informales y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) ha ganado terreno en la representación de estos últimos. La CTEP quiere ser parte de la lógica sindical, pero la suya es una que hunde sus raíces en la de los movimientos sociales. Procura ser parte de la CGT y, por lo tanto, del universo de los trabajadores, pero no logra incorporarse a los estamentos sindicales y se dilatan el espacio y las temporalidades entre clases trabajadoras y populares por su reorganización. En el camino quedan pendientes aún dentro del mundo del trabajo las batallas por el género, la etnia, las diferencias generacionales, entre otras cuestiones reivindicativas. Ésa es la agenda que incentiva hoy la reorganización de los trabajadores, aquí y en otras regiones del mundo, y es la que evaluará cada vez con más firmeza el involucramiento de las centrales sindicales históricas en estas reivindicaciones, independientemente de si los gobiernos son o no peronistas.

* El artículo fue publicado en la edición de noviembre de la revista Noticias UNGS.

Venas abiertas. Los conflictos ambientales

“Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha transmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos”, escribió Eduardo Galeano en el prólogo de Las venas abiertas de América Latina.

La extracción continua y sus efectos sobre la salud de la población y el ambiente son cada vez más evidentes. Pero a la vez crece la movilización social frente a estos emprendimientos que vuelan montañas, fumigan pueblos, contaminan el agua y el aire, ponen en riesgo la salud de la población y limitan su capacidad de progreso.

Los conflictos ambientales derivan del uso, el acceso o la explotación de un recurso natural por parte de dos o más actores con diferentes visiones sobre la utilización y la apropiación de un determinado territorio. Estos conflictos involucran a las comunidades afectadas, a veces pueblos originarios, a empresarios y también a la gestión pública, la política y a la academia.

En la Argentina existen varios tipos de conflictos, asegura el antropólogo Francisco Suárez, investigador docente del área de Ecología del Instituto del Conurbano (ICO) de la UNGS: “Hay conflictos relacionados con la megaminería a cielo abierto y los agronegocios, pero también hay otros relacionados con el desarrollo de mega emprendimientos turísticos y urbanos, con el uso del agua y con determinadas instalaciones industriales o de servicios, como los conflictos que se han dado por la instalación de rellenos sanitarios en la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA)”.

“En nuestro país y en América Latina los conflictos ambientales son diversos porque la forma de relacionarnos con la naturaleza como sociedad genera cada vez mayores impactos negativos sobre el ambiente”, remarca el ecólogo Carlos Ruggerio, también del área de Ecología del ICO. “En los últimos años vemos que ciertos sectores de la sociedad reclaman cada vez con mayor fuerza su derecho de vivir en un ambiente sano y tienen cada vez más instrumentos, porque hay nuevas leyes que protegen el ambiente y una conciencia creciente a nivel mundial respecto a la defensa del ambiente y a la importancia de vivir en un ambiente sano”, dice. Al cierre de esta edición de Noticias UNGS, Suárez y Ruggerio participaban, como organizadores y expositores, del tercer Congreso Latinoamericano sobre Conflictos Urbanos (CoLCA), espacio de debate y reflexión que nació en la UNGS en 2014, cuando se realizó su primera edición.

“Hay una cantidad importante de situaciones conflictivas, que algunos autores llaman ‘conflictos de proximidad’, que son poco conocidos porque solo tienen algún tipo de expresión en medios locales o por las redes sociales”, cuenta el abogado Daniel Cassano, del área de Ecología del ICO. Entre ellos, el investigador menciona la subestación transformadora Rigolleau, en Berazategui, y la estación transformadora Ezpeleta, la construcción de la autopista Perón sobre en Parque Pereyra Iraola, en La Plata, y el conflicto con la empresa Klaukol, en Virrey del Pino, denunciada por afectar la salud de los vecinos con las partículas y el polvo que genera.

“En los casos de las subestaciones de Ezpeleta y Rigolleau, los vecinos mantienen una actitud de alerta por con elimpacto en la salud, con el relevamiento de casos de cáncer que se vangenerando entre los pobladores”, explica Cassano.

El problema de la basura
En las últimas dos décadas, la gestión de los residuos ganó presencia en la agenda pública de la RMBA.Según datos del CEAMSE, solo en esta región se producen 17.000 toneladas diarias de residuos, es decir que, en promedio, una persona genera un kilo de basura al día. Todos esos residuos, pertenecientes a 42 municipios y a la Ciudad de Buenos Aires, son enviados para su tratamiento y disposición final a tres rellenos sanitarios: los complejos ambientales Norte III (San Miguel), González Catán y Ensenada.

Los impactos de los rellenos ambientales en la contaminación del suelo, del aire y del agua, y en la salud de los habitantes, han sido probados por diferentes estudios y denunciados por organizaciones de vecinos y por funcionarios municipales.

“En la primera década de los años 2000, cuando los rellenos sanitarios se colmaron y comenzaron a atentar contra la salud de la población, podría haberse impulsado un cambio en el tratamiento de los residuos. Sin embargo, los principales actores de la gestión de residuos en el RMBA apostaron por la continuidad del sistema por los beneficios económicos que les había reportado”, cuenta Suárez en su libro en La Reina del Plata. Buenos Aires: Sociedad y residuos, publicado por el sello editorial de la UNGS.

Apartir de la emergencia de la actividad cartonera y de la ausencia de lugares para disponer residuos, se elaboraron en los últimos diez años una serie de normativas y programas tendientesa incorporar la recuperación y el reciclado. “Se emprendió el camino de la tinta y las utopías”, enfatiza Suárez. Hace unos meses, en mayo, este camino incluyó un nuevo capítulo, a partir de la modificación de ley de Basura Cero, de la Cuidad de Buenos Aires, que permite la incineración o termovalorización de residuos. La utilización de esta tecnología, que pretende reducir la cantidad de basura que se entierra, genera compuestos tóxicos para la salud y además no es compatible con los circuitos de recuperación y reciclado.

Los basurales a cielo abierto o clandestinos son otro foco del conflicto. “La basura en el territorio aparece en los lugares olvidados: periurbano, cursos de agua, baldíos, villas miseria. Está allí donde la renta urbana no reporta utilidades, donde la sociedad también es ‘residuo’ y donde un arroyo o un río es un sumidero. Es una muestra de la ausencia del Estado y la falta de control social”, dice Suárez. Distintos relevamientos estiman que existen alrededor de 600 hectáreas de basurales en el RMBA, que para el antropólogo son consecuencia de motivos sociales, culturales, políticos, económicos e institucionales: “Sin tener en cuenta la complejidad del problema, las máquinas retroexcavadoras tan solo sirven para limpiar el mismo sitio que pronto se volverá a cargar de residuos”.

Megaminería a cielo abierto
“El Famatina no se toca”, “El agua vale más que el oro”, son algunas de las frases acuñadas en distintas asambleas de vecinos autoconvocados en diferentes puntos del país para frenar los avances de la megaminería a cielo abierto, un modelo de extracción de oro, plata y cobre, entre otros minerales, que implica voladuras de montañas enteras, utilización de grandes cantidades de agua y energía y de productos tóxicos como el cianuro, riesgos de contaminación ambiental y para la salud de la población y transformaciones en el territorio y en las actividades productivas y regionales, como indican las investigadoras docentes del área de Sociología del Instituto de Ciencias (ICI) de la UNGS Lorena Bottaro y Marian Sola Álvarez, que estudian este tipo de conflictos socioambientales.

“El modelo de la megaminería se desarrolla a partir de la inversión extranjera y trae muchas consecuencias en los territorios donde se emplazan estos emprendimientos. Es una actividad totalmente extractiva, se extraen los recursos naturales y se exportan. En la provincia de San Juan, por ejemplo, que es uno de los principales lugares donde se extrae oro a través del proyecto Veladero, casi el 90 por ciento es exportado”, enfatiza Bottaro, licenciada en Política Social.

Además de los casi 15 emprendimientos en marcha, actualmente en la Argentina existirían 435 proyectos mineros, el 82% de ellos en una etapa inicial, y 20 megaproyectos en etapas de exploración avanzada, que se extienden en 17 provincias, entre ellas Mendoza, San Juan, Santa Cruz y Neuquén. Los datos surgen de un relevamiento realizado por Bottaro y Sola Álvarez, quienes afirman que es muy difícil obtener información precisa al respecto. “¿Qué representan estos datos para el territorio argentino? Fueron entregados los derechos mineros de distintos territorios que representan aproximadamente el 7% de la superficie continental de la Argentina, o sea 183 km. cuadrados”, subraya la socióloga Sola Álvarez.

El nacimiento de los movimientos de lucha contra la megaminería es uno de los temas de estudio de las investigadoras. “La movilización más grande fue entre fines de los años 90 y comienzos de 2001 y 2002, en la localidad de Esquel, Chubut. Allí la población se informó sobre las características y las consecuencias de estos emprendimientos y se conformó la primera asamblea contra la megaminería en la Argentina”, cuenta Bottaro.

Através de la movilización y acciones legales, las asambleas continúan poniendo en la agenda pública las implicancias de la megaminería, y no sólo en relación con la cuestión socioambiental. Sola Álvarez argumenta: “En los territorios donde las mineras se instalan o pretenden hacerlo, también se ven afectadas las instituciones y la dinámica de la propia democracia, por ejemplo, no se permite la realización de consultas públicas o plebiscitos. Es decir, avanza sin recurrir a los mecanismos con los que cuentan las democracias contemporáneas para dirimir proyectos que impactan fuertemente en las condiciones de vida de la población. No obstante, son siete las provincias que cuentan con leyes que limitan o inhiben el desarrollo de la megaminería en sus jurisdicciones”.

Pueblos fumigados
“Salvo en la producción agroecológica, efectivamente toda la producción de alimentos en nuestro país está asociada al paquete biotecnológico: la cuenca arrocera, el algodón en chaco, el tabaco, la vid, las frutas que consumimos”, afirma Luciana Manildo, socióloga e investigadora docente del ICI, que estudia los impactos económicos, sociales, políticos y culturales del modelo de agronegocios en la Argentina.

El paquete biotecnológico utilizado en la Argentina, y en general sólo asociado al cultivo de soja, implica un uso intensivo del suelo, maquinarias agrarias, semillas genéticamente modificadas y un combo de agroquímicos con efectos nocivos en la salud y el ambiente.

Manildo subraya que la percepción de riesgo es una clave de análisis fundamental en la dinámica de este conflicto: “En la medida en la que solo puedan percibirse como afectados quienes residen en los pueblos rurales, sigue estando muy presente esta sensación de que esto le pasa a otros, en otro lugar. Tenemos que entender que si con este modelo se están produciendo alimentos, algodón para usos sanitarios y textiles, todos somos damnificados. Quizá no estamos expuestos de manera aguda, pero sí de manera crónica a bajas dosis”.

En algunas localidades de la Argentina, y gracias a la movilización social, se aprobaron normativas que limitan o prohíben las fumigaciones con glifosato. “Hay que mirar con cierta prudencia estos avances”, advierte Manildo y explica que siguen quedando zonas grises, por ejemplo, no hay medidas para restringir la circulación de los camiones que transportan los bidones de sustancias tóxicas, o del mosquito después de fumigar. “Aun cuando la ordenanza en un municipio sea sumamente restrictiva, si en el municipio de al lado o en el de más allá sigue siendo permisiva, no hay manera de detener el viento. En realidad lo que falta es una legislación más restrictiva y la rediscusión del modelo”, enfatiza.

* La nota fue publicada en la edición de noviembre de la revista Noticias UNGS

Aniversarios. Los primeros 15 años del Centro Cultural

Un centro cultural es un espacio donde se tejen expresiones artísticas, encuentros con el público, ámbitos formativos. La UNGS imaginó, desde sus inicios, que era necesario contar con un centro de las artes. Así lo dice en su Propuesta de estructura científico-académica, de 1994. Al lado de los Institutos, pergeña un Centro de Servicios y un Centro de las Artes. Este último funcionó en distintos espacios pero tendría su lugar definitivo en el edificio de Roca y Muñoz, en San Miguel. En ese lugar había funcionado la Universidad mientras se construía el Campus de Los Polvorines, y en 2003 sería destinado enteramente a actividades culturales. En ese año se creó el Centro Cultural, que incluía el Museo “Imaginario” y el original Centro de las Artes.

Este año, entonces, se festejan los primeros quince años del Centro Cultural de la UNGS, pero esos años incluyen y suman otras historias sedimentadas, otras memorias, otras experiencias. La propia historia de la Universidad, que funcionó en el edificio actual del Centro, pero también la del barrio y las y los vecinos que asisten allí, toman cursos, se forman en diplomaturas, van a mateadas científicas, realizan actividades y asisten a espectáculos. La historia, también, de las escuelas que incesantemente visitan el Museo Imaginario, y las de profesores y trabajadores que organizan y ejecutan esas actividades. Y la de sus fantasmas, los habitantes anteriores del edificio, los niños y niñas que lo habitaron cuando fue hogar de día, y las palabras de los transeúntes y las de sus críticos. De algún modo, conmemorar los 15 años del CCUNGS es festejar la continuidad de su existencia institucional y, a la vez, hacer presente esa respiración más vasta. Recordarnos que llamamos centro a un nudo de un amplio entramado, a un sitio en el que se cruzan experiencias y vocaciones. Que decimos Centro no para nombrar un lugar central frente a presuntas periferias, sino para pensar en los cruces de caminos, en los encuentros inesperados, en los descubrimientos y en las resonancias, en lo que surge de escuchar lo que acontece fuera de esas paredes y también en sus grietas e intersticios.

El Centro Cultural es un dispositivo fundamental de la UNGS para pensar su labor comunitaria, los modos de entramarse con el territorio que habita, una construcción dialógica y plural. Con el paso de los años fue agregando partes, incluso dentro del Campus de Los Polvorines, como el Museo de la Lengua y el Multiespacio Cultural. El Centro Cultural se multiplicó y al mismo tiempo siguió asociado a su localización original. Oscilamos, cuando lo nombramos, entre referirnos a una estructura administrativa y un conjunto de funciones y aludir a un edificio en particular. La definición de esta nueva etapa institucional, con la creación de la Secretaría de Cultura y Medios, repone en otro plano ese nombre. Lo localiza y a la vez lo saca de lugar. Y quizás eso sea un elemento justo para pensar la cultura: situada y a la vez excedente, precisa y a la vez desbordada, profusa, múltiple.

El Centro Cultural cumple 15 años mientras la Universidad a la que pertenece cumple 25. El campus de la Universidad y el edificio Centro Cultural están en distintos partidos: uno en Malvinas Argentinas, el otro en San Miguel. El propio nombre de la Universidad nos recuerda que fue proyectada cuando estos partidos y José C. Paz confluían en uno solo, el partido de General Sarmiento. Doble extrañeza causa el nombre hoy. Porque no solemos pensar a Sarmiento como militar, porque olvidamos la condición anterior de la estructura institucional. Estamos en una Universidad que también en su nombre implica pensar el tiempo, las mutaciones, los procesos históricos, y que no deja de asumir y tensar ese fuera de lugar. El doble aniversario, entonces, es ocasión de celebración y pensamiento en común, de recordar lo transitado y de reconocer entusiasmos y desafíos. Un momento de congratularnos por ser parte de una universidad que muy tempranamente afirmó su vínculo con las artes y que piensa la promoción cultural como una de sus misiones.

* La nota fue publicada en la edición de noviembre de la revista Noticias UNGS.

Potenciar las prácticas de articulación

Fortalecer y jerarquizar la función de la vinculación tecnológica y social, en el sentido de generar acciones que impliquen una modificación real y un mejoramiento de las condiciones de vida en el territorio, es para la Universidad Nacional de General Sarmiento un desafío fundamental, que se despliega con especial fuerza los últimos años. Distintas propuestas, como los cambios introducidos en el Estatuto recientemente aprobado y puesto a funcionar y la nueva denominación del Centro de Servicios y Acciones con la Comunidad como Secretaría de Desarrollo Tecnológico y Social, permiten pensar al desarrollo desde una concepción integral y le dan un nuevo impulso a este desafío que tiene la UNGS desde sus inicios.

Con estos objetivos, desde la flamante Secretaría, con el acompañamiento del Plan de Mejoramiento de la Función I+D+i, se vienen articulando proyectos para el relevamiento de las demandas del sector socio-productivo de la zona de influencia de la UNGS y al mismo tiempo relevamientos internos en torno a las temáticas de investigación en la Universidad y a su potencial de vinculación. Como asegura la directora de Vínculos con la Comunidad Valeria Costanzo, “el objetivo es hacer dialogar ambas dimensiones para brindar soluciones tecnológicas a las empresas y organizaciones socioproductivas de la zona”.

Una acción concreta en materia de relevamiento de campo es el censo industrial de Malvinas Argentinas que llevan adelante equipos de investigación del área de Economía Política del Instituto de Industria (IdeI) de la Universidad, en cooperación con el Municipio. “El relevamiento permitirá contar con información actualizada respecto de la realidad productiva del partido, que servirá de insumo clave para el diseño de política industrial en el nivel local”, explica la investigadora docente Diana Suárez.

“Además –continúa Suárez–, el trabajo nutrirá las investigaciones sobre empleo, producción, trabajo y desarrollo tecnológico que se llevan adelante desde las diversas áreas de investigación del IdeI, que además de esas temáticas se enfocan en el estudio de cuestiones como calidad, innovación y formación de capacidades, tanto desde el campo de la economía como desde las ingenierías y la informática”.

En este proyecto, se trabaja en colaboración con el Municipio, a través de encuentros formales e informales. Para estrechar lazos, funcionarios e investigadorxs docentes de la UNGS participaron del evento organizado por Malvinas Argentinas en el marco del Día de la Industria Nacional realizado en septiembre en Tortuguitas. En el encuentro, se acordó la realización de reuniones de trabajo entre integrantes del IdeI, la Secretaría y actores del sector público, el entorno productivo y las asociaciones empresarias.

Más allá de este proyecto, distintos equipos de investigación de la Universidad trabajan para brindar soluciones tecnológicas a través de servicios a terceros, al sector público y a organizaciones de la comunidad. El aporte en concreto varía según el área de investigación y los intereses del equipo. Así, por ejemplo, pueden darse soluciones para tratar residuos urbanos, enfrentar la contaminación fluvial, optimizar la logística de empresas de rubros muy diversos, formar funcionarios de los distintos niveles de gobierno, brindar asistencia a distintos organismos públicos, etcétera. En cuanto a los municipios, se trabaja principalmente con los partidos de Malvinas Argentinas, San Miguel y José C Paz, extendiéndose a Moreno, Zárate, Pilar, Tigre y Hurlingham, así como a otras zonas del conurbano bonaerense.

El Centro de Servicios fue así pasando de funciones más administrativas a acciones concientes de promoción, articulación y seguimiento de las acciones con la comunidad, la vinculación y transferencia. Constanzo explica que, en esta línea, el área viene ampliando su incidencia como un actor activo. Los cambios permiten vislumbrar “un avance en la conceptualización que toda la universidad viene haciendo desde su fundación, respecto de las prácticas de articulación con la comunidad”, sostiene la directora y agrega que la “nueva denominación da un paso más al incorporar un sentido a las acciones de vinculación: no se trata de cualquier acción, sino de aquellas que promuevan el desarrollo, tecnológico y social”.

* La nota fue publicada en la edición de noviembre de 2018 de la revista Noticias UNGS.

Saberes que hacen justicia. Entrevista a Silvio Feldman luego de su declaración en la causa Ford

El 28 de diciembre de 2017, después de varias suspensiones y demoras, se iniciaba en el Tribunal Oral Federal N°1 de San Martín el juicio a directivos de la empresa Ford Argentina por los crímenes de lesa humanidad cometidos, a pocos días del último golpe cívico militar, contra 24 trabajadores y delegados gremiales de esa fábrica, a los que el Ejército secuestró en sus puestos de trabajo, detuvo y desapareció. Hace pocas semanas, el sociólogo Silvio Feldman, reconocido especialista en estudios del trabajo y rector de la UNGS entre 2002 y 2010, fue citado a declarar en esa causa para ampliar y ratificar los aportes que había realizado más de diez años atrás. Feldman conversó con Noticias UNGS sobre esa experiencia, sobre el papel de la investigación académica en procesos judiciales y sobre el histórico compromiso de la UNGS con la reivindicación y la defensa de los derechos humanos.

–¿En qué consistió el análisis que realizó en el juicio a los directivos de Ford Argentina?

–En el año 2006 me llamó el abogado querellante Tomás Ojea Quintana para consultarme si estaba dispuesto a ser convocado como perito en el juicio por el secuestro y las torturas, en 1976, de los trabajadores de la empresa Ford, que luego fueron puestos a disposición del Poder Ejecutivo. Se estaban proponiendo tres peritajes: uno sobre los procesos económicos, para el que estaba propuesto Eduardo Basualdo, otro sobre la dinámica vinculada a los derechos humanos, para el que citaban a Horacio Verbitsky, y un tercero sobre el aspecto contextual, que comprendía temas vinculados con el sistema de relaciones de trabajo, los sindicatos, los conflictos laborales, las negociaciones colectivas, y para el que, por mi trayectoria académica y mi conocimiento del campo, pensaron que era pertinente y valioso que yo compareciera. El tribunal me convoca y me envía un cuestionario, que yo respondo.

–Usted era rector de la UNGS: ¿Qué evaluación hizo para aceptar este compromiso?

–Sí, en principio dudé si aceptar o no… Era rector desde 2002. Estaba concentrado en las actividades del rectorado y por lo tanto no aceptaba otros compromisos que requiriesen tiempo de investigación. Pero en este caso consideré que siendo este juicio parte del proceso de recuperación de la memoria, la verdad y la justicia, y tratándose de una situación de persecución y detención en el ámbito laboral, era muy importante, significativo y socialmente relevante para aceptar. Hacer el informe me llevó varios meses. Eso fue en 2006. Desde entonces solo tuve información a través los diarios sobre la marcha de ese proceso y sobre las políticas públicas que promovieron otros procesos judiciales por delitos de lesa humanidad. En particular se percibía el creciente énfasis en el carácter cívico militar del golpe del 76, cuyos protagonistas no habían sido solo militares sino también civiles, y en ese marco una de las causas mencionadas era la del secuestro y desaparición de los trabajadores de Ford.

–¿En qué consistió su análisis?

–Tenía que ver con cuestiones relacionadas a la dinámica de la conflictividad laboral, las relaciones de trabajo, la organización sindical, los conflictos intersindicales. Hice una sistematización especial dado que se trataba de preguntas específicas en relación con los aspectos que el fiscal de la casusa había juzgado que era importante presentar como información de contexto. Lo que venía investigando hacía muchos años eran temas vinculados al mundo del trabajo en sus distintos aspectos: la organización del trabajo, las relaciones colectivas, la organización sindical, las negociaciones colectivas. Había escrito artículos sobre la sindicalización, la negociación colectiva en el sector de las automotrices y la evolución del conflicto en estas negociaciones. Conjeturo que mi trayectoria, mis investigaciones y mis conocimientos del tema les hicieron creer que era la persona indicada para hacer ese informe. La base eran documentos públicos y análisis sistemáticos sobre el período. De carácter general, sobre los procesos históricos, y de carácter particular, sobre la acción sindical, las políticas públicas, las persecuciones, los conflictos.

–¿Tuvo oportunidad de conversar con alguno de los trabajadores detenidos?

–Una de las cosas que hice para elaborar el informe fue entrevistarme con uno de los trabajadores secuestrados, porque necesitaba un contacto directo para poder acercarme a la situación. Nos reunimos en un bar, en Capital. Pude sentir el impacto del terror que lograron sobre los detenidos: hasta tal punto quedaron afectado por sus vivencias que le costaba mucho brindarme información. La esposa colaboró en el intercambio y el diálogo. En ese encuentro tuve toda la percepción de lo que puede hacer el terror en una persona. Incluso 30 años después, se evidenciaba el efecto de ese miedo que buscaban provocarles, tanto a los secuestrados como al resto de los trabajadores, paseándolos por la planta, apuntándolos…. Por eso es importante y desafiante investigar esos temas, y no es fácil, porque el testimonio es complicado, porque es doloroso y muy difícil para quienes fueron víctima.

–¿Qué es lo que más le impacto de su participación en el juicio?

–Enfrentar situaciones donde se habla de secuestros, desaparición de personas, torturas, siempre es algo que a uno lo afecta. Cuando lo tenés que volver a abordar te moviliza mucho. Durante el juicio me conmocionó recibir el reconocimiento de los trabajadores secuestrados y familiares presentes por mi testimonio. Una de las cosas que me motivó fue poder contribuir a que un juicio como este pudiera avanzar. El acompañamiento de los trabajadores actuales de la Ford en este proceso de enjuiciamiento no es lo masivo que uno desearía, por la distancia histórica de las nuevas generaciones, pero también porque hoy vivimos nuevamente una época de ausencia de libertades, que en un ámbito como la Ford puede traducirse en despidos o suspensiones.

“En ese encuentro tuve toda la percepción de lo que puede hacer el terror en una persona. Incluso 30 años después, se evidenciaba el efecto de ese miedo que buscaban provocarles, tanto a los secuestrados como al resto de los trabajadores, paseándolos por la planta, apuntándolos.”

–¿Qué aporte puede hacer la investigación académica en procesos judiciales como este?

–Los juicios de este tipo son tan importantes como complejos. Afortunadamente, en la última década se generó mucha investigación sobre el terrorismo de Estado en Argentina: sucesos, actores, contextos, complicidades. Pero durante mucho tiempo los estudios en base a material empírico sobre delitos de lesa humanidad, por sus propias características y complejidad, no abundaban, porque si bien gran parte del accionar de ese período fue público, existía muy poca documentación. Poder conocer, a través del modo en que se realizan estudios en el campo de la sociología (entrevistas a trabajadores y a empresarios, visitas a empresas e instituciones, consulta de la bibliografía y las fuentes sobre ese tema) presentaba fuertes dificultades. Parte del problema era el carácter secreto, clandestino, de ocultamiento, que a su vez buscaba aterrorizar con la política de desapariciones y torturas. Esto hizo que la investigación fuese muy complicada. Se sumaba además la destrucción de los archivos de la dictadura, que fue una política explícita antes de que asumiera el gobierno constitucional. Una dificultad que se sumaba era que los que fueron protagonistas de la dictadura se ocultaban, y las víctimas estaban muy afectadas por lo traumático de reconstruir situaciones vividas, identificar a captores, torturadores. Por todo esto investigar sobre el tema era complicado. Además, durante muchos años, distintos sectores impulsaban el no análisis, el no juzgamiento, el no avance en las indagaciones, a pesar de ser un tema socialmente relevante. Pero siempre hubo quienes entendíamos que estos procesos de búsqueda de verdad y justicia debían hacerse. Fue un tema en la agenda pública como parte de las luchas de las sociales vividas en el regreso de la democracia.

–Desde entonces se avanzó mucho en la investigación sobre estos asuntos…

–Sin duda, y esto tanto por la propia dinámica de los procesos sociales y académicos como por los cambios que hubo en políticas de Estado que promovieron el acceso a los archivos y al conocimiento, incluso en instituciones oficiales. La propia dinámica de los juicios, la formación de áreas que trabajaron sobre los archivos y la información en temas de DD.HH. de ministerios, del Banco Central, el archivo de la Memoria en la provincia de Buenos Aires… También en la academia se generaron estudios, tesis de grado y de posgrado… En nuestra Universidad, en el posgrado que dirijo, Marina Lascano Warnes escribió una tesis sobre el caso Ford (“Cambios y continuidades en la historia de los trabajadores industriales argentinos: 1973-1983: una aproximación a través del caso de Ford Motor Argentina S. A.”) dirigida por la reconocida historiadora Victoria Basualdo. La producción académica sobre las relaciones de trabajo, los conflictos, la acción sindical, se incrementó notablemente, y esto está muy ligado al proceso político y social vivido entre 2003 y 2015, a la acción de los organismos de derechos humanos, a los juicios por delitos de lesa humanidad. Quienes habían sido afectados o habían sufrido de diversos modos el terrorismo de estado pudieron volcarlo de distintos modos, lo que generó una documentación de la que antes no se disponía. Por supuesto que hubo estudiosos que fueron pioneros en investigar estos temas, pero desde 2005/2006 se generó una producción muy voluminosa, acompañada por una clara política de estado, que permitió que los testigos se sintieran más tranquilos y en una situación menos amenazante para hablar. En fin: el sector académico puede contribuir en muy diversos campos. Es importante que las instituciones y organizaciones lo estimulen y promuevan la construcción de una agenda académica vinculada con los desafíos de la agenda pública de la sociedad.

–La UNGS ha sido una universidad comprometida con estos temas desde su fundación…

–La UNGS incorporó la promoción y la defensa de los derechos humanos como un tema central ya desde su Estatuto. En su momento se decidió crear una comisión de DD.HH. muy importante, integrada por personas prestigiosas que formaban y forman parte de distintos organismos y provienen de distintos campos, como Eugenio Zaffaroni, Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel. Recuerdo que cuando fui miembro del Consejo Superior, y después rector, generamos una comisión coordinadora encargada de articular las contribuciones que hacía esa comisión con la vida interna de los distintos institutos y sectores de la Universidad. Y también recuerdo que en 2006, al conmemorarse el 30º aniversario del golpe de estado, el Consejo Superior resolvió designar el aula por entonces mayor de la Universidad con el nombre de Susana Pertierra, una educadora de la región muy comprometida con la lucha sindical, que había sido secuestrada y desaparecida. El homenaje no fue solo a la docente sino a todos los que fueron afectados por el terrorismo de Estado vivido durante la dictadura. También se potenció la difusión de actividades e iniciativas de la UNGS vinculadas con los DD.HH. y se incorporó lo que se generaba en ese sentido al patrimonio de la Biblioteca de la Universidad.

–Por otro lado, la Universidad está ubicada en una región particularmente sensible…

–Sí, claro, y había situaciones que nos interpelaban muy directamente. Bueno: de hecho, el secuestro de la comisión interna de la Ford se tramita en los tribunales de San Martín, porque esos trabajadores estuvieron secuestrados en Campo de Mayo, en las comisarías de Tigre, que tienen que ver con espacios dentro del ex partido de General Sarmiento, hoy de Malvinas Argentinas, donde la UNGS tiene sede. Nosotros hemos estado siempre muy abiertos y atentos a la posibilidad de ser requeridos y de colaborar en relación con iniciativas, debates que se plantearan…. que en ese caso eran controversiales. No sólo eran temas delicados… en este momento existe en la sociedad argentina una posición ampliamente compartida de repudio y necesidad de juzgamiento del terrorismo de Estado y de los delitos de lesa humanidad, pero los procesos sociales en los que ese consenso se fue construyendo fueron muy largos y complejos. Había sectores que se oponían a avanzar en esa dirección… Es importante entender que sobre estos temas hay perspectivas, miradas, posiciones, que son diferentes, incluso confrontadas. Eso es parte de la vida social. Ahora: frente a estas situaciones, la Universidad siempre se ha posicionado con expresiones de compromiso muy fuertes, siempre estuvo dispuesta a constituir equipos en condiciones de contribuir con los debates públicos en los campos de conocimiento que poseemos. Esto ha sido para nosotros, siempre, un desafío, por la importancia que tiene para la sociedad argentina.

* La nota fue publicada en la edición de noviembre de 2018 de la revista Noticias UNGS.

El testimonio

 

Es impresionante cómo chocan los discursos y los regímenes de verdad”, ensaya una historiadora entre el público. Acaba de escuchar el testimonio del sociólogo Silvio Feldman, que se fue ovacionado después de librar una densa batalla contra los abogados defensores. “¿Usted infiere o conoce?”, “¿a qué le llama documentos?”, pregunta el abogado defensor Pablo Antonio Moret, que busca talar con una sierra de plástico un quebracho de cien años. La trayectoria de Feldman es extensísima. Fue rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), consultor de organismos nacionales e internacionales, presidente de asociaciones regionales y nacionales de sociología del trabajo y funcionario de Trabajo durante el alfonsinismo. Desde 2011 dirige el doctorado y maestría en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y la UNGS.

Aclara y explicita sus fuentes, los límites de su investigación. Gajes del oficio. Hace doce años redactó un informe a pedido del tribunal. Ahora explica. Va y viene en el tiempo. Se remonta a la dictadura de 1966 y llega a los efectos en la organización y composición de la fuerza de trabajo en la actualidad.

El experto habla del modelo sindical argentino. Todo comenzó hace 70 años, podría decir, parafraseando a Marcos Peña Braun. Habla luego de la relación estratégica entre las Fuerzas Armadas y un sector del empresariado:

–El gobierno militar realizó una ofensiva drástica para debilitar estructuralmente la capacidad de presión de los trabajadores y los sindicatos.

Habla de los intereses compartidos y de las diferencias entre los actores de la alianza. En 1977, los empresarios “quisieron eliminar lisa y llanamente” la Ley de Contrato de Trabajo y toda estructura sindical, pero no pudieron. Feldman se refiere a “la cruenta represión a los cuadros sindicales”, al control policial en las fábricas, al disciplinamiento laboral y a la disminución drástica del ausentismo.

Asegura que determinadas empresas colaboraron en la política represiva, específicamente Ford. Cuando explica que la diferencia con Mercedes Benz es que en Ford la comisión interna no estaba enfrentada a la conducción nacional del SMATA, la defensa hace sonar el zafarrancho de combate. Sienten el impacto en una línea argumental central. Atacan. Preguntan fechas y números, minucias.

–¿A usted le consta esa colaboración que supuestamente prestó Ford?–, pregunta Ayuso.

Enfatiza en supuestamente.

–Esos supuestos aportes de Ford, ¿a usted le parece que fueron voluntarios, que podrían haberse negado?

Feldman da un paso hacia atrás para expandir el círculo argumental, muestra grises y refuerza su línea: “Es que también había intereses ideológicos y valores además de los beneficios económicos. No todas las empresas han lesionado la vida de las personas”. (N.R.: presidente del directorio de Ford Argentina, Nicolás) Courard tenía una convicción. “Tengo la fuente”, fulminó.

La fuente es el audio de una entrevista en inglés realizada a Courard en 1979, donde este empresario habla de los atentados de los “terroristas”, de las dificultades para “controlar la producción” y donde dice: “Algo tuvo que hacerse (…). No fue la mejor manera de hacer las cosas (…) pero era la única manera de ordenar la situación, de asegurar la tranquilidad (…) estuvo completamente justificado (…) las Fuerzas Armadas hicieron un excelente trabajo para devolver la tranquilidad a la Argentina”… explicaba Courard en tiempos de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Fragmento de la nota “Los convencidos. Los directivos de Ford y su cruzada: orden y producción”, de Alejandro Jasinski, publicada en www.elcohetealaluna.com/los-convencidos/.

 

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